
El presidente de la Nación, en su discurso de apertura de sesiones del año 2026, se autocelebró al afirmar que fue un gran acierto que Argentina fuera el primer país de la región en plantar bandera del lado de occidente.
Dijo que la Argentina ya dejó pasar dos veces el tren de la historia. Primero, en la Segunda Guerra Mundial, cuando la neutralidad costó décadas de marginalidad; Segundo, cuando al decirle no al ALCA quedamos afuera del mayor ciclo de expansión económica en la historia humana.
Señaló como una vergüenza tener el 30% de comercio exterior sobre el PBI cuando debiéramos tener el triple, cerca del 93%, y expresó que ese mejoramiento también se debe aplicar en defensa nacional.
Afirmó que el Atlántico Sur es el terreno de disputa estratégica de las próximas décadas: rutas comerciales, recursos naturales, soberanía marítima y la presencia creciente de actores que no comparten nuestros valores. Sentenció que quien lo controle, contará con una parte clave del trabajo global y que Argentina tiene que ser ese actor.
Frente a ese diagnóstico, pronóstico y propuesta, surge el incentivo de exteriorizar varias preocupaciones.
Dicho análisis lo utiliza para justificar la alianza con Estados Unidos e Israel.
Es imperioso que Argentina establezca una estrategia nacional que nos permita administrar integralmente el Atlántico Sur occidental, las Islas Malvinas y la Antártida de manera integrada con un poblamiento demográfico apropiado en nuestro territorio continental, ocupando pronta y racionalmente la Patagonia de un millón de kilómetros cuadrados.
Es esencial para ello tomar acciones concretas e inmediatas como el aumento del presupuesto en defensa a un mínimo del 1,5% del PBI, acercándonos a la media regional, y empezar a desarrollar la industria nacional naviera, aeronáutica, terrestre y de armamentos para el equipamiento del sistema de defensa nacional y sus fuerzas armadas en forma acorde a los requerimientos del siglo XXI.
Nuestro país no puede ser un mero espectador frente al expansionismo estadounidense, y si, como dijo, vamos a abrazar la doctrina Monroe ampliada (“América para los americanos”), son imprescindibles y urgentes las negociaciones que aseguren el apoyo a Argentina para el desalojo del Reino Unido de nuestras Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur como del “territorio azul” invadido, de casi dos millones seiscientos mil kilómetros cuadrados.
Dicha importancia y urgencia radican en que Argentina no podrá solucionar sus múltiples problemas políticos, económicos y sociales si la Corona Británica y su Reino Unido permanecen en el Atlántico Sur erosionando las riquezas y recursos estratégicos nacionales, afectando la legítima e imprescriptible soberanía y la manda constitucional que ha fijado como objetivo permanente e irrenunciable del pueblo la recuperación de las Islas y el mar correspondiente.
Argentina debe acordar con Estados Unidos el apoyo a Argentina en la recuperación y asegurar que no erosionará la reconstrucción de sus capacidades y del poder nacional.
Es indispensable una estrategia Nacional que nos haga tomar conciencia de que nuestra Patria son más de 11 millones de kilómetros cuadrados jurisdiccionales y que el usufructo de su 60% de mar nos puede dar el desarrollo necesario para el sostén económico del país con una visión estratégica de unidad y sinergia nacional, siendo ineludible la participación pública y privada en este escenario.
El mar es conciencia marítima, recursos marinos y actividades marítimas. Es presencia, comunicación y poder. Es petróleo y gas, energía oceánica y marina, pesca y acuicultura, minerales marinos (oro, tierras raras, cobalto, níquel, etc.), algas y micro algas, servicios, industria naval, comercio, turismo, producción, población, agua, humedad, puente de integración con nuestro campo y cordillera por medio de sus conexiones fluviales y vías férreas.
El mar es vida y desarrollo, y este desarrollo es trasversal a todos los pensamientos políticos y partidarios. Debe emanar y ser parte de una estrategia nacional.
Lamentablemente, no hubo alusión en el discurso presidencial a la importancia de la invasión británica de 2.600.000 kilómetros cuadrados insulares y marítimos, con proyección antártica terrestre y marítima sobre más de 4 millones de kilómetros cuadrados, y eso no educa conciencia marítima, ni soberanía, ni integridad territorial, ni seguridad nacional.
Hace falta llevar adelante una estrategia marítima que determine con decisión política las tareas de elaboración, gestión y ejecución de una política pública tendiente a la exploración y explotación de los recursos marítimos en forma efectiva, eficiente y sustentable ambientalmente, como así desarrollar los intereses estratégicos vinculados, como la industria naval para recuperación de la marina mercante, la de seguridad y defensa; la industria aeronáutica (aviones, helicópteros y drones para diversas actividades); la logística portuaria, industrial en general y, en particular; investigación científica y tecnológica; inteligencia artificial; metalmecánica; metalúrgica; empresarial; comercial; y urbana.
En síntesis, tenemos que diseñar una estrategia nacional y otra marítima con objetivos estratégicos. Planificar (palabra que en la actualidad es desechada por los políticos por las urgencias electorales) y ejecutar lo planeado con determinación y perseverancia hasta el cumplimiento de las tareas y el logro de los objetivos.
El presidente de la Nación explicó que el objetivo nacional estratégico está en la orientación de los capitales privados por medio del RIGI y el RENI a la minería y al petróleo en nuestra cordillera; a la Pampa Húmeda en la expansión agrícola ganadera; y a la Patagonia en la industria del conocimiento, con los data centers. Todas estas actividades son de bajo empleo y no tienen capacidad de recuperar la cantidad de puestos de trabajo que en estos años se perdieron. La recuperación debe basarse especialmente en la cantidad, calidad y actividad del capital humano, y el mar, sumado a todo lo anterior, puede generar millones de puestos de trabajo y acumular en el plazo de 20 años ingresos por más de 4 billones y medio de dólares.
La educación, el conocimiento, las competencias, el mar, el campo, la industria y el ambiente deben ser los ejes estratégicos de esta nueva visión de la Argentina. Ello nos permitirá la prosperidad económica y alimentaria, el trabajo suficiente para terminar con la desocupación, salarios dignos, jubilaciones que garanticen el sostenimiento y desarrollo en la vida adulta, la industria que fortalezca la necesaria autosuficiencia del país sin colisionar con los beneficios de la globalización, un saludable mercado financiero nacional y una palabra que no está en el diccionario de los políticos, que es la “longevidad”, ya que los recursos del mar en la matriz alimentaria de las personas garantizan la mayor expectativa de vida y salud de las personas.
Tenemos la oportunidad de elaborar y fijar una estrategia nacional sin ignorar el mar con todas sus oportunidades, recuperando la cuantiosa afectación y previniendo las amenazas, en unidad con todos los argentinos, dejando de lado las confrontaciones y divisiones egoístas para mantener el poder sectorial, pensando en el real y multifacético interés de todo nuestro pueblo y las generaciones venideras.
Sr. Presidente, necesitamos de SU conciencia marítima. Usted tiene la decisión.
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