EEUU tiene que controlar a Israel e Irán a Hezbollah

La prolongación de la guerra en Medio Oriente desgasta los recursos militares de Estados Unidos y debilita su capacidad de presión sobre Irán en las negociaciones nucleares

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Donald Trump y Benjamin Netanyahu
Donald Trump y Benjamin Netanyahu

La explosión durante el lanzamiento de una nave estadounidense con dirección a la Luna es un golpe importante para la estrategia espacial de Estados Unidos. El 27 de febrero Donald Trump había dicho que para ganar la carrera espacial la estrategia estadounidense debía sostenerse sobre dos pilares: uno estatal (la NASA) y otro privado. En ese sentido, el fallido lanzamiento de la nave de la NASA, montada sobre cohetes de la empresa Blue Origin de Jeff Bezos, implica un traspié relevante en esta estrategia.

Estaban programados otros dos lanzamientos similares para antes de fin de 2026, los cuales hoy han quedado en suspenso. El enfrentamiento político que tuvo Elon Musk con Trump a comienzos del gobierno hizo que el presidente “castigara” a este empresario sacándole los contratos más importantes que tenía con la NASA, pero esta decisión ha tenido un costo importante, en la medida que Space X, la empresa de Musk, tiene más experiencia en este tema que la de Bezos. La nave cuyo lanzamiento fracasó el 26 de mayo llevaba el nombre de “One Endurance” y tenía por objetivo construir la base en la Luna denominada “Moon Base 1”. Este iba a ser el primer paso hacia la construcción de una base lunar permanente en el polo sur de la Luna, donde existe agua.

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El segundo lanzamiento previsto es para fines de este año y lo llevaría adelante la empresa Astrobotic Technology (el cohete llevaría 500 kilos de carga, incluido un Rover). A pesar del traspié, la NASA intentará retomar su programa, que contempla llevar a la Luna más de cuatro toneladas de material, repartidos en veinticinco lanzamientos y veintiún alunizajes hasta 2029. En lo que hace a la carrera espacial en sí, el fracaso estadounidense es una oportunidad para China.

En cuanto a la crisis de Medio Oriente, Estados Unidos ha pasado a tener una posición defensiva. Tanto el Presidente como el Secretario de Estado, Marco Rubio, han hecho esfuerzos en los últimos días para mostrar que la negociación con Irán sigue abierta. Por su parte, el gobierno iraní ha hecho lo contrario y difundió información que da cuenta de las diferencias irreconciliables entre ambas posturas. Estas se centran en dos puntos. Por un lado, la devolución a Irán de los treinta mil millones de dólares que tiene incautados en bancos occidentales, a través de las sanciones que le fueron impuestas por los países occidentales. Es una medida que se puede adoptar en forma rápida y en parte inmediata, pero que Occidente está dispuesto a demorar. La otra cuestión es el desarrollo nuclear de Irán. Está en discusión si el uranio enriquecido que tiene este país quedará depositado en un aliado de Occidente o en un país bajo la órbita rusa o china. Las diferencias son importantes e Irán está decidido a no perder el control sobre su desarrollo nuclear. Este punto es políticamente el más difícil porque se trata de una condición central para este país en la negociación. De esta manera, el acuerdo hoy parece estar más lejos que cerca de cerrarse.

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Mientras tanto, la guerra en Medio Oriente continúa extendiéndose regionalmente. Se ha registrado una diferencia relevante entre Estados Unidos e Israel: Trump pidió a Netanyahu que suspenda sus ataques contra Hezbollah en territorio libanés, pero el primer ministro israelí se negó a hacerlo y siguió adelante con las operaciones, que ya están por dejar a Israel con la capacidad de controlar cerca de un tercio del territorio de este país.

La decisión de Netanyahu de imponer decisiones propias ante Estados Unidos implica una diferencia en el plano estratégico contra Irán, pero que no afectará por ahora la alianza política.

Es que si continúa el ataque israelí contra El Líbano, hay que descartar el éxito en un acuerdo en las tratativas de paz que impulsa el presidente estadounidense. Las fuerzas armadas estadounidenses están empezando a sentir el costo de llevar adelante una estrategia militar no prevista y que viene durando más tiempo del que se pensaba. Los proyectiles antiaéreos para proteger a la flota están en sus mínimos y los proveedores privados de estos armamentos manifiestan que harán falta años para reponer los stocks que se han utilizado. Quizás este factor, que contribuye al giro en la estrategia estadounidense de amenazar a Irán con su destrucción a buscar un acuerdo, tenga vinculación con esta situación.

Mientras tanto, los sondeos de opinión siguen mostrando que aproximadamente sólo un tercio de los estadounidenses apoya la ofensiva en Medio Oriente y esto sigue siendo una amenaza para el presidente con vistas a la elección de medio mandato de noviembre.

Al mismo tiempo, ha recrudecido la guerra entre Ucrania y Rusia. La interpretación de los medios occidentales es que el derrotismo que está sufriendo Putin en su propio frente interno es la causa de la intensificación de su ofensiva. Parece una interpretación un tanto voluntarista. Los últimos ataques con drones contra Ucrania produjeron decenas de víctimas y centenares de heridos. Rusia no parece tener limitaciones en cuanto a sus existencias de drones y ve la necesidad de mostrar signos de vitalidad militar, algo en lo que también coinciden los análisis estadounidenses.

La decisión de Putin es coincidente en cuanto a que él está buscando mostrar capacidad militar. Lo hace frente al virtual fracaso de Estados Unidos en Medio Oriente y las disidencias que aparecen entre Washington y Tel-Aviv. El presidente Zelensky, en forma insistente, ha solicitado apoyo occidental para enfrentar las ofensivas que está llevando adelante Rusia con sus drones. Hay dos drones de origen ruso que han caído en territorio rumano. Cabe la discusión de si se aplica o no el artículo 5 de la Carta de la OTAN, que establece la obligación de esta alianza militar de concurrir en la defensa de cualquier miembro que sea atacado militarmente por un país ajeno a la OTAN.

La reacción ha sido tímida: no solamente no ha habido una alerta militar, sino que tampoco ha habido reacción en el campo diplomático. En cuanto al presidente ucraniano, se encuentra debilitado políticamente por investigaciones de corrupción que afecta a su ex Jefe de Gabinete, que fue el hombre fuerte de su gobierno en los primeros años de su mandato. Mientras tanto, Rumania y Moldavia están discutiendo la posibilidad de una eventual unidad -fueron un solo país en el periodo de entreguerras- en el caso de que avance una ofensiva militar rusa sobre sus territorios.

Pero la tensión global se extiende: Irán ha bombardeado aeropuertos de Kuwait, nuevos drones -esta vez de origen occidental- han caído sobre Rumania, se realiza una elección en Armenia donde los intereses rusos y estadounidenses están en colisión, y la amenaza del conflicto extendiéndose a los Balcanes reaparece en el horizonte.