
Cuando uno lee la prensa internacional o argentina sobre Javier Milei, el menú es siempre el mismo: peleas en redes sociales, gritos en cadena nacional, excentricidades personales, supuestos escándalos familiares, rupturas con aliados, declaraciones polémicas sobre periodistas o artistas. Todo eso vende diarios y genera tráfico digital. Todo eso alimenta tertulias y editoriales indignados en Buenos Aires, Córdoba o Madrid. Pero nada de eso decide elecciones.
Lo que decide elecciones es la economía. Siempre fue así y siempre será así. James Carville lo resumió en 1992 con su famosa frase para la campaña de Bill Clinton: “It’s the economy, stupid”. Más de tres décadas después, la regla sigue intacta. Bill Clinton ganó porque la economía estadounidense necesitaba un cambio. George W. Bush perdió fuerza cuando estalló la crisis financiera. Obama fue reelegido porque la recuperación estaba en marcha. Trump ganó en 2016 prometiendo recuperar empleos industriales y volvió en 2024 porque la inflación de Biden castigó a las familias. En España, Aznar ganó por la economía, Zapatero perdió por la economía, Rajoy ganó por la economía. El resto es decoración.
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Mi pronóstico es sencillo. Javier Milei va a ser reelegido en 2027 y va a gobernar Argentina un total de ocho años. No por sus excentricidades ni a pesar de ellas. Va a ser reelegido por los resultados económicos, porque cuando un argentino entre al cuarto oscuro en octubre de 2027 no va a pensar en el último tuit del Presidente. Va a pensar en si su sueldo le alcanza, en si puede ahorrar, en si su hijo tiene trabajo, en si la inflación dejó de robarle el futuro.
Los datos hablan solos. En diciembre de 2023, cuando Milei asumió, Argentina tenía un PIB nominal de 646 mil millones de dólares y un PIB per cápita de unos 14.000 dólares. La inflación corría al 211% anual, las reservas del Banco Central eran negativas y el riesgo país estaba cerca de los 2.000 puntos. El costo social inicial del ajuste fue enorme, como ocurre en casi todas las estabilizaciones profundas de economías quebradas. Pero hoy, dos años después, el país ya supera por mucho los niveles de 2023 tras una caída inicial del 1,7% en 2024 y un rebote del 4,4% en 2025. El FMI proyecta 688 mil millones de dólares para 2026 y el PIB per cápita en dólares corrientes sigue subiendo con fuerza. La inflación mensual bajó del 25% a niveles cercanos al 2,5%. El riesgo país está en torno a los 570 puntos. La pobreza, que había escalado durante el ajuste, ya retrocedió al 31,6% en el primer semestre de 2025.
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Si Milei completa ocho años de gobierno y el ritmo de crecimiento se sostiene en torno al 5% anual real entre 2027 y 2031, Argentina cerraría su mandato con un PIB real entre 35% y 40% superior al de 2023. En dólares nominales, con la normalización cambiaria y una apreciación real del peso, el PIB podría situarse entre 900 mil millones y 1,2 billones de dólares. El per cápita llegaría a un rango de 23.000 a 27.000 dólares, casi el doble del que recibió Milei al asumir, equivalente al nivel actual de economías europeas como Polonia o Portugal.
En un escenario de milagro económico sostenido, con crecimientos del 6% al 7% anual impulsados por Vaca Muerta, el litio, la agroindustria y la atracción masiva de inversión extranjera directa, el per cápita podría tocar los 30.000 dólares. Argentina estaría entonces acercándose a países del sur de Europa y convergiendo gradualmente hacia España, algo impensable hace apenas tres años, cuando un país que supo ser uno de los más ricos del mundo arrastraba inflación del 211% y reservas negativas.
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Los números dependen de tres variables. La primera es institucional: que el riesgo país se consolide por debajo de los 400 puntos. La segunda es la inversión extranjera directa, que debe pasar del 1% actual al 4% del PIB para sostener el crecimiento. La tercera son los precios de los commodities energéticos y agrícolas durante el período.
La prensa va a seguir contando excentricidades porque eso es lo que sabe hacer. Los editoriales europeos van a seguir explicando que Milei es un peligro para la democracia, que sus formas no son las adecuadas, que un presidente serio no debería comportarse así. Mientras tanto, los argentinos van a seguir mirando el supermercado, el sueldo, el alquiler, el dólar. Y cuando llegue 2027 van a votar con la billetera, como vota todo el mundo en todas partes desde que existen las democracias.
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Argentina lleva décadas siendo la promesa incumplida de América Latina. Milei tiene la oportunidad histórica de convertir esa promesa en realidad. Las democracias modernas toleran líderes excéntricos. Lo que no toleran es la destrucción persistente del nivel de vida.
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