
El pueblo argentino profesa la religión católica, tiene fe y está en la Cuaresma de 2026. Las leyes de reducción de la edad de inimputabilidad penal, la reforma a la ley de glaciares y la ley de precarización del trabajo perjudican al pueblo y a la nación argentina. Contradicen, violan y vulneran los valores y las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo. Sobre la primera, se pronunció claramente la CEA, y doy por reproducidos aquí el rechazo y los fundamentos.
La ley de precarización laboral y sindical ignora los fundamentos de la justicia y la historia de lucha del movimiento obrero, la teología del trabajo, los principios de la DSI y la doctrina pregonada por Jorge Bergoglio cuando fue titular del arzobispado de Buenos Aires y durante su magisterio como papa Francisco.
El Sanedrín de Jerusalén, según los expertos en temas bíblicos, no condenó por unanimidad a Jesús; hubo disidencias y hubo irregularidades en los procedimientos, y los apóstoles huían después de la muerte de Jesús.
Esas leyes que por mayoría aprobó el Senado, incluyendo la ley de modificaciones a la ley de glaciares que hoy se publican, son una afrenta a la integridad nacional, a los pueblos y a la Iglesia, que acompaña preferencialmente a los pobres en sus derechos y en el camino del exilio de la pobreza, imitando a nuestro Señor Jesucristo y que ha recibido el precioso legado en materia de ecología integral del papa Francisco (Enc. Laudato si’).
Quienes las votaron favorablemente son una expresión manifiesta de antireligiosidad, negación de la palabra de Dios e indiferencia ante la pobreza y la defensa de la ecología. No vamos a enunciar aquí los detalles ni el carácter groseramente inconstitucional de las normas y de los procedimientos antidemocráticos expuestos con meridiana claridad por el presidente del bloque de Unión por la Patria. Procedimientos irregulares que no son una novedad en el seno de las relaciones entre legisladores y funcionarios del Ejecutivo.
Solo diré dos cosas más. En primer lugar, una remuneración justa por el trabajo es el presupuesto material de la libertad. Por eso, se puede afirmar que las disposiciones que directa o indirectamente cercenan la libertad del trabajador no son prácticas nuevas.

Se persigue a Cristo por orden de Herodes, se condena a Cristo por un colectivo amañado y se crucifica a Cristo por disposición de Poncio Pilato.
En segundo término, este cronista desea invitar a la gente y a los dirigentes, en especial a quienes forman parte del pueblo fiel de Dios, a hacer una reflexión sobre el momento en que casualmente se produce este debate y esta aprobación legislativa.
Este debate sucede durante los primeros días de la Cuaresma. Recordemos que la Cuaresma es el nombre que se le da a los cuarenta días anteriores al Jueves Santo. Ese jueves se recuerda el lavatorio de pies, la última cena, la institución de la Eucaristía, el arresto, la crucifixión y la muerte en la cruz, a la que sucede su resurrección.
¿Qué dice Jesús desde la cruz para pedir perdón por sus verdugos? “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Pero volvamos unos días atrás en el Evangelio y veamos lo que acontece entre Jesús y sus discípulos, con un tema que viene muy a cuento en el día de hoy, cuando vivimos estos atropellos y esta desolación.
Ascesis cuaresmal de la transfiguración
Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas concuerdan al relatar el episodio de la transfiguración de Jesús, que históricamente sucedió al inicio de la Cuaresma, cuando ocurrió lo siguiente:
El Señor anunció a sus discípulos que él habría de atravesar por la pasión, muerte y resurrección, y estos manifestaron incomprensión hacia él. Dudaron acerca de la veracidad de esos anuncios.
Según los evangelios, hubo un auténtico enfrentamiento entre el Maestro y Pedro, quien, tras profesar su fe en Jesús como el Cristo, Hijo de Dios, rechazó el anuncio de la pasión y de la cruz, y Jesús lo reprendió severamente: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mt 16,23).
Dicen los evangelistas que «seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17,1-9; Lc 9,28-36; Mc 9,2-10). El monte se presume que era el llamado monte Tabor (575 m s. n. m.) existente en la Baja Galilea.

El ejercicio que desarrolla Jesús en el monte Tabor consistió en una prueba de fe que era precisamente lo que necesitaban Pedro y los demás discípulos.
Eligió a Pedro, Juan y Santiago para que lo acompañaran hasta la cima del monte y así lo hicieron.
Jesús «se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz», dice Mateo 17,2. Subieron a la cima y, al llegar, la túnica y la figura de Jesús brillaron con una luz que no procedía del exterior, la irradiaba él mismo. La belleza divina de esta visión fue extraordinaria. En medio de la sorpresa de los tres testigos, ante sus ojos apareció Moisés y el profeta Elías conversando con Jesús. Pedro, extasiado, le ofreció a Jesús levantar unas carpas para permanecer allí, cuando una nube los cubrió y oyeron la voz de Dios diciendo: “Este es mi hijo muy amado, este es mi elegido, escúchenlo”. Pedro, Juan y Santiago cayeron en tierra y Jesús les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Ellos se levantaron, entonces vieron a Jesús solo, vuelto a la normalidad. A pesar de la invitación de Pedro para permanecer en la cima, el Señor les indicó que debían regresar y, en la bajada, les dijo que no dijeran nada de lo que habían visto y oído hasta después de su resurrección.

Las enseñanzas del papa Francisco entre la ascesis cuaresmal y la experiencia sinodal
La expresión “sínodo” indica el camino que recorren juntos los miembros del pueblo de Dios. El papa Francisco afirmó que “el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio” y lo convirtió en un programa que refuerce los cimientos de la propia Iglesia en tanto la sinodalidad “es dimensión constitutiva de la Iglesia” (17/10/2015, Discurso en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, recordando a san Pablo VI).
En 2017, en el discurso de apertura de los trabajos de la 70ª Asamblea General de la C. E. Italiana, dijo: “Caminar juntos es el camino constitutivo de la Iglesia; la figura que nos permite interpretar la realidad con los ojos y el corazón de Dios; la condición para seguir al Señor Jesús y ser siervos de la vida en este tiempo herido”. Y agrega: “Solo así podemos afrontar la complejidad de este tiempo, agradecidos por el recorrido realizado y decididos a continuarlo con parresía”. Por último, recordemos que Francisco convocó la XVI Asamblea de los Obispos con el tema: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. En pocas palabras, lo que nos interesa destacar es que ese “caminar juntos recorriendo la montaña” supone una convocatoria dirigida tanto a clérigos como a laicos a marchar juntos, un caminar que ponga en el centro de la reflexión la evangelización, donde “todos somos discípulos misioneros”. Convocatoria que también propone una mayor implicación en los ámbitos de la familia, el trabajo, la economía y la política.
El camino a la cima del monte es análogo al que denominamos camino sinodal. “Como en cualquier excursión exigente de montaña, a medida que se asciende es necesario mantener la mirada fija en el sendero; pero el maravilloso panorama que se revela al final sorprende y hace que valga la pena. También el proceso sinodal parece a menudo un camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino”.
Otros aspectos del suceso en el monte Tabor
“La experiencia de los discípulos en el monte Tabor se enriqueció aún más cuando, junto a Jesús transfigurado, aparecieron Moisés y Elías, que personifican respectivamente la Ley y los Profetas (cf. Mt 17,3). La novedad de Cristo es el cumplimiento de la antigua alianza y de las promesas; es inseparable de la historia de Dios con su pueblo y revela su sentido profundo. De manera similar, el camino sinodal está arraigado en la tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, abierto a la novedad. La tradición es fuente de inspiración para buscar nuevos caminos, evitando las tentaciones opuestas del inmovilismo y de la experimentación improvisada”.
“El camino ascético cuaresmal —decía Francisco en 2023—, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros este año, quisiera proponer dos ‘caminos’ a seguir para ascender junto a Jesús y llegar con él a la meta”.
“Cuaresma, dos caminos: ‘El primero. La voz que se oyó desde la nube dijo: «Escúchenlo» (Mt 17,5). Por tanto, la primera indicación es muy clara: escuchar a Jesús. ¿Y cómo nos habla? Si no podemos participar siempre en la misa, meditemos las lecturas bíblicas de cada día, incluso con la ayuda de internet. Además de hablarnos en las Escrituras, el Señor lo hace a través de nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda”.
“El segundo camino es muy importante en el proceso sinodal: escuchar a Cristo pasa también por la escucha a nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia, en el método y en el estilo de una Iglesia sinodal”.
No refugiarse. La Cuaresma está orientada a la Pascua. En la cima, cuando los apóstoles, impresionados por la voz de Dios, caen en tierra, allí el Señor nos repite: «Levántense, no tengan miedo». Bajemos a la llanura y que la gracia que hemos experimentado nos sostenga —ante cualquier suceso extraordinario— para ser artesanos de la sinodalidad en la vida ordinaria de nuestras comunidades”. Francisco. (Roma, San Juan de Letrán, 25 de enero de 2023, fiesta de la Conversión de san Pablo)
La Argentina del “todo vale” y el mundo actual
Zbigniew Brzezinski decía que, en una sociedad occidental plagada de riquezas naturales, con una abundancia material extrema, el consumismo desenfrenado y la obsesión por el consumo “perdulario” (agrega Methol Ferré) y la necesidad por una satisfacción inmediata de deseos, conducen a un “todo vale” que promueve un hedonismo que ignora principios éticos, llevando a una degradación cultural sin precedentes” ([Infobae, “El ateísmo actual y el papa Francisco” (02/03/2019)] y [“Esclavitud química”: las noches de alcohol y drogas y su vínculo con los hechos criminales” (22/01/2023)].
Una Argentina desierta, repleta de mediocridades, injusticias, vanidades, sufrimientos, corrupción, compraventa de votos en los poderes Legislativo y Judicial, agnosticismo y ausencia de fe. Gobiernos que hacen ajustes en la economía por abajo y ceden privilegios por arriba. Una tierra llena de recursos que el Creador nos dio para el disfrute de “todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”; invocando la protección de Dios…” (Preámbulo de la C.N.), acumulados por una minoría que alega la libertad pero practica la cornucopia permisiva, proclama la libertad y es responsable de la no libertad material de dieciséis millones de pobres. Entrega los recursos naturales de la Nación y de las provincias en negociaciones oscuras con multinacionales extranjeras, sin dar explicaciones ni rendir cuentas de lo acordado.
Esa es la Argentina de hoy, consecuencia de una cultura política degradada por una democracia en la que quedaron instalados el neoliberalismo económico, el autoritarismo político y las estructuras de la corrupción de las dictaduras cívico-militares.
La multitud escucha la palabra de Jesús en el monte Tabor. Las enseñanzas claras, contundentes, abrazadoras, que tocan cada una de las fibras de las almas a las que llegan para siempre por medio de sus pastores. En países como el nuestro, donde la negación injusta de la falta de trabajo está institucionalizada, las riquezas se reparten entre una minoría que cuenta con el favor del Demonio. “La Cuaresma llama, dándole a nuestros sufrimientos, a nuestra sangre, a nuestro dolor, el mismo valor que Cristo le dio a su situación de pobreza, de opresión, de marginación, de injusticia” (Arzobispo de El Salvador asesinado y santificado por el papa Francisco, Óscar Romero, Homilías, 6:339). “La Cuaresma no pide una actitud de conformidad con el statu quo, sino una conformidad audaz con la pasión de Cristo, ‘que redime al mundo y al pueblo’ (idem aut., opus, lug.cit.) (…) los cuarenta días de preparación disponen a las personas en el Plan de Dios para salvar a los pueblos de sus inequidades e injusticias…” “Muchos proyectos políticos pierden su rumbo porque carecen de una comprensión adecuada del ser humano”. “Cristo, colocado en la cumbre del Tabor, es la imagen bellísima de la liberación” (idem aut. cit. op. cit.).
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