
La salud intestinal es un pilar fundamental del bienestar general y tiene implicancias que van más allá de la digestión: afecta la absorción de nutrientes, el sistema inmunológico, el estado de ánimo e incluso influye en la presencia de enfermedades crónicas. En el Perú, instituciones como el Ministerio de Salud (Minsa) alertan sobre el aumento de trastornos gastrointestinales y su impacto en la carga de atención en los servicios de salud.
En ese contexto, es importante conocer y diferenciar algunas de las enfermedades más comunes en el ámbito digestivo, entre ellas el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO, por sus siglas en inglés) y el síndrome del intestino irritable (SII). Aunque comparten síntomas, sus causas, diagnóstico y tratamiento suelen diferir.
¿Qué es el SIBO?

El SIBO ocurre cuando la cantidad o el tipo de bacterias en el intestino delgado excede lo habitual, provocando que estas bacterias fermenten alimentos de forma anómala, generando gases, distensión, alteraciones del tránsito intestinal y malabsorción. Entre las causas más frecuentes se encuentran la motilidad intestinal alterada (movimiento lento del contenido intestinal), cirugía previa, divertículos, alteraciones en el ácido gástrico o en las válvulas intestinales que separan el intestino delgado del grueso.
En la práctica clínica, los síntomas pueden incluir hinchazón marcada después de comer, gases, diarrea o estreñimiento, deficiencias nutricionales (como de vitamina B12 o hierro) y sensación de “llenura” o malestar abdominal irregular. El diagnóstico de SIBO habitualmente se realiza mediante una prueba de aliento (hidrógeno/methano) o aspirado del intestino delgado, aunque estos métodos tienen limitaciones. El tratamiento se basa en reducir la sobrepoblación bacteriana (mediante antibióticos específicos o dietas), mejorar la motilidad intestinal y restablecer un ambiente adecuado en el intestino delgado.
¿Qué es el SII?
El SII es un trastorno funcional del intestino, es decir, una alteración de la interacción entre el cerebro y el intestino (eje intestino-cerebro), que se manifiesta principalmente por dolor o molestia abdominal recurrente acompañado de cambios en el hábito intestinal (diarrea, estreñimiento o ambos). La causa exacta del SII no está completamente definida; se piensa que múltiples factores, como sensibilidad intestinal aumentada, alteraciones del microbioma, estrés, dietas ricas en ciertos carbohidratos fermentables (FODMAP), entre otros; contribuyen a su desarrollo.

El diagnóstico se basa en criterios clínicos: dolor abdominal al menos un día a la semana durante los últimos tres meses, asociado a cambios en la frecuencia o forma de las heces. El tratamiento del SII se enfoca en modificar el estilo de vida y la dieta (por ejemplo dieta baja en FODMAP), manejar el estrés, realizar ejercicio, y en algunos casos utilizar medicación para los síntomas (anti-espasmódicos, laxantes, antidiarreicos, moduladores del eje intestino-cerebro).
Diferencia entre el SIBO y el síndrome del intestino irritable
Aunque SIBO y SII pueden compartir síntomas similares, como hinchazón, dolor abdominal, diarrea, estreñimiento e irregularidades intestinales, existen diferencias clave entre ambos:
- Causa subyacente: en SIBO hay un exceso de bacterias en el intestino delgado, un hallazgo microbiológico concreto. En SII, la causa es funcional y multifactorial, sin una alteración bacteriana concreta identificada de forma rutinaria.
- Diagnóstico: SIBO requiere pruebas específicas (aliento, aspirado). En SII el diagnóstico es clínico por criterios establecidos después de descartar otras patologías.
- Tratamiento: en SIBO se utiliza antibióticos, dietas específicas para reducir la carga bacteriana y mejorar la motilidad. En SII el enfoque está más en dieta, ejercicio, manejo del estrés y síntomas, sin antibióticos como tratamiento estándar.
- Relación entre ambos: Hasta un 51-78 % de pacientes con SII pueden tener SIBO. Esto muestra que aunque distintos, pueden coexistir y que a veces un diagnóstico de SII puede esconder un SIBO.
- Manifestación y hallazgos nutricionales: En SIBO puede haber malabsorción y deficiencias nutricionales, mientras que en SII estos hallazgos no son tan comunes.
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