
La fe ha sido visibilizada en la Copa del Mundo 2026 por varios jugadores de fútbol, no como algo oficial del torneo, sino principalmente con oraciones a Dios de gratitud al término de los partidos, o después de convertir un gol o posteando en las redes expresiones bíblicas, como es el caso de Enzo Fernández. Las imágenes son elocuentes, con jugadores de ambos equipos, abrazarse en el medio del campo de juego para invocar a Dios.
El sol no se puede tapar con la mano. La espiritualidad en el fútbol no se puede esconder y marca una nueva época dejando atrás la cultura posmodernista que afirma “Dios ha muerto”, evitando que este sea un tema de conversación en la sociedad.
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La fe es sin lugar a duda una fuente de fortaleza. Muchos deportistas reconocen que la presión de representar a su país solo puede afrontarse con serenidad interior. La fe les brinda paz, esperanza y equilibrio en la victoria y en la derrota.
La fe en el deporte es una muestra de la importancia que hoy tiene la dimensión espiritual. Es decir que no podemos abordar la integralidad del ser humano sin considerar el factor espiritual.
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La crisis global sobre la baja de natalidad, la vida en soledad, el aumento de las enfermedades relaciones con la salud mental, el estrés y la vorágine, denotan que elegir creer es el plus que el ser humano necesita para encontrar dirección, sentido, calidad de vida y fortaleza en medio de las adversidades.
Las expresiones de fe por parte de referentes en cualquier área de la sociedad, por citar nuevamente al futbolista Enzo Fernández, subiendo en sus redes sociales, textos bíblicos como por ejemplo “Dios mío, tú siempre cumple tus promesas y todo lo haces con amor” (salmos de la biblia), son una inspiración para muchos seguidores, en un mundo que necesita imperiosamente de valores.
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Nos han querido convencer de que los valores bíblicos deben quedar excluidos en toda agenda de debate, pero ha sido un grave error, porque estos valores son los que han hecho exitosos a los países nórdicos, con crecimiento económico, disminución de la pobreza, mayor calidad de vida y altos niveles de confianza social. Incluso en el campo de la ciencia la fe no es contraria, dijo Albert Einstein: “La ciencia sin religión está coja; la religión sin ciencia está ciega”. Norman Geisler uno de los apologistas más conocidos dijo “se necesita más fe para creer que de la nada surgió todo, que para creer que el universo fue creado por Dios”.
“La fe es un don que da sentido a mi vida y a mi música”, expresó Andrea Bocelli.
Indudablemente la fe es el motor que moviliza la esperanza y cuando esta se anida en el corazón de hombres y mujeres, rompe toda vergüenza, manifiesta la vulnerabilidad, reconoce la finitud ante un Dios infinito, creador de todas las cosas. Nos promueve a ser mejores en lo que hacemos, a servir a nuestro prójimo, a saber, pedir perdón por nuestras equivocaciones, combatiendo la arrogancia. En la actualidad han surgido clubes como Talleres de Córdoba o River Plate, que han incluido la dimensión espiritual a través de espacios o actividades, para la erradicación de la discriminación y la plenitud del ser humano.
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Esta Copa del Mundo ha experimentado varios cambios, desde el reglamento de los partidos con sus pausas de hidratación, los shows en los entretiempos, selecciones cosmopolitas, pero también por la valentía de los jugadores en mostrar que más allá de los logros obtenidos, toda la gloria es para Dios. Esa actitud acrecienta la humildad, fortalece la identidad, da una dirección de propósito, para ser mejores personas y así construir un porvenir mejor.
El domingo nos encontraremos los argentinos todos juntos en una nueva final, pero no olvidemos que la espiritualidad en este Mundial nos ha mostrado que, si tenemos fe en Dios, mostrarla puede marcar la diferencia.
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