
El anuncio del Gobierno de avanzar con un “Súper RIGI” para sectores estratégicos deja una definición económica muy importante. Y es bueno decirlo claramente: el Estado reconoció que para competir internacionalmente, se necesitan condiciones globales.
Cuando el Estado decide bajar Ganancias al 15%, eliminar retenciones, permitir amortización acelerada, liberar aranceles y generar estabilidad fiscal para determinados sectores, lo que está reconociendo es algo muy concreto: las condiciones en las que produce el sector industrial argentino quitan competitividad.
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Y eso es correcto. Es lógico que la Argentina quiera atraer inversiones vinculadas al litio, las baterías, los autos eléctricos, los paneles solares, las turbinas eólicas, el uranio o los fertilizantes. Son sectores estratégicos y el mundo entero hoy compite por esas inversiones.
El Estado reconoció que para competir internacionalmente, se necesitan condiciones globales
Entonces, si aceptamos que para competir internacionalmente hacen falta condiciones globales, también debemos aceptar exactamente lo mismo para la industria transable tradicional argentina.
Hoy Argentina tiene un sector industrial entero compitiendo con el mundo con una estructura impositiva, laboral y financiera mucho más elevada que la de sus competidores internacionales. En simultáneo, se encuentra atravesando un contexto de mayor apertura económica, caída de ventas y establecimiento de nuevas reglas de producción y comercialización. Entonces, la discusión ya no puede ser si hay o no política sectorial. La discusión ahora es cómo hacemos para que haya equidad entre los sectores que compiten globalmente.
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Porque si un sector nuevo necesita beneficios especiales para poder desarrollarse, también hay que entender que los sectores tradicionales que ya producen, exportan y generan empleo están necesitando exactamente lo mismo.
La discusión ahora es cómo hacemos para que haya equidad entre los sectores que compiten globalmente
Y hay algo más importante todavía: hoy la industria argentina aporta en promedio el 26,6% del total de los principales impuestos. Solo por IVA, uno de cada tres pesos que se recaudan viene de la industria. Es decir que está financiando gran parte del funcionamiento del sistema. Está financiando al Estado, sus jubilaciones, la educación, incluso las importaciones (que no pagan la cantidad de impuestos que paga la industria nacional) a través de una presión impositiva extremadamente elevada y desproporcionada.
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Entonces aparece una situación compleja: mientras algunos sectores nuevos van a competir con condiciones fiscales internacionales, muchos sectores industriales tradicionales van a seguir compitiendo con la vieja y costosa estructura argentina.
Y ahí es donde hay que hacer una reflexión sincera: no parece razonable que los sectores que resistieron décadas de crisis, inflación, falta de crédito, juicios laborales, costos logísticos y presión tributaria récord, además tengan que absorber el costo completo de la transición económica que estamos atravesando.
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Hoy la industria argentina aporta en promedio el 26,6% del total de los principales impuestos
En otras palabras: los que sobrevivieron al peor contexto argentino son quienes terminan financiando el nuevo esquema competitivo de sectores que todavía no existen en escala.
Y acá debemos ser claros: la industria no está pidiendo privilegios, está pidiendo igualdad de condiciones. Las condiciones que se le otorgan a los sectores en el marco de un RIGI, super RIGI para resolver las distorsiones.
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Argentina tiene un problema de competitividad sistémica. Para corregirlo es fundamental la estabilidad macroeconómica así como también el establecimiento de condiciones razonables para producir.
Con el Súper RIGI el Estado argentino ya reconoció que quien compite globalmente necesita condiciones globales. Ahora falta dar el siguiente paso: extender ese concepto a toda la industria transable argentina.
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Por eso, más que nunca, hace falta un RIGI Industrial.
El autor es presidente de la Unión Industrial Argentina
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