Por qué un hígado saludable mejora la digestión

El hígado es responsable de producir la bilis, un líquido esencial para la digestión y absorción de las grasas presentes en los alimentos

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Si el hígado no funciona
Si el hígado no funciona de manera óptima, la producción de bilis puede verse alterada, lo que dificulta la digestión de las grasas (Freepik)

El hígado cumple un papel central en la salud integral, ya que interviene en procesos metabólicos fundamentales y en la eliminación de toxinas del organismo. En Perú, el cuidado del hígado cobra especial relevancia debido a la prevalencia de enfermedades hepáticas, que representan una carga significativa para el sistema de salud. Datos del Ministerio de Salud (Minsa) señalan que las enfermedades crónicas del hígado, como la hepatitis y la cirrosis, figuran entre las principales causas de consulta y hospitalización, con más de 40 mil atenciones registradas en 2024.

Según el Seguro Social de Salud (EsSalud), los diagnósticos de hígado graso no alcohólico han mostrado un aumento sostenido en los últimos años, asociado a factores como la obesidad, el consumo excesivo de alcohol y una dieta poco equilibrada. La salud hepática no solo previene complicaciones severas, sino que también influye directamente en la calidad de vida diaria. Sin embargo, pocas veces se aborda en profundidad el impacto que un hígado sano tiene sobre la digestión. Comprender esta relación permite adoptar medidas preventivas y mejorar el bienestar general.

Por qué un hígado saludable mejora la digestión

El hígado es responsable de producir la bilis, un líquido esencial para la digestión y absorción de las grasas presentes en los alimentos. La bilis, almacenada en la vesícula biliar, se libera en el intestino delgado durante la digestión, donde emulsiona las grasas y facilita su descomposición por las enzimas pancreáticas. Si el hígado no funciona de manera óptima, la producción de bilis puede verse alterada, lo que dificulta la digestión de las grasas y puede provocar molestias digestivas como distensión abdominal, gases y heces grasosas.

Una digestión eficiente permite al
Una digestión eficiente permite al organismo aprovechar mejor los nutrientes y mantener un equilibrio energético adecuado (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, el hígado participa en la conversión de nutrientes absorbidos por el intestino en sustancias esenciales para el organismo. Por ejemplo, transforma los carbohidratos en glucosa y almacena energía en forma de glucógeno, regula los niveles de colesterol y produce proteínas que intervienen en la coagulación y el transporte de sustancias. Un hígado sano garantiza que estos procesos se desarrollen correctamente, apoyando una digestión eficiente y evitando la acumulación de toxinas o productos de desecho que pueden interferir con la función intestinal.

Las personas con enfermedades hepáticas suelen experimentar síntomas digestivos, como náuseas, pérdida de apetito, digestión lenta y cambios en la consistencia de las heces. Por eso, mantener el hígado en buen estado no solo previene enfermedades graves, sino que también contribuye a una digestión óptima y un mejor aprovechamiento de los nutrientes.

Cómo mantener un hígado saludable

El cuidado del hígado requiere una combinación de hábitos saludables y controles médicos regulares. Mantener un peso corporal adecuado es uno de los factores más importantes, ya que el exceso de grasa puede acumularse en las células hepáticas y desencadenar inflamación. Una alimentación balanceada, rica en frutas, verduras, cereales integrales y proteínas magras, ayuda a reducir la carga sobre el hígado y a prevenir el desarrollo de hígado graso.

Evitar el consumo excesivo de alcohol es fundamental, ya que el alcohol se metaboliza en el hígado y su abuso puede causar daños progresivos, desde la esteatosis hasta la cirrosis. Es recomendable moderar el uso de medicamentos que afectan la función hepática y consultar a un profesional de salud antes de tomar suplementos o productos naturales.

Una alimentación balanceada, rica en
Una alimentación balanceada, rica en frutas, verduras ayuda a reducir la carga sobre el hígado y a prevenir el desarrollo de hígado graso (Imagen Ilustrativa Infobae)

La vacunación contra la hepatitis A y B, recomendada por el Minsa, forma parte de las estrategias de prevención. Además, realizar actividad física de manera regular contribuye a mejorar la sensibilidad a la insulina y a controlar los factores de riesgo metabólicos. En el Perú, EsSalud recomienda chequeos periódicos para detectar alteraciones hepáticas en etapas tempranas, especialmente en personas con antecedentes familiares o factores de riesgo como la obesidad, la diabetes y el consumo de alcohol.

Beneficios de mejorar la digestión

Una digestión eficiente permite al organismo aprovechar mejor los nutrientes y mantener un equilibrio energético adecuado. Cuando el hígado funciona bien, la producción y liberación de bilis se mantiene estable, lo que favorece la absorción de grasas saludables y vitaminas liposolubles como A, D, E y K. Esto se traduce en mayor vitalidad, mejor estado de la piel, fortalecimiento del sistema inmunológico y prevención de deficiencias nutricionales.

Además, una buena digestión reduce el riesgo de enfermedades gastrointestinales, como el síndrome de intestino irritable, la dispepsia y las intolerancias alimentarias. El hígado sano también ayuda a depurar toxinas y a mantener bajo control el metabolismo de medicamentos y sustancias químicas, protegiendo otros órganos como los riñones y el cerebro.

Enfermedades que se previenen al mantener un hígado saludable

Mantener este órgano en óptimas
Mantener este órgano en óptimas condiciones ayuda a evitar complicaciones como hepatitis, cirrosis y hígado graso (Artur Kamalov)

Un hígado saludable desempeña un papel esencial en la prevención de diversas enfermedades. Mantener este órgano en óptimas condiciones ayuda a evitar complicaciones como hepatitis, cirrosis y hígado graso. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un estilo de vida equilibrado y la reducción del consumo de alcohol disminuyen el riesgo de desarrollar enfermedades hepáticas crónicas. El cuidado del hígado también contribuye a prevenir trastornos metabólicos como la diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares.

Los peores enemigos para la salud de un hígado

Los peores enemigos para la salud del hígado están relacionados con hábitos cotidianos. El consumo excesivo de alcohol es una de las principales causas de daño hepático, ya que provoca inflamación y puede derivar en cirrosis. Una alimentación rica en grasas saturadas, azúcares y ultraprocesados favorece el hígado graso. El sobrepeso y el sedentarismo también aumentan el riesgo de enfermedad hepática. Además, la automedicación y el uso prolongado de ciertos fármacos sin control médico pueden intoxicar el hígado. Las infecciones virales como la hepatitis B y C y la exposición a toxinas completan la lista de amenazas más comunes.