La esperanza en la cultura de la vida

La tasa de natalidad en Argentina desciende año tras año, preocupando por el futuro de la pirámide poblacional y el envejecimiento social

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El gobierno promueve una política
El gobierno promueve una política de Estado basada en valores morales y reconocimiento de la familia como núcleo social. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay un dato que atraviesa silenciosamente a la Argentina: cada vez nacen menos niños. No es una sensación, es una tendencia demográfica sostenida, cada vez son menos las personas que quieren tener hijos. La tasa de natalidad cae año tras año y la pirámide poblacional empieza peligrosamente a invertirse. “Cuando una sociedad deja de proyectarse en sus hijos, deja en el fondo de proyectarse a sí misma, pues si la pirámide pierde su base, esa sociedad tarde o temprano tiende a desaparecer.”

A muchos esto no nos sorprende. Durante décadas se promovió desde organismos internacionales, ONGs y medios de comunicación una agenda antinatalista. Iniciando con la teoría malthusiana que sostenía que la población crecía de manera más acelerada que la producción de alimentos, lo que iba a derivar en una catástrofe poblacional. Llegando al famoso informe de Kissinger que advertía que el rápido crecimiento poblacional de los países en desarrollo era una amenaza global por el acceso a los recursos naturales. Concluía así en la necesidad de promover políticas de control de la natalidad. Es decir, lograr por todos los medios necesarios que haya menos niños en el mundo, en particular en los países en desarrollo. Fue el presidente Milei que en el Foro Económico de Davos denunció: “No es casualidad que estos mismos sean los promotores de la agenda sanguinaria y asesina del aborto. Una agenda diseñada a partir de la premisa malthusiana de que la superpoblación va a destruir a la tierra. Por lo tanto debemos aplicar algún mecanismo de control poblacional. De hecho esto ha sido adoptado tan al extremo que hoy en el planeta se está empezando a convertir en un problema la tasa de crecimiento de la población.”

Hoy en día una imagen vuelve a verse lastimosamente más real, que algunos países europeos ya nos muestran como si tuviéramos una visión de nuestro futuro: plazas sin niños, jardines y colegios vacíos, patios sin risas. A los colegios les empiezan a sobrar aulas y docentes. En los lugares donde antes había ruido, movimiento, vida… hoy hay silencio. “Imaginar una sociedad sin niños no es un ejercicio teórico, es asomarse a un futuro más triste, más envejecido, más solitario.”

Porque donde no hay infancia, tampoco hay renovación ni esperanza, no hay futuro.

Para los que creemos en Dios, el amor maternal y paternal es comparable con el amor divino. Porque es cierto que ser padre es una renuncia constante, un dejarse de lado, es pensar en otro antes que en mí. Pero pocas cosas se comparan con ese instante en que una vida comienza y todo adquiere otra dimensión, donde todas las renuncias tienen sentido en el nacimiento de una nueva capacidad de amor. El Día del Niño por Nacer nunca fue un día más en mi vida. Tengo 5 hijos, 6 en realidad, el corazón del primero dejó de latir en sus primeros meses y nunca pude olvidar el profundo dolor de aquel silencio.

Ni el feminismo más recalcitrante gritando con mil megáfonos los “mejores” argumentos a favor del aborto podrá callar el sonido de un latido y la certeza profunda de la existencia de una vida humana creciendo a la vista de una simple ecografía.

Este día es una oportunidad para mirar al futuro con esperanza. Y hoy por primera vez en mucho tiempo, gracias al gobierno de Javier Milei, estamos en una etapa de profundo cambio cultural. Una etapa en donde la moral es una política de Estado, donde el presidente habla de defensa de la vida desde la concepción, que reconoce a la familia como el núcleo de la sociedad y expresa sin titubear que sin familias fuertes no hay país posible.

La defensa de la vida desde la concepción es el corazón de la batalla cultural. No hay libertad posible si se puede eliminar por simple demanda la vida de un ser humano inocente. A la cultura de la muerte se la combate promoviendo la cultura de la vida. Siempre es bueno recordar la pregunta que hacía el Papa Francisco: ¿Es justo eliminar una vida humana para resolver un problema? La respuesta debe ser clara, firme y apasionada: NO. Se debe proteger la vida del niño por nacer y la de su madre.

Estamos ante una oportunidad histórica de instalar la cultura de la vida. Y eso nos exige estar a la altura porque nos toca sentar las bases de una nueva sociedad. Una sociedad que haga que, con el tiempo, el aborto deje de ser una opción instalada y pase a ser algo cada vez más impensado. “Defender la vida salva vidas. Que construye sociedades sanas y más prósperas.”Pero eso no va a pasar solo, depende de nosotros. De lo que hagamos en la calle, en los medios, en nuestras comunidades. De cómo acompañamos, de cómo hablamos, de cómo vivimos lo que defendemos. Pero es fundamental seguir cambiando realidades. Insistiendo en que defender la vida salva vidas. Que construye sociedades sanas y más prósperas. Que permite que la base vuelva a ensancharse y el futuro vuelva a ser posible.

Los que amamos este suelo, queremos llenarlo de argentinos y de todos aquellos que quieran habitarlo. El Día del Niño por Nacer es un día para recordar que la batalla cultural que hoy damos es la que hará grande a la Argentina del mañana. Por fin estamos construyendo el país que soñé para mis hijos.