La conversación transcurría por muy diversas dimensiones, y nunca dejábamos de señalar que la Argentina tenía ventajas extraordinarias en términos de recursos, de estar fuera del circuito de mayores tensiones políticas internacionales, lejos de conflictos, y con sectores como el agropecuario que mantenían un crecimiento de largo plazo -pese a las dificultades que nosotros mismos le imponíamos al sector, algo que no dejaban de notar—.
Al cabo de la conversación, invertíamos el diálogo y éramos nosotros los que preguntábamos a nuestros interlocutores: y ahora, ¿Qué es lo que ustedes piensan?, ¿Cómo nos ven?, ¿hay margen para invertir? Los japoneses, chinos y demás legionarios potencialmente inversores —cada uno con su particularidad— hacían silencio, hablaban por lo bajo entre ellos y respondían a través de su representante senior siempre lo mismo: wait and see.
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La historia de dudas se ha repetido a lo largo del tiempo, y hoy no parece muy distinta a pesar de los muchos cambios introducidos en política económica por la actual administración, porque lo que tenemos disponible son los antecedentes de muchas décadas que muestran que nuestro país ha alterado reiteradamente las normas, para expropiar parcial o completamente a quien ya invirtió, y no tiene escape.
Cuando todo es posible, es decir cuando la expropiación o la confiscación es un evento factible, no importa que la probabilidad del evento sea baja o medianamente baja. Aunque el evento sea de muy baja probabilidad, si es suficientemente catastrófico, lleva a la inacción.
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Cuando todo es posible, es decir cuando la expropiación o la confiscación es un evento factible, no importa que la probabilidad del evento sea baja o medianamente baja
Traer el futuro (brillante, por cierto) al presente requiere por lo tanto de supuestos bastante fuertes. Si los agentes económicos estuvieran casi seguros de que la deuda pública será pagada en tiempo y forma, y para ello tuvieran garantías tales como una montaña de dólares disponibles, abundante crédito internacional a tasas razonables, y confianza en que en cualquier escenario político factible no habrá cambios dramáticos en materia fiscal, ello se reflejaría en cotizaciones más elevadas de la deuda, una baja prima de riesgo, y apreciación del peso en un mercado de cambios libre.
Si ello no ocurre hoy, es porque el mañana luce con la probabilidad no nula de que el escenario puede ser distinto. De allí que algunos apuestan, y otros esperan y eventualmente se posicionan para otro escenario.
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La débil evolución de la demanda de pesos, la dolarización de carteras, la caída de la inversión bruta interna, la ausencia de inversión extranjera directa, la prima de riesgo argentina superando en más de 550 puntos básicos la prima de riesgo latino —cuando ese diferencial promediaba los 240 puntos en el primer semestre—, son indicadores de que el escenario que enfrentamos es el de wait and see una vez más por los próximos 12 meses.
Aun así, ello no implica necesariamente que la economía no pueda mostrar signos de recuperación a nivel agregado en 2027, y que esta nueva transición hacia una elección presidencial deba transcurrir prolongando la recesión técnica del segundo y tercer trimestre de 2026. Parte de la tarea de reestructuración de precios relativos se ha realizado, y la economía muestra signos de estar recuperando productividad, no solo en los sectores líderes, sino en la mayoría de las ramas de actividad.
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El contexto externo agrega precios de exportación excepcionales —con términos del intercambio récord, a pesar de caídas recientes en el precio de la soja—
El contexto externo agrega precios de exportación excepcionales —con términos del intercambio récord, a pesar de caídas recientes en el precio de la soja— que indican que el superávit del comercio de bienes será elevado, no solo en 2026, sino también bajo casi cualquier escenario en los próximos cinco años. Ello solo basta para limitar la posibilidad de entrar en un tradicional ciclo de stop and go del sector externo argentino, caracterizado por los trabajos de Julio H. G. Olivera, Carlos Díaz Alejandro y Oscar Braun y Leonard Joy, en la década de 1960.
Pasar el “punto de no retorno” de 2027 es una tarea pendiente en la Argentina, que ya sortearon otras economías latinoamericanas en el pasado (Chile, Uruguay, Perú y Paraguay podrían ser candidatos a tal graduación). En muchos aspectos será difícil imaginar dar marcha atrás, llegado el momento, porque los costos serán muy elevados, tanto para quien decida la contramarcha como para quienes —faltos de combustible— traten de volver a enderezar el rumbo. Pero mientras avanzamos a toda marcha hacia ese punto de no retorno, las dudas estarán flotando y frenando muchas decisiones. Wait and see.
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El autor es Director y Economista Jefe de FIEL. Esta nota se publicó en *Indicadores de Coyuntura* 691 de FIEL
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