El gobierno nacional acaba de lanzar con éxito un bono en dólares cuyo vencimiento será poco tiempo antes del inicio del próximo período presidencial. El rendimiento exigido por los inversores fue del 5,9%.
Esto implicó una brecha menor a la habitual respecto de títulos similares del Tesoro de los Estados Unidos que rinden un 3,5%, marcando una diferencia de 2,4%.
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El riesgo país, medido por JP Morgan, no es otra cosa que el promedio de esta diferencia de tasa -spread- para el conjunto de bonos emitidos por el país en sus distintos vencimientos. Actualmente, ese indicador se ubica en 545 puntos básicos (bp) o 5,45%.
Vale la pena analizar cómo varía el riesgo según el plazo de los bonos para extraer conclusiones sobre la influencia de la política y de las expectativas económicas.
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Si observamos los bonos con vencimientos menores a dos años, es decir aquellos que expiran antes de un eventual cambio presidencial, el riesgo país implícito es de 240 bp. Esto nos ubicaría en valores similares a los de Colombia y México.
Sin embargo, al extender el plazo a tres años —ya ingresando en un período posterior a un posible cambio de presidente— el riesgo asciende a 430 bp. ¡2% más por año! Alargando el plazo a 15 años, donde es altamente probable que se produzca al menos un cambio de signo político, el riesgo trepa hasta 560 bp.
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Visto desde otra óptica, que haya una probabilidad —no la certeza— de que no se mantengan las actuales políticas económicas le cuesta al país, por intereses en la deuda pública, cerca de 10.000 millones de dólares anuales. Puede que la magnitud de la cifra no signifique mucho en abstracto, pero equivale, por ejemplo, a la construcción de 20.000 kilómetros de rutas, o de 8.000 escuelas primarias, o a un aumento de 150 dólares mensuales en cada jubilación.
El impacto del riesgo país no es sólo en las cuentas públicas. Las empresas y cualquier consumidor debe soportar tasas de interés más onerosas al momento de pedir un crédito. El impacto de este mayor costo financiero es directo en la inversión y el consumo, reduciendo el crecimiento de la economía y el bienestar de la gente.
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Para finalizar, cabe recordar que durante la presidencia anterior el riesgo país superaba los 1500 bp. Ya se ha recorrido gran parte del camino, pero el objetivo debería ser converger a niveles cercanos a los 100 bp, como nuestros vecinos Uruguay, Chile y Paraguay.
Las variables económicas actuales permiten aspirar a ese nivel, pero aún pesa la desconfianza sobre el futuro. Seguramente sea necesario esperar un nuevo período presidencial en que se mantenga el rumbo económico, consolidando la credibilidad, para alcanzar este objetivo.
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