Antes del 17 de febrero de 2017, Eduardo Romero Naupay llevaba una vida común como muchos otros ciudadanos peruanos. Nacido en Huánuco en 1984, creció en un hogar marcado por la adversidad. Tras su paso por la Marina de Guerra del Perú, donde sirvió en sus primeros años como adulto, su vida dio un giro inesperado. Lejos de convertirse en un hombre de servicio público, optó por un camino en el que la venta ambulante se convertiría en su fuente de sustento.
Con el tiempo, las dificultades económicas de Romero lo sumieron en una espiral de frustración. A pesar de sus esfuerzos por sostener su negocio de venta de sándwiches en Los Olivos, su situación laboral se veía constantemente amenazada por la falta de permisos y la constante persecución de los fiscalizadores municipales. Según el canal de YouTube “Histórico en Perú”, estos enfrentamientos se convirtieron en una constante en su vida, un conflicto que, finalmente, culminaría en uno de los tiroteos más devastadores de la historia reciente del Perú: la ‘Masacre de Independencia’.
Un altercado que desató la tragedia
Todo comenzó con una confrontación entre Romero Naupay y los fiscalizadores municipales, quienes llegaron para pedirle que retirara su puesto de venta. Días antes, el vendedor ambulante había recibido una multa por operar sin licencia. Ese 17 de febrero, la situación escaló rápidamente cuando uno de los fiscalizadores, Martín Moreno Zavaleta, le exigió el retiro de su carro sanguchero. La discusión se tornó violenta y, en un arranque de furia, Eduardo sacó su arma y disparó a Moreno Zavaleta en varias ocasiones.

El tiroteo dejó al fiscalizador gravemente herido y provocó que el atacante huyera hacia su hogar. En su residencia, cargó una mochila con municiones y se dirigió a un destino mucho más trágico. Romero Naupay había comenzado a armarse para lo que sería una masacre sin precedentes en la zona. Su siguiente parada sería el centro comercial Royal Plaza, ubicado en el distrito de Independencia, donde daría rienda suelta a su odio y frustración.
La masacre en el centro comercial Royal Plaza
A las horas siguientes, el caos se desató en el Royal Plaza. Eduardo Romero Naupay, armado hasta los dientes, ingresó al centro comercial con la intención de causar el mayor daño posible. La primera víctima fue Susan Juárez Pilco, quien celebraba el cumpleaños de su pareja en la discoteca Di Luna. Sin previo aviso, el atacante disparó contra ella, dejándola sin vida. Luego, se desplazó hacia otro establecimiento, la discoteca Zeven, donde asesinó a dos guardias de seguridad, Gloria Valdez y César Arellano.
A medida que los disparos resonaban en el lugar, los presentes intentaban desesperadamente ponerse a salvo. Algunas personas, aterradas por lo que estaba sucediendo, corrieron hacia el cajero automático del BCP ubicado dentro del centro comercial. Fue en este punto cuando la tragedia alcanzó nuevos límites. Romero Naupay, sin piedad, apuntó a los presentes y disparó contra la joven Nicol Muñoz Peña, quien intentaba protegerse al ser utilizada como escudo por otros transeúntes.
El desenlace final y la muerte de Romero Naupay

El tiroteo no terminó hasta que la intervención de un policía fuera de servicio, Lorenzo Machaca Esquía, puso fin a la masacre. El agente, tras encontrarse con Eduardo Romero en el centro comercial, no dudó en disparar para detenerlo. El impacto fue fatal: un disparo en la cabeza terminó con la vida de Romero Naupay, poniendo así fin a su violenta jornada de terror.
Cinco personas murieron en esta masacre, entre ellas tres personas inocentes que disfrutaban de una noche tranquila en el centro comercial. Además, al menos diez personas más resultaron heridas. La sociedad peruana, ya golpeada por la violencia cotidiana, quedó marcada por este suceso que conmocionó a todo el país. Romero Naupay dejó un rastro de dolor y luto, y su historia quedará para siempre como un triste recordatorio de cómo un altercado aparentemente menor puede desatar consecuencias devastadoras.
Un perfil marcado por la violencia y la frustración
Según el canal de youtube ‘Histórico en Perú‘, lo que llevó a Eduardo Romero Naupay a cometer semejante atrocidad, se destacan varios aspectos de su vida. Aunque creció en un hogar con serias dificultades, su historia de vida estaba llena de contradicciones. En sus redes sociales, Romero mostró una fascinación por las armas y el ocultismo, intereses que compartió con sus seguidores. A pesar de su vida marcada por la violencia, muchos de sus familiares lo describieron como una persona reservada y tranquila, centrado en su trabajo y en apoyar a su familia.
Sin embargo, en su interior, acumulaba frustraciones profundas, probablemente producto de las dificultades económicas y la constante presión social. Su vida laboral estuvo plagada de conflictos con las autoridades locales, especialmente con los fiscalizadores municipales, lo que reflejaba un entorno de marginalidad y exclusión social.
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