
El olfato es un sentido muy primitivo que, además, es considerado menos eficiente en humanos y otros primates. Nuestra capacidad olfativa es menor que la de otros mamíferos, como por ejemplo la de nuestros perros.
A pesar de ello, este sentido sigue teniendo un rol muy importante en nuestra vida diaria, ya que está conectado a nuestras emociones y a la memoria afectiva, sobre todo. Es que el olfato está directamente ligado en el cerebro con el sistema límbico (las emociones) y el hipocampo (los recuerdos y la memoria), por lo que no filtra la información pasando por lo cognitivo (el tálamo y la corteza), como ocurre con otros sentidos.
Los olores proporcionan una información veraz para reconocer a otros individuos e integrar la actividad social en las especies gregarias. Asimismo, los aromas evocan emociones e influyen en los mecanismos de regulación del estrés. De este último precepto surgen los fundamentos de la aromaterapia.
Se ha postulado a través de diversos experimentos científicos. Pero uno en particular, publicado en Nature por expertos en etiología de la Universidad Checa de Ciencias de la Vida, de Praga, mostró una nariz más efectiva en los varones en el reconocimiento de los animales de compañía. ¿Por qué? Porque, según los datos relevados por los expertos, en el experimento los varones acertaron en un 90% de los casos, frente al 65% de las mujeres. Los niños, por su parte, han mostrado a lo largo de la historia un mejor olfato que los adultos para reconocer a sus mascotas.

Las personas reconocemos el olor de nuestros animales domésticos con mucha facilidad. Los perros de las casas modernas tienden a ser bañados con más frecuencia, lo que influye en el proceso de identificación. En cambio, los canes que se bañan con menor frecuencia muestran un olor más característico e identificable para sus tutores.
En relación a otros sentidos, tanto los seres humanos como algunos animales poseen la capacidad de diferenciar visualmente a los individuos de la propia especie y de otras distintas. Los perros, en especial, han demostrado a lo largo de la historia una gran habilidad para diferenciar rostros humanos y su variabilidad.
Por otra parte, los canes pueden reconocer a sus tutores por el tono de voz, al igual que los seres humanos, que tenemos una especial sensibilidad a los ladridos y vocalizaciones de los perros, pudiendo diferenciar su significado emocional.

El ladrido de cada perro es único y es posible reconocerlo claramente. Yendo al campo del olfato, los perros y otros animales reconocen a la perfección el olor de las diferentes personas, en especial el aroma que desprende su madre, al que ubican y discriminan perfectamente durante toda la vida.
* El Prof. Dr. Juan Enrique Romero @drromerook es médico veterinario. Especialista en Educación Universitaria. Magister en Psicoinmunoneuroendocrinología. Ex Director del Hospital Escuela de Animales Pequeños (UNLPam). Docente Universitario en varias universidades argentinas. Disertante internacional.
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