Más que un santuario inca, Machu Picchu fue una auténtica ciudad cosmopolita: así lo revela un estudio de ADN sobre sus antiguos habitantes

Una investigación internacional demuestró que la ciudadela inca albergó habitantes de al menos ocho regiones distintas de Sudamérica, desafiando la visión tradicional de una comunidad homogénea

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La imagen tradicional de Machu Picchu como enclave reservado a la élite incaica ha cambiado radicalmente tras un reciente estudio genético publicado en Science Advances. Investigadores han descubierto que la emblemática ciudadela albergó una población extraordinariamente diversa, con origen en múltiples regiones de Sudamérica, lo que transforma la comprensión de su historia y su función dentro del Tahuantinsuyo.

Para lograr este descubrimiento, el equipo liderado por Lucy Salazar y conformado por especialistas de Yale, la Universidad de California en Santa Cruz y la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, analizó material genético de dientes y huesos de 34 personas inhumadas en cuevas funerarias de Machu Picchu. Los datos obtenidos se compararon con muestras de otros 34 individuos procedentes de Cusco y el Valle Sagrado. Aplicando técnicas de secuenciación similares a las usadas en pruebas modernas de ascendencia, identificaron al menos ocho regiones de procedencia distintas entre los habitantes de la ciudadela, incluidos los Andes del sur, la Amazonía y áreas cercanas a los actuales Ecuador y Colombia.

Este avance cuestiona la visión de Machu Picchu como una comunidad local y homogénea. La investigación demuestra que la ciudad estaba habitada por personas de raíces diversas, originarias de zonas geográficas muy alejadas. Solo una madre y su hija compartían parentesco directo, confirmando que los “yanacona” y “aclla” –sirvientes y trabajadoras seleccionados por el Estado– residían en la ciudadela en función de su servicio y no como parte de grupos familiares.

La huella femenina de la Amazonía en el corazón inca

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que un tercio de los individuos analizados tenía ascendencia amazónica, y la mayoría eran mujeres. Esta notable presencia femenina amazónica derriba la idea de una Amazonía marginal en la vida del imperio inca e indica una integración mucho mayor que la admitida hasta ahora.

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circa 1955: A Peruvian Indian woman from the region around Cuzco and Machu Picchu, weaves a blanket on a basic loom, watched by her young son. (Photo by Three Lions/Getty Images)

Según los autores del estudio, algunas de estas mujeres amazónicas pudieron haber sido seleccionadas como esposas para yanacona, quienes eran trabajadores trasladados al servicio del Inca, o bien asignadas como sirvientas especializadas dentro del complejo real. El papel de estas mujeres refleja estrategias de integración que combinaban lo político, lo simbólico y lo doméstico en la formación de nuevas redes sociales al interior de Machu Picchu.

El análisis genético permitió confirmar que la mayoría de las mujeres no compartía parentesco entre sí ni con otros habitantes. A diferencia de lo observado en aldeas rurales andinas, donde prima lazos familiares, en Machu Picchu el Estado organizaba la convivencia de individuos ajenos entre sí, favoreciendo la cohesión de una comunidad nueva, desvinculada de sus raíces originales.

La diversidad genética y la fuerte presencia de mujeres de la Amazonía contribuyen a replantear la comprensión histórica de la ciudadela. Machu Picchu se revela como un espacio donde las mujeres amazónicas jugaron un papel clave, no solo como objeto de intercambio político, sino también como agentes en la vida ritual y productiva del enclave real.

Machu Picchu más allá de la élite y el linaje

El contexto histórico de la construcción de Machu Picchu, durante el reinado del inca Pachacútec, refuerza la interpretación de la ciudadela como un punto estratégico más allá del simple retiro de la nobleza. Aunque la monumentalidad arquitectónica sugiere un destino real, la investigación demuestra que los emperadores y su corte solo residían allí en ciertas temporadas para ceremonias religiosas y actividades políticas.

La permanencia y el cuidado cotidianos recaían en los yanacona y aclla, quienes conformaban una población mestiza en términos genéticos. No pertenecían ni a la nobleza ni al campesinado tradicional; su función y posición dependían del vínculo directo con el poder estatal y la organización imperial.

Los registros genéticos y arqueológicos evidencian que la residencia en Machu Picchu no se estructuraba en torno a linajes o etnias. Personas de diferentes orígenes compartían espacio y rituales, lo que indica la formación de una comunidad diversa y cohesionada por su función social, más que por el parentesco o el origen geográfico.

La convivencia de individuos ajenos entre sí, con costumbres y lenguas disímiles, sugiere una vida cotidiana marcada por el intercambio cultural y la adaptación a reglas impuestas por el poder central, en un escenario arquitectónico diseñado para sostener el simbolismo imperial.

Diversidad funeraria y cohesión social en Machu Picchu

El análisis de las prácticas funerarias reveló que los entierros de Machu Picchu tampoco seguían patrones étnicos o regionales. Personas procedentes de lugares alejados compartían la misma cueva y participaron en ritos funerarios similares, sin distinción por su origen.

(nuevatribuna.es)
(nuevatribuna.es)

Solo se identificó un caso de parentesco directo: madre e hija sepultadas juntas. El resto de los individuos no tenía lazos familiares entre sí, lo que refuerza la hipótesis de que la ciudadela albergaba una comunidad nueva, creada a partir de la movilidad forzada y el reclutamiento organizado por el Estado.

Los hallazgos en las tumbas —cerámica decorada y objetos metálicos de procedencia distante— sugieren que los recién llegados a Machu Picchu mantenían elementos culturales de sus regiones natales. En sus tumbas se hallaron objetos valiosos como cerámica decorada y utensilios de metal de origen lejano, lo que sugiere que algunos habitantes mantenían elementos de sus culturas natales como símbolos identitarios y recuerdos personales, ayudando a construir nuevas formas de pertenencia en un entorno social distinto.

La vida cotidiana de yanacona y aclla en Machu Picchu

El estudio osteológico reveló una buena salud general en la mayoría de los yanacona y aclla. Prácticamente no se evidencia desgaste óseo producto de trabajos pesados, lo cual indica condiciones de vida superiores a las de la media andina de la época.

Entre los Andes y la
Entre los Andes y la Amazonía, Machu Picchu es un refugio natural y cultural. Su riqueza arqueológica se complementa con una flora y fauna únicas, haciendo de este santuario un lugar insustituible en el mundo. (Andina)

Muchos de los habitantes analizados alcanzaron la adultez e incluso la vejez. Este dato, sumado a la presencia de objetos valiosos en los entierros, marca un estatus social intermedio dentro del sistema imperial: no eran esclavos ni nobles, pero contaban con cierto nivel de bienestar y privilegios, al tiempo que permanecían bajo un estricto control estatal.

La proximidad física y funcional a la élite incaica permitió a los yanacona y aclla acceder a bienes y prácticas culturales exclusivas. Este hallazgo modifica la visión tradicional de estos servidores como meros subordinados o víctimas de traslado forzoso, subrayando su papel activo y relativamente privilegiado en la vida cotidiana de Machu Picchu.

Machu Picchu en riesgo de perder su estatus de Patrimonio Mundial

En la actualidad, Machu Picchu enfrenta una amenaza significativa: la posibilidad de perder su condición de Patrimonio Mundial, según advirtió María Cecilia Bákula, historiadora y exrepresentante de Perú ante UNESCO. La especialista explicó que durante su gestión fue necesario desplegar una “diplomacia de convencimiento” para evitar que el sitio ingresara en la categoría de Patrimonio en riesgo.

“El patrimonio puede unir al país”: Cecilia Bákula reflexiona sobre identidad, cultura y la responsabilidad del Estado. (Infobae: Jazmine Angul)

Bákula resaltó la importancia estratégica de Machu Picchu para la identidad, la memoria y la economía cultural peruana. Señaló la urgencia de fortalecer la gestión y proteger el sitio, especialmente ante los crecientes desafíos derivados del turismo y la falta de articulación entre las instituciones responsables.

La comunidad científica y cultural peruana coincide en la necesidad de priorizar la protección de Machu Picchu y otros sitios clave, a fin de salvaguardar el legado histórico frente a posibles sanciones internacionales y asegurar que esta ciudad cosmopolita siga siendo referente mundial de diversidad e integración en la América prehispánica.