El impacto de educar sin pertinencia

¿Está nuestro sistema educativo formando realmente para el país que queremos construir?

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La falta de educación socioemocional
La falta de educación socioemocional en las aulas peruanas agrava la ansiedad y depresión desde edades tempranas. - Crédito: Infobae / Gemini / Imagen ilustrativa

Cada 24 de enero, el mundo conmemora el Día Internacional de la Educación. Más allá de la celebración, esta fecha nos invita a reflexionar sobre un aspecto que hoy resulta decisivo para el futuro del país: la pertinencia de lo que enseñamos. Porque educar no es solo transmitir conocimientos, sino preparar a las personas para contribuir al Perú de mañana. Y ahí surge una pregunta ineludible: ¿está nuestro sistema educativo formando realmente para el país que queremos construir?

En el Perú, miles de jóvenes culminan estudios superiores con la expectativa de integrarse al mercado laboral y aportar al desarrollo del país. Sin embargo, esa promesa no siempre se cumple: según el Ministerio de Trabajo, cerca del 70% trabaja en actividades no relacionadas con su formación, la tasa de desempleo juvenil bordea el 11% —casi el doble del promedio nacional— y una alta proporción de quienes sí trabajan lo hace en la informalidad.

Estas cifras evidencian una desconexión estructural entre el sistema educativo y el mundo productivo. Mientras miles de jóvenes egresan de carreras saturadas, sectores estratégicos como la industria, la energía, la minería, la logística o las tecnologías aplicadas no logran cubrir su demanda de talento técnico especializado. Hay jóvenes buscando oportunidades y empresas buscando capacidades, pero ambos mundos no se están encontrando.

El problema, entonces, no es que los peruanos no estudien. El problema es que seguimos formando para un mercado laboral que ya cambió. Y las consecuencias son profundas: subempleo juvenil, frustración profesional, baja productividad y pérdida de competitividad como país. Cada joven que no logra insertarse adecuadamente no es solo una historia personal difícil; es talento desaprovechado que podría estar impulsando el desarrollo económico y social del Perú.

En este escenario, es momento de revalorar con decisión la educación técnica y tecnológica como la vía más directa para una empleabilidad rápida y pertinente. La formación técnica de calidad no debe verse como una alternativa secundaria, sino como una vía directa para conectar a los jóvenes con sectores que hoy sí demandan capacidades concretas, actualizadas y especializadas.

La educación técnica ofrece ventajas claras: permite una inserción laboral más rápida, responde de manera más directa a las necesidades de los empleadores, se adapta con mayor agilidad a los cambios tecnológicos y vincula tempranamente a los estudiantes con entornos reales de trabajo. En un contexto de transformación productiva, esta modalidad formativa se convierte en una de las palancas más potentes para convertir educación en empleo y empleo en bienestar.

Valorar más la educación técnica es importante, pero no suficiente. También necesitamos que el sistema educativo forme a los estudiantes según lo que realmente necesita el país. Para eso, hay que escuchar a las empresas, anticiparse a cómo cambiará el trabajo, actualizar los currículos con rapidez y articular esfuerzos entre el Estado, las organizaciones y las instituciones educativas. No se trata solo de formar para el primer empleo, sino para trayectorias profesionales flexibles que evolucionen con las industrias.

Por eso, el Día Internacional de la Educación debe ser más que una fecha conmemorativa: un punto de inflexión para replantear el modelo educativo con visión de futuro, colocar la pertinencia en el centro y reconocer en la educación técnica un aliado estratégico. Educar con pertinencia no es solo formar profesionales, es preparar a quienes construirán el Perú de mañana.

Antonio Lazo de la Vega
Antonio Lazo de la Vega