
En los países serios la política defiende a aquellos sectores productivos imprescindibles para la inserción y el desarrollo laboral de sus ciudadanos. No es el precio el que determina la coyuntura, las decisiones, sino los habitantes, como es el caso de Francia, que protege con obstinación a su sector agrícola que, no siendo central, hace al trabajo y a su tradición.
El cierre de la histórica fábrica nacional de neumáticos Fate fue un golpe duro tras la caída y cierre de tantas pequeñas y medianas empresas en el proceso de concentración del gobierno de Milei y luego de la decisión de comprar los caños de un gasoducto a los indios y dejar de lado el trabajo de los argentinos como si los montos fueran más importantes que las necesidades de la sociedad.
El artículo de la Ley de Reforma Laboral que planteaba la pérdida de salarios a los enfermos terminales fue la gota que colmó el vaso de la supuesta norma modernizadora. Pretendía integrar a los que estaban fuera del trabajo formal para terminar en un gesto de daño que hasta el momento nadie quiso o se atrevió a asumir, como si esa conciencia de esclavitud fuera el límite que, en su perversión, el Gobierno y sus adeptos no se animan a desnudar. Se suma a este hecho aberrante el de privar de gastos y riesgos a las empresas cubriendo sus compromisos con el dinero de las jubilaciones, otra desmesura que nunca hubiéramos llegado a imaginar. Pensar que los juicios laborales de los grandes consorcios sean cubiertos con la necesidad de los más vulnerables, con la pobreza de los jubilados y sus cajas, es una atrocidad que marca la idea del retorno a los peores momentos del ser humano, a la esclavitud. Homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre), una vez más en la historia. Durante la sesión del Parlamento del jueves, mientras se desarrollaba el paro nacional, y más allá del ataque a los derechos de los trabajadores que representa la Ley, pudieron escucharse discursos de nuevos referentes políticos que nos devuelven cierta propuesta reflexiva. Tampoco faltó el humor y así, hubo quien propuso un desagravio a Borocotó. Es que nos exceden los personajes menores que adaptan su voto a las necesidades de la coyuntura, sean estas provinciales o personales, nunca lo sabremos.
El señor Ministro Federico Sturzenegger fue tal vez el único en intentar una defensa de esta atrocidad a la par que ubicaba a su señora esposa en una licitación directa de Cancillería donde se paga un valor desmesurado por las horas cátedra. Históricamente y hasta 2018, fueron los docentes del Instituto Superior en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández” quienes se ocuparon de dicha tarea. No es necesario aclarar que este instituto de formación de profesores y traductores en lenguas extranjeras nació estatal en 1904 y hoy depende del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Es decir, sigue siéndolo y por lo tanto, no es una cuestión entre privados, como gusta decir Milei. Resulta, entonces, que aquellos que dedicaron su vocación por las lenguas fueron, en otros tiempos, más importantes que quienes logran hoy ser beneficiarios de ventajas maritales. Con este gesto del desregulador máximo, se evidencia la patética visión que de la sociedad tienen los ricos sin límite en su capacidad codiciosa de quedarse con todo.
Algunos gobernadores que, en un principio, mostraron una imagen digna y parecían ser la expresión de una esperanza futura fueron cayendo lenta e inexorablemente en un nivel de mediocridad que los dejó sumidos en la pusilanimidad de quienes arreglan sus cuentas sin que les importe la dignidad mínima que le deben al pueblo que los votó.
Lo que se destruye está a la vista y es excesivo. Aquello que vendría a suplantar la capacidad industrial que tuvimos y que sobrevivió incluso durante las dictaduras es hoy la posibilidad de los sectores extractivistas que poco y nada van a generar en cuanto a empleo y, mucho menos, a riqueza para nuestra nación.
El dólar baja mientras quienes juegan al interés bancario se enriquecen y volverán a adquirirlo en el momento en que se produzca el eterno y reiterado estallido tantas veces por nuestro pueblo. La expansión del número de los argentinos perjudicados por este gobierno lo deja en incapacidad de ganar una elección, salvo que como el oficialismo imagina, la oposición sea incapaz de construir una alternativa o vuelva a presentar a figuras tan oscuras y nefastas que compitan en su desprestigio con Milei y los suyos. Los medios de comunicación ya ni siquiera albergan a sectores capaces de transitar la opinión libre, son fanáticos mayoritariamente del oficialismo, y la minoría que se une al pasado carece de posibilidad alguna de ser una alternativa. Como siempre, el fanatismo de los oficialistas crece en la misma proporción que los errores de su gobierno. Incapaces de ingresar en el espacio de la duda, exasperan los vericuetos verbales de defender lo indefendible. Por ejemplo, aunque la corrupción de la AFA sea indiscutible, la pasión de los medios por expresarla reiterada y patéticamente conlleva el sueño de privatizar también al fútbol, cuyos grandes clubes, gracias a sus ingresos, logran sostener al resto de las actividades deportivas.
Escuché a alguien a quien respeto decir que Perón desde el exilio había nombrado a Vandor para que le entregara las obras sociales a los sindicatos. Era tan traída de los pelos la idea que pensé que solo el odio permite a algunos reivindicar su proyecto. La entrega de las obras sociales a los sindicatos fue un paso dado en la Dictadura con la voluntad de tener una estructura gremial adicta, y en rigor, Vandor idea un partido laborista muy distante del peronismo que siempre intentó ser un partido de concepción capitalista, es decir, desarrollando su propia burguesía industrial. Brasil lo logró con holgura y nosotros jamás pudimos alcanzarlo. En ese sentido, recordemos nuevamente el discurso del Primer Ministro canadiense en Davos, que definió un punto de inflexión donde se agotan los fanatismos para recuperar el sentido común que la política tanto necesita en favor del bienestar de los pueblos.
Quizás la rebeldía de la policía de Santa Fe haya marcado el primer paso y lentamente se vayan dando respuestas similares, que dejen al destructivo gobierno de Milei impotente de volver a ganar una elección. Sin embargo, la desocupación y la miseria seguirán creciendo mientras no retorne la política, ese lugar donde democráticamente nos hacemos responsables de los intereses colectivos. Los empresarios son necesarios –ninguna duda al respecto- , pero es intolerable admitir que sean ellos quienes diagramen la sociedad ni pretender que se hagan cargo de los más débiles, como tantas veces hemos sugerido desde esta columna.
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