Las guerras suelen escalar por errores de cálculo

La guerra en Irán desafía las previsiones del Pentágono, que descartaba un conflicto similar al de Irak o Afganistán y apostaba por evitar el despliegue de tropas terrestres

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Ceremonia de jura de lealtad
Ceremonia de jura de lealtad al nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Kahmenei, en Teherán

El director de la Organización Internacional de Energía Atómica, el argentino Rafael Grossi, advirtió que Irán “tiene suficiente uranio para fabricar diez armas nucleares”. Estas declaraciones radiales a un medio francés contradicen aquellas que dijo hace tan solo diez días, el 3 de marzo, en una entrevista en la CNN. En esa oportunidad había afirmado que “hay muchos motivos de preocupación sobre el programa nuclear iraní, pero no iba a haber una bomba mañana ni pasado mañana”. Y agregó: “Nunca tuvimos información que indicara que existiera un programa sistemático y estructurado para fabricar o construir un arma nuclear”.

Ahora, el director de la OIEA dijo que la mayor preocupación es el efecto político que el conflicto puede tener dentro de Irán. Sostuvo que un enfrentamiento militar podría fortalecer a los sectores más radicalizados del régimen, que desde hace años sostienen que el país debería tener armas nucleares para garantizar su seguridad. Que Irán estaba fabricando armas nucleares fue el argumento utilizado en junio de 2025 para que Estados Unidos e Israel bombardearan sus instalaciones nucleares. La actual situación aumenta el riesgo de que Irán llegue al arma nuclear para fortalecer su posición en el conflicto, generando el mayor de los riesgos.

Esta situación plantea los errores de cálculo que puede haber tenido la inteligencia estadounidense en la guerra que ha desatado en Medio Oriente. El primer día del conflicto, el 1° de marzo, el Jefe del Pentágono, Pete Hegseth, dijo públicamente que no había ninguna posibilidad de que la guerra en Irán derivara en una como la que libró Estados Unidos en Irak, en la cual tuvo 4.400 muertos en siete años, sin contar las bajas en las tropas aliadas.

A su vez, en la librada en Afganistán de 2001 a 2021, tuvo dos mil quinientos muertos. Hegseth se refería a la consigna de “No más botas en el terreno”, lanzada por el presidente Barack Obama después de ser asesinado Bin Laden, cuando parecía que Estados Unidos iba a poder abandonar Medio Oriente como principal teatro de operaciones. Pero esto no ha ocurrido con Obama, Biden ni en los dos periodos de Trump.

Para la inteligencia estadounidense, la no reacción iraní de junio de 2025 llevó al error de calcular que ahora sucedería lo mismo. Además también se estimó que el Estrecho de Ormuz, por el que pasa el 20% del petróleo mundial, no iba a ser bloqueado por Irán debido a las presiones de Rusia y China para comerciar entre ellos.

Pero quizás lo más sorprendente haya sido la reacción de designar al hijo del ayatolá Kahmenei, Mojtaba, como su sucesor, tras ser eliminado su padre por un misil estadounidense. El 9 de marzo la asunción del nuevo ayatolá a la presidencia se dio en el marco de un gran acto de masas, demostrando que los persas mantienen un apoyo popular importante y más allá del esperado por la inteligencia estadounidense.

En las guerras los fallos de inteligencia se transforman en errores de cálculo y estos, a su vez, pueden llevar a fracasos. La guerra de Irán contra Estados Unidos e Israel ha llevado a esta situación. Trump en repetidas oportunidades ha amenazado con matar al nuevo presidente de Irán (su colega israelí ha hecho otro tanto). Pero los días pasan sin que esto se concrete. Es más, los iraníes dijeron que el que debía cuidarse era Trump. A su vez, la inteligencia estadounidense hizo saber que el régimen iraní no está en peligro, algo sustancialmente distinto a lo que hacía trascender hace sólo dos semanas.

Esto ha empezado a debilitar su imagen en el frente interno, a ocho meses de la elección legislativa de medio mandato. El presidente norteamericano sigue recurriendo a frases grandilocuentes, como que ha destruido casi en su totalidad la flota iraní y especialmente su división antiminas, lo que no parece coincidir con los hechos. También ha reiterado que Estados Unidos tiene el mayor poder aéreo y por eso ha asegurado su triunfo en la guerra aérea. Pero el conflicto se ve afectado y realimentado por su aspecto económico. El precio del petróleo sube y baja de acuerdo a las operaciones y expectativas, pero ahora lo hace en torno a los cien dólares y no entre sesenta y ochenta, y esto afecta tanto a la macroeconomía como a la micro, y por ende al votante estadounidense.

La realidad es que las guerras se definen en el terreno y se ganan cuando se ocupa el territorio. La fuerza aérea y la armada juegan un rol importante y pueden decidir el conflicto, pero siempre en función del avance concreto de una fuerza terrestre, como se ve claramente en Irán en este momento.

Ya Trump el 3 de marzo comenzó a decir que estaba dispuesto a enviar tropas a Irán si fuera necesario y también sostuvo que el ejemplo de Venezuela era el mejor para analizar lo que iba a pasar en Irán, es decir un cambio de régimen incruento que podía realizarse sin tropas en el terreno.

Respecto a la situación en Ormuz, Trump prometió “fuego, muerte y furia” de continuar el bloqueo iraní, lo que todavía no ha sucedido (de hecho, China llegó a un acuerdo con Irán para tener un paso seguro por el estrecho sin ser atacada). Sin embargo, Estados Unidos también ha advertido que no puede escoltar a los buques petroleros en su paso por Ormuz. El nuevo líder supremo de Irán, por su parte, aseguró que no renunciará y que va a “vengar la sangre de sus mártires”. También prometió continuar los ataques en medio de crecientes bombardeos israelíes.

La extensión del conflicto también ha superado las evaluaciones de inteligencia. Estaban previstos -aunque no con tanta intensidad- los bombardeos de Irán sobre cinco de las seis Monarquías del Golfo: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Kuwait y Qatar (sólo Omán, en cuyas aguas el portaaviones Gerald Ford sufrió un incendio que fue controlado, quedó fuera de los mismos). En estos cinco países están desplegadas bases militares estadounidenses que en conjunto tienen cuarenta mil efectivos, a los que se suman dos grupos de portaaviones.

No estaban previstas acciones contra los otros tres países limítrofes de Irán: Turkmenistán, Pakistán y Afganistán, aunque en estos dos últimos casos se han desatado acciones militares entre ambos con centenares de muertos. Pero la situación más peligrosa quizás sea la posibilidad de que Estados Unidos entregue armas a las minorías étnicas de Irán: después de los persas (que representan el 60% de la población total del país y dan mayor apoyo al régimen de los ayatolas), los azeríes de origen turco (país que ya ha tenido choques militares con los persas) representan entre el 16% y el 24% y los kurdos entre el 7% y el 10%. Estos, a su vez, se han enfrentado en distintas épocas contra azeríes y persas.

La idea de armar a estas dos minorías étnicas es impulsada por un sector de la inteligencia estadounidense, que ya habría empezado a actuar en ese sentido, generando el peligro de una guerra civil en el país.

Por su parte, minorías israelíes han intensificado acciones violentas en Cisjordania contra la población beduina y el ejército israelí ha ocupado parte de El Líbano y está bombardeando Beirut, la capital del país, a la que amenaza con acciones más contundentes si no logra dominar a Hezbollah, lo cual es casi imposible que suceda. Lo cierto es que una extensión de la guerra entre Israel y esta organización terrorista es posible, independientemente de que uno sea un Estado y el otro una milicia.