Deepfakes de gerentes: la nueva amenaza a la reputación empresarial

El desafío central es que muchos ciudadanos aún no comprenden cómo funcionan los deepfakes, lo que los convierte en blancos fáciles de engaño

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
(Imagen Ilustrativa Infobae)

El deepfake, tecnología capaz de manipular voz, rostro, video e imagen para hacer decir o hacer a alguien lo que nunca ocurrió, ya no es un asunto lejano. En el Perú, gerentes de sectores como finanzas, construcción, microfinanzas o restaurantes, han comenzado a ser víctimas de esta manipulación. Incluso figuras de medios de comunicación han visto su imagen empleada en mensajes falsos que inducen a estafas.

La magnitud del riesgo es creciente. Un reporte de Deloitte en 2024 señala que el 25% de los altos mandos ejecutivos ha enfrentado incidentes de deepfake dirigidos a datos financieros y contables. Por su parte, un informe de CrowdStrike para América Latina advierte del aumento sostenido de este tipo de ataques.

Estos hechos confirman que no se trata de un problema exclusivo de las grandes corporaciones. Pymes, ONGs e instituciones del Estado también están expuestas. El desafío central es que muchos ciudadanos aún no comprenden cómo funcionan los deepfakes, lo que los convierte en blancos fáciles de engaño.

Las organizaciones deben prepararse para enfrentar un nuevo reto: responder en tiempo real a fraudes digitales que, en esencia, son fraudes de alto impacto.

Para este desafío, es fundamental tomar en cuenta las siguientes recomendaciones. En primer lugar, contar con protocolos de verificación pública. Cada organización necesita procesos claros para confirmar la autenticidad de sus contenidos.

En segundo lugar, implementar plantillas de negación rápida. Contar con comunicados predefinidos que permitan desmentir en cuestión de horas y no de días. También pueden considerarse marcas de autenticidad. Incluir sellos, firmas digitales o elementos de validación en los mensajes oficiales.

Las áreas de TI, legal y comunicaciones, deben ensayar juntos escenarios de deepfake para mejorar la coordinación. Asimismo, cada vez resulta más estratégico el uso de canales propios. Reforzar los medios institucionales donde el mensaje puede ser controlado y actualizado con frecuencia.

Finalmente, los voceros deben estar preparados para la inmediatez. La capacitación ya no debe centrarse solo en el discurso, sino en la velocidad de respuesta ante crisis digitales. Los voceros deben ahora entrenarse para reaccionar rápido en escenarios inmediatos. Ya sea a través de los medios de comunicación, los canales digitales o los mecanismos presenciales para con sus equipos.

Se trata de un reto en tiempo real. El cuidado de la reputación ya no puede ser un ejercicio reactivo ni burocrático. Hoy más que nunca, la anticipación, que muchas veces olvidan las empresas, se convierte en una condición necesaria. Los deepfakes convierten la comunicación de crisis en un desafío de tiempo real.

De afrontar correctamente este desafío dependerá no solo la confianza en las marcas, sino también la seguridad de miles de ciudadanos que pueden ser víctimas de fraudes. Las crisis ya no solo impactan en los valores de mercado. Impactan también en miles de personas que ponen en riesgo su tranquilidad por este tipo de estafas. El reto para el cierre de 2025 y el 2026 será claro: blindar la reputación con la misma seriedad con la que se protege el patrimonio financiero.