Ernst Jünger, el soldado más condecorado de la Primera Guerra Mundial y uno de los mayores literatos del siglo XX, decía que mientras el amor une, la razón separa las cosas para poderlas comprender. El poder depende del consenso social y ello a su vez depende de la comunicación entre aquellos que conducen y su pueblo o su sociedad. Si se quiere tener consenso social para gobernar, es necesario separar las conversaciones sobre temas que son distintos, para que la comunicación sobre ellos sea posible.
Si a una persona que acaba de perder su trabajo la trato de poco productiva porque la industria que la empleaba no se adecuaba a la competitividad global, no conseguiré ni su apoyo ni el de quienes la rodean. En cambio, si la convenzo de que las políticas implementadas crearán nuevos empleos, tal vez logre su apoyo. Ambas partes de un diálogo deben referirse al mismo tema, en ese caso, el del empleo, no el de la realidad global.
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Es casi imposible que se produzca una comunicación que genere consenso sobre un objetivo en común, cuando un gobernante habla sobre el equilibrio general en una economía natural o de mercado, una señora se refiere a su hijo que perdió su changa y un asesor político habla de comunicación para preservar el poder. Es necesario que cuando un dirigente político habla con determinada audiencia, entienda qué es lo que a esa audiencia la preocupa y a qué tema atiende. Para ganar dinero hay que comprender las necesidades del otro y para ganar votos, también. Si eso no sucede, mientras uno cree que está explicando el funcionamiento del universo, su contraparte puede pensar que se trata de un marciano. Hay que separar, para poder comprender.
Es extremadamente valioso que un gobernante entienda cómo funcionan las sociedades y las interacciones humanas para satisfacer más necesidades de todos y qué es lo que no hay que hacer si no se quiere destruir esa sociedad (como el plan platita, el déficit grosero y la hiperinflación, por ejemplo). Dicho eso, nadie puede dejar de tener en cuenta que no hay comunicación posible entre dos personas si no hay empatía, es decir, una emoción compartida. Podrá ser una emoción positiva, como el amor, o negativa, como el miedo, pero no hay comunicación sin emoción compartida. Para compartir emoción con otro, hay que ponerse en sus zapatos y saber escuchar para poder ser oído.
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La distinción entre temas sistémicos, temas personales y comunicación para poder representar intereses generales, es muy útil para no fallar en ninguno de los tres niveles. Es común que alguien explique cómo funciona de bien el capitalismo y se ofusque si le contestan con un drama individual, pero la misma molestia tendrá el que relate su drama personal y reciba como respuesta un comentario sobre el producto bruto de Mendoza.
La Argentina está pasando recursos de los miles de curros existentes, a actividades productivas y eso genera víctimas. Cuando hablemos del sistema, valoremos la dinámica formidable del capitalismo para coordinar recursos y necesidades; cuando hablemos de trabajo, pongamos en valor las reformas legales pro empleo, las bajas de impuestos y la capacitación laboral; cuando hablemos de política, pensemos en los temas que no dejan dormir a la mayoría: seguridad personal y económica.
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Ya sabemos que los adversarios políticos van a amplificar los problemas -aún de mala fe- y van a usar para eso todos los medios disponibles; pero lo importante es lo que uno haga y, en especial, no perder la empatía, el contacto con el pathos, la emoción, que nos permita comunicar las intenciones buenas y los resultados previsibles. Atraer es mejor que ofender. La macroeconomía es indispensable. La macro política también.
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