Francisco Sagasti: “Estamos ante un copamiento institucional de grupos con intereses particulares en Perú”

Infobae entrevistó al expresidente tras cumplirse un mes del gobierno de José Jerí. Cuestiona también al Congreso por el paquete de leyes y modificaciones a la Constitución en estos años. Además, reflexiona sobre los posibles peligros que aparezcan en la campaña electoral del 2026

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Foto: Paula Elizalde / Infobae
Foto: Paula Elizalde / Infobae

Pese a estar alejado de la política activa, el expresidente Francisco Sagasti actúa como un observador vigilante de los problemas actuales del Perú. No duda en señalar la marcada ausencia de líderes y gestores competentes. Tampoco en criticar abiertamente el continuo debilitamiento de la institucionalidad del país a raíz de las cuestionables normas aprobadas por el Congreso de la República.

A pesar de este panorama desolador —reflejado en los siete presidentes en tan solo nueve años—, Sagasti confía en que el escenario comenzará a cambiar con el voto en las elecciones generales del 12 de abril de 2026. En esta entrevista exclusiva con Infobae, sostiene que los electores utilizarán las urnas para expresar un rotundo rechazo a las fuerzas políticas que han dinamitado gradualmente la democracia peruana en este último quinquenio.

― A cinco años de su gobierno de transición, donde la prioridad fue recuperar la confianza ciudadana en la pandemia, ¿el presidente Jerí está demostrando el liderazgo necesario para generar esa misma confianza para enfrentar la crisis actual de inseguridad?

Estamos en una situación muy compleja. El tema de seguridad no es algo que se pueda resolver en algunas semanas. Pero, sin embargo, creo que tiene usted razón en el hecho de que hasta el momento seguimos esperando algunas actuaciones un poco más claras, más definidas, y lo que estamos viendo son gestos importantes, pero fundamentalmente mediáticos. Es decir, maneras de mostrar algo, pero hay, por ejemplo, un problema pendiente muy complicado, que es que el Congreso ha pasado alrededor de unas ocho a diez leyes que de una forma u otra están creando un espacio mayor para la delincuencia. (…) En fin, hay varias medidas que han restringido y cambiado los ámbitos de investigación del Poder Judicial y de la Policía. Entonces, hubiéramos esperado que el nuevo Gobierno plantee derogar esas normas, y hasta el momento no lo ha hecho. Por lo tanto, si bien hay reuniones, creación de comisiones en nuestro país, como en otros países, y usted lo conoce muy bien, esos son señales que, si no se logran concretar con medidas operativas y prácticas, quedan simplemente en el aire.

Foto: Paula Elizalde / Infobae
Foto: Paula Elizalde / Infobae

― Le preguntaron al presidente Jerí sobre las normas aprobadas en el Congreso que usted menciona y cuándo piensa revisarlas. Él dijo que ‘todo a su tiempo’. ¿Cree que no desea pelearse con las fuerzas políticas que lo colocaron en el cargo?

Prefiero no opinar sobre detalles de la actuación de presidentes que me han seguido como expresidente de la República. Soy muy respetuoso de las acciones y de los tiempos de quienes estuvieron antes que yo, quienes me precedieron en el cargo y quienes me siguen. Prefiero no calificar directamente las acciones del presidente Jerí.

― Pero sí podría explicar lo que un jefe de Estado debería hacer frente a estas leyes que benefician a los criminales.

Creo que ese es uno de los planteamientos, además de muchos otros más que son necesarios para mantener la tranquilidad, preservar la democracia y reforzar la seguridad. Por ejemplo, he visto con bastante preocupación gestos inusitados que por lo menos en el caso mío, jamás se hubieran dado. Hemos visto al jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas dirigirse a los efectivos policiales y militares que estaban custodiando una universidad porque esperaban que salgan personas a protestar. De acuerdo a mi criterio, y si yo hubiera sido presidente, hubiera realmente rechazado tajantemente y llamado la atención a que el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas se preste a una exhibición de esa naturaleza, al lado de las fuerzas del orden, para evitar que salgan estudiantes de una de las universidades más importantes de la región. Y así como ese ha habido otros casos: hemos visto algo insólito al presidente del Congreso de la República, que es el Poder Legislativo, no el Poder Ejecutivo, flanqueado de los altos mandos policiales, apoyando a los mandos policiales ante posibles protestas. Desde el punto de vista personal, jamás hubiera permitido dos actos de esta naturaleza.

― ¿Reflejan estos actos una retórica autoritaria que busca, intencionadamente, bloquear o contener el hartazgo ciudadano ante la inestabilidad que padecemos desde el 2016?

En todas partes del mundo estamos viendo que los gestos mediáticos, el uso de las redes sociales, el aparecer dando una imagen, saliendo al público, de una forma u otra llega a segmentos importantes de la población. Pero hay un divorcio muy grande entre los gestos mediáticos, el trabajo en redes sociales, en medios de comunicación y los hechos concretos (…) Y el momento en el cual se nota este divorcio entre la imagen y la realidad, yo creo que veremos alguna corrección en las cifras de aprobación, aunque siempre ya por experiencia internacional, y usted don Rodrigo debe conocer mejor que yo por el puesto que ocupa, el repetir imágenes mediáticas una tras otra, salir de un tema y hablar al otro, y hablar al otro y mantener una presencia mediática a veces ha dado resultados algunos líderes políticos que van más allá de lo que logran hacer en realidad.

Foto: Paula Elizalde / Infobae
Foto: Paula Elizalde / Infobae Perú

― Usted ha diagnosticado un ‘déficit democrático’ –ejemplificado en siete presidentes en nueve años– y en su libro ‘Incertidumbre’ escribió que entramos a un ‘final de época’. La presidencia también se ha convertido en el trabajo más inestable del Perú. Ante este panorama, ¿qué ruta se debe trazar para salir de una crisis que resulta permanente?

Hay trabajos más inseguros. Por ejemplo, chofer de buses, cobrador de buses, en los cuales no se arriesga usted a ser despedido, sino realmente a recibir una especie de pena de muerte al ser asesinado. Entonces, mantengamos la proporción. Y esto de déficit democrático, medio en broma y medio en serio, alguien me dijo alguna vez ‘ustedes son el único país que ha podido sacar a varios presidentes y meter a muchos de ellos a la cárcel’. Pero fuera de estas bromas, lo que sí nos falta es algo de estabilidad. Y eso es cierto. Yo creo que es posible lograrla, pero en este momento el Congreso, tal como lo he dicho en varias oportunidades, ha usurpado las funciones de una Asamblea Constituyente.

― Lo dice por las constantes modificaciones a la Constitución.

Se ha constituido de facto en una Asamblea Constituyente que ha cambiado más de 60 artículos de la Constitución sin ninguna consulta popular. Eso lo ha hecho un Congreso que en su nivel más bajo tuvo 4% de aprobación ciudadana. En otras palabras, ha usurpado la función de una Asamblea Constituyente a espalda de la ciudadanía. Como parte de estas fechorías, lo que ha hecho es cambiar totalmente el equilibrio de poderes que debe prevalecer en una democracia. Ha hecho que el Poder Ejecutivo básicamente dependa del Poder Legislativo y con la interpretación de la incapacidad moral permanente, que no tiene ningún requisito más que el tener el número de votos suficientes en el Congreso. Usted, cualquier otra persona, hasta el Papa, podría ser declarado como moral incompetente si es que se consiguen los votos y nada más.

― ¿Los congresistas actuales son pequeños caciques con intereses particulares?

No sé si como caciques o como, en fin, puede haber otras calificaciones que pueden usarse. Lo que han hecho es simplemente ponerse de espaldas a la ciudadanía a abusar de su poder. Entonces, volviendo a su pregunta, el déficit democrático, yo creo que es una figura que no habría que usar, sino lo que hemos visto es la usurpación por parte del Congreso de unas funciones de una Asamblea constituyente que ha trastocado totalmente el equilibrio de poderes y ha puesto al Congreso y, especialmente, al Senado por encima de cualquier otro poder del Estado y prácticamente sin ningún contrapeso.

Foto: Paula Elizalde / Infobae
Foto: Paula Elizalde / Infobae Perú

― ¿Estamos bajo un régimen parlamentarista de facto?

Eso es cierto en parte porque el presidente y el Ejecutivo se dejan. ¿Qué quiero decir con esto? Cuando uno ve la Constitución, ve las leyes, ve lo que puede hacer un presidente de la República, incluso teniendo un Congreso en contra, es muchísimo más de lo que han hecho los últimos tres presidentes. Recuerde, durante mi breve gobierno, tuve cinco mociones de censura tratando de quitarme del cargo, pero ninguna pasó. ¿Por qué? Porque se sabía cómo ejercer el poder y la autoridad política desde la Presidencia de la República. El presidente tiene recursos de poder, capacidad de convocatoria, iniciativa de ley, posibilidad de observar leyes, nombrar funcionarios, dar políticas públicas, convocar a los empresarios, trabajar con las organizaciones de la sociedad civil, acudir a los medios de comunicación, persuadir a las personas, hacer uso del aparato estatal y público para el bien común y no para beneficiar a uno o a otro grupo de poder.

― Pero resulta difícil cuando un presidente se convierte en un rehén del Parlamento para evitar ser vacado.

Es lo que ha pasado en, por lo menos, los dos últimos presidentes que hemos tenido.

― Hablando sobre la captura de las instituciones desde el Congreso, ¿es urgente una reforma integral para recuperar la institucionalidad en el próximo quinquenio?

Estamos ante un copamiento institucional bastante fuerte por parte de estos grupos que tienen intereses particulares. Por ejemplo, la forma de nombrar a los miembros de la Junta Nacional de Justicia ha tenido una serie de irregularidades. El nombramiento del defensor del pueblo y de algunos miembros del Tribunal Constitucional fue simplemente una transacción y un trueque entre un movimiento de izquierda y uno de derecha. Y punto. Entonces, creo que usted tiene razón en todo lo que se plantea. Pero la manera de cambiar eso es a través del sistema electoral, que a pesar de que se tienen muchas cosas en contra, se tiene el terreno inclinado a favor de ellos y en contra de la gente que quiere gobiernos transparentes, decentes, que piensen en el bien común.

Foto: Paula Elizalde / Infobae
Foto: Paula Elizalde / Infobae

― ¿Las próximas elecciones serán el punto de inflexión para que la ciudadanía castigue con su voto a la clase política que ha profundizado la crisis del país?

Tenemos elecciones, esa es la manera. Estoy de acuerdo con lo que usted ha planteado sobre la posibilidad de dejar de lado a todos estos congresistas que nos han sumido en la situación en la cual nos encontramos. Creo que, con un apoyo de la ciudadanía y una toma de la conciencia, esto podrá realizarse y podremos revertir este deterioro, eso sí, con prioridades específicas, empezando en una institución, luego en la otra, y asegurándonos que estas reformas sean sólidas y permanezcan y puedan evitar cualquier embate que venga de aquellos que nos están ahora indirectamente gobernando. Pero el tema no es sólo en el Congreso, don Rodrigo, sino a nivel de gobiernos regionales y gobiernos locales. Ahí lo que estamos viendo es a pequeños grupos que se han enquistado y que rehúsan dejar la participación de otras fuerzas políticas. O si las dejan, se produce una alternancia de más de lo mismo, en la cual no hay ninguna diferencia entre el comportamiento de un grupo predatorio y corrupto con el de otro que simplemente busca desplazarlo para continuar con una política de corrupción y una política predatoria.

― Se ha normalizado los cuestionamientos por corrupción y también los discursos reaccionarios…

También tenemos casos de acoso, violación sexual y recortes de sueldo. Tenemos una variedad de casos que en cualquier situación normal merecerían no solamente la condena ciudadana que la tienen, sino también una acción decidida por sus propias organizaciones en el Congreso para eliminar, pero lo que estamos viendo es que dejan pasar y en vez de utilizar el poder que tienen las diferentes comisiones en el Parlamento, protegen a los suyos para castigar y perseguir a aquellos que perciben que son o que consideran sus adversarios. Es lo que está sucediendo en la realidad y esto solo se puede y se debe cambiar mediante en primer lugar el sistema electoral; en segundo lugar, con una presión ciudadana muy fuerte pese a la represión sanguinaria que está poniendo en marcha.

― Sobre la presión ciudadana, ¿cómo observa estas marchas convocadas por la llamada Generación Z que resulta ser una variante moderna de la Generación del Bicentenario?

Yo he participado en protestas en los años 60. Hemos tenido protestas ciudadanas en los 70, en los 80, en los 90. Usted está recordando las de 2016, está recordando las de 2020. Lo que quiero decirle es que el Perú, como muchísimos otros países, tiene una larga tradición de protestas ciudadanas que desgraciadamente han sido reprimidas fuertemente por la fuerza de una manera sangrienta en algunos casos por gobiernos autoritarios (…) Creo que si desde ahora no se interesan en la política y participan activamente para revertir este deterioro que usted ha mencionado, van a vivir en un país degradado, sin instituciones, con corrupción generalizada, presas del crimen organizado, con ineficiencia, con desigualdad, con pobreza generalizada. Y esto es algo que cada generación de jóvenes, sea la Z, el Bicentenario, la generación del nuevo siglo y aquellas generaciones como la mía que empezamos en los 60, siempre hemos salido a protestar contra las injusticias, contra el abuso de poder, contra el autoritarismo. Es algo que se debe reeditar y agradecer a las siguientes generaciones, a todas ellas que desde hace mucho tiempo vienen tratando de encauzar el rumbo de nuestro país por una senda mucho más favorable a la mayoría de la población.

El expresidente peruano (2020–2021) Francisco
El expresidente peruano (2020–2021) Francisco Sagasti, habla en una entrevista con EFE este martes en Lima (Perú). EFE/ Paolo Aguilar

― De cara a las elecciones generales, con casi 40 candidatos, usted señaló que ‘todos quieren ser presidente, pero no tienen idea de la relevancia del cargo’. ¿Observa en estos aspirantes esa actitud mesiánica de que resolverán por sí solos los problemas del país?

Hay de todo. Hay muy buenos candidatos con experiencia y conocimiento. Hay otros que insisten y resisten, y quieren ser presidentes por las prebendas, el poder y la posibilidad de ganar más dinero. Y hay otros, un buen número, que simplemente quieren ser presidentes. Recuerdo el caso de un presidente que fue elegido hace algunos decenios. Y que, a la semana de haber sido elegido, salió a la prensa a decir ‘yo no sabía que iba ser tan fácil ser presidente’, a lo cual respondí en un artículo que ser presidente es muy fácil, pero lo difícil es gobernar. El tema es que debemos tener gente con vocación de gobierno, que sepa gobernar y conozca cuales son las prerrogativas y los límites que establece la Constitución para el presidente, los ministros, los congresistas, los altos funcionarios, y que realmente sea capaz.

― ¿Teme que la polarización, el odio y la posverdad sean los componentes del próximo proceso electoral?

Más que polarización tenemos una fragmentación en el Perú. Esta fragmentación no es de un grupo u otro, sino un montón de grupos que están opuestos los unos con los otros. No es polarización de un polo que choca con otro, es toda una fragmentación dispersa que hacen difíciles los acuerdos que nos pasará la factura. En cuanto a la posverdad, es un tema muy serio, pero la única manera de contrarrestarla es formando a las generaciones, a los jóvenes, para que tengan una actitud crítica y poder entender, visualizar y trabajar de una manera adecuada con la información que reciben y no creer en mentiras que vienen en las redes sociales o no filtrar solo lo que uno le interesa.

― Tenemos cerca de 50% de electores que no saben por qué votar. ¿Esta coyuntura es factible para la aparición de un outsider con un discurso identitario y radical similar al que Pedro Castillo enarboló en el 2021?

Creo que en el Perú siempre existen condiciones para la aparición de un “outsider”. No sabemos qué tan outsider sería, pero creo que no es el momento de apostar electoralmente por alguien desconocido, sino por quienes han mostrado una carrera política intachable, conocimiento de las tareas de gobierno, y experiencia en articular coaliciones políticas operativas para resolver problemas concretos de nuestro país.

― Estuvo tentado para postular al Senado. ¿Por qué no aceptó si los integrantes de esta cámara en el Congreso tendrán bastante poder político en los próximos años?

Tengo 81 años de edad. El cargo de senador es irrenunciable. Si fuera elegido tendría que quedarme hasta los 87 años, compartiendo el espacio político en el Senado con personajes controvertibles, y probablemente con varios si no muchos de los congresistas responsables de la catástrofe que estamos viviendo ahora. Creo que hay mejores maneras de emplear los últimos años de vida que me quedan, específicamente transmitiendo experiencias y formando nuevas generaciones de profesionales, intelectuales y políticos.

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