
Permítanme empezar por el final. Creo que esto se trata de “todos juntos”; creo que se trata de “acá estamos, esto somos”. Juntos, cantando a los gritos, haciendo un pogo salvaje que, sin embargo, es contacto y no agresión; para agredir, alcanza con un tuit. Es que el futuro llegó hace rato... todo un palo, ya lo ves.
No es nueva, claro, esta cosa devocional con el Indio Solari. Ya tienen hijos grandes los adolescentes que se subían a los trenes, viajaban muchas horas y dormían en cualquier parte para participar de una “misa ricotera” en cualquier parte del país. Una convocatoria a estar con otros, a mirarse, a empujarse, a burlarse de “teatro antidisturbios”. A escuchar otra vez que “esos chicos son como bombas pequeñitas”, a sentir el poder de ese cuerpo colectivo y joven. A sentirse poderoso por un ratito.
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No son fáciles las letras de Los Redondos, siempre hubo discusión alrededor de ellas. ¿De qué nos hablan? ¿Por qué convocan de esta manera? ¿Será justamente por esa dificultad, esa ambigüedad, que nos deja ponerle a cada uno lo que queríamos escuchar? Pero.. ¿a cada uno y a todos a la vez?
“Si esta cárcel sigue así, todo preso es político”, cantaron, y se entendió que hablaban de mucho más que de la penitenciaría. “El muy verdugo cena distinguido”, cantaron: no me digan que no pueden ponerle cara a ese comensal (y no será la misma para cada uno). “No es sincera pero te gusta oírla”.
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Alguna vez, hace como mil años, un buen músico de otra banda de rock me dijo que las noticias de Los Redondos no debían salir en Espectáculos sino en Policiales. ¿Sí? Hoy su gente parece decir que no. Pero ¿seguro que sabemos quién es su gente? ¿Seguros de que son “ricoteras” estas miles de personas que se ordenaron para entrar despacio a despedirse, y cantar y llorar? ¿Son “fanáticos”?
Mmm. Hay algo más.
Hay algo más que para muchos es nuestra juventud. Que para muchos es ese grito de poder que es un cross en la mandíbula de la impotencia. Un “todos juntos” que pocas figuras han podido encarnar.
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Ese “todos juntos” al que uno más uno más uno se fue sumando un poco porque se había sumado el anterior o porque se miró para adentro y se sintió ese perro cruel “con la costumbre de no contentarse con los restos”.
¿A las páginas de Policiales, amigo? Fijate, un momento, la organización y la calma. Fijate que se puede así, entre nosotros, sin odio y en paz. Fijate cómo la “horda ricotera” se reúne, autoconvocada y emocionada y hace, ahora sí, otra misa, seguramente la última misa.
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Porque, ¿qué es una misa sino un momento de encuentro con uno, con sus deseos y sus frustraciones, con la carga de su pasado y la potencia de su futuro? ¿Qué es una misa sino ese encuentro no como cosa de uno sino junto, en comunión con los demás?
Aquí, en un predio del suburbio pobre de Buenos Aires, miles se han juntado a decir adiós a un símbolo y una época.
Siempre da tristeza cuando algo termina pero ojo, que la Historia es una culebra resbalosa y se mete por recovecos impensados. Y siempre hay futuro.
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Así que chau, Indio. Y acá estamos hoy, juntos y ricoteros. Chau: me voy corriendo a ver qué escribe en mi pared la tribu de mi calle.
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