Más embrollos semánticos

La manipulación del sentido de las palabras allana el camino para el avance de políticas autoritarias

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Friedrich Von Hayek
Friedrich Hayek

En este mismo medio escribí una columna titulada “Terrorismo semántico” donde señalaba ocho términos mal empleados: educación pública, clases sociales, empresario prebendarlo, aborto, izquierda y derecha, igualdad ante la ley escindida de la Justicia, libertario en el contexto de lo sugerido por Milton Friedman e inteligencia artificial. En esta oportunidad agrego un decálogo de malentendidos semánticos.

Como hemos apuntado las palabras sirven para pensar y para transmitir pensamientos, si las usamos equivocadamente tenemos dificultades en los silogismos y en la comunicación. Eric Blair, más conocido como George Orwell, en su libro que lleva por título un año en el que invirtió los dos últimos dígitos del que lo escribió (1984) destacaba que una forma de aplaudir al autoritarismo consiste en usar erróneamente el sentido de las palabras.

Manos a la obra. Primero “ideología” en su generalizada acepción de asunto cerrado y concluido, de dogmático lo cual es la antítesis del liberalismo que implica apertura mental en busca de nuevos paradigmas en un proceso evolutivo. En ese sentido, un artículo de mi autoría de hace casi medio siglo se titulaba “El liberalismo como anti-ideología”.

Segundo, “Estado de bienestar” donde se propugna el estatismo por lo que se traduce en un estado de malestar (con minúscula la referencia al aparato estatal, en todo caso habría que escribir Individuo con mayúscula). La pobreza y la miseria que impera en sistemas colectivistas no autoriza a semejante falta al sentido común.

Tercero, “neoliberalismo” una expresión sin gollete, inventada para el engaño y la tergiversación conceptual. Usada por timoratos que no se atreven a criticar de frente al liberalismo a secas. Tal como ha escrito Mario Vargas Llosa: “Me he encontrado con muchos antiliberales y muchos liberales pero nunca me topé con un denominado neoliberal”.

Cuarto, el grupo de lo “social” que como ha señalado Friedrich Hayek un adjetivo que puesto junto a un sustantivo lo convierte en su antónimo y Ortega -al efecto de evitar equívocos- propone recurrir a relaciones interpersonales en lugar de relaciones sociales. Así hay parla que alude a “derechos sociales” para caer en pseudo derechos que se traducen en lesiones a los derechos individuales anteriores y superiores a la existencia de gobiernos.

Quinto, “seguridad social” para aludir al sistema de reparto en las jubilaciones. No se necesita ser un experto en finanzas ni ser actuario para percatarse que desde el momento uno está quebrado y por ende es una estafa a los jubilados, por lo que se trata de inseguridad antisocial.

Sexto, “conquistas sociales” para referirse a políticas empobrecedoras y responsables del desempleo como el salario mínimo que al imponerse por decreto a niveles superiores a los que las tasas de capitalización permiten obligan a quienes desean trabajar a deambular por las calles, como si los ingresos en términos reales pudieran establecerse con simple demostración de voluntarismo.

Séptimo, la tristemente célebre “justicia social” que solo puede tener dos acepciones: concretarse en una grosera redundancia puesto que la justicia no puede ser mineral, vegetal o animal o, la más aplicada y utilizada por demagogos que redunda en arrancarles a unos el fruto de sus trabajos para entregárselo a otros.

Noveno, “ortodoxia” para referirse a políticas de saneamiento sin detenerse a considerar que es un término que proviene de la religión y en todo caso del espíritu inquisitorial pero a contracorriente de procesos abiertos y competitivos que muestran que el conocimiento nunca es un puerto sino una navegación permanente ya que remite a corroboraciones provisorias abiertas a refutaciones.

Y décimo, “anarquía” que como la utilizó quien primero empleó esa expresión en la ciencia política: William Godwin en el siglo XVIII en su libro Investigación acerca de la justicia política donde explica que se trata de la abolición de toda norma lo cual es refrendado por diccionarios de filosofía en una acepción de ese vocablo. Operar sin normas resulta de convivencia imposible, el debate trata de dilucidar si es conducente que las normas resulten paridas por el monopolio de la fuerza o por el orden espontáneo, tal como refieren autores como Anthony de Jasay, Murray Rothbard, Bruce Benson y Michael Huemer.

Como queda dicho, Orwell ha insistido que el mal uso semántico redunda en autoritarismo. En esta línea argumental para introducir algo de humor en esta nota recuerdo que Richard Armour en su libro Todo comenzó con Marx subraya que la obra cumbre de Karl es Das Kapital pero dice que debería titularse con mucha más propiedad Quitas capital.