La calesita de Instagram giró enloquecida entregando las imágenes de una semana rocambolesca. Fragmentos astillados de una realidad política vertiginosa que se presenta en modo ficción. La política giró en modo show business, dominando la extensa jornada de debate electoral.
Gritos, insultos e imprecaciones. Escenas para las redes. Una legisladora, Florencia Carginano, fue grabada cortando cables de la consola de los taquígrafos para impedir el debate; un diputado arrojando una cadena sobre la mesa del presidente del cuerpo.
La refriega discursiva por la pretendida modernización de la legislación del trabajo fue virulenta. Regresiva, inconstitucional, esclavista, fueron solo algunas de las calificaciones con las que se enfrentó a la ley.
Sobre la madrugada del viernes, Diputados dio media sanción a la controvertida ley de reforma laboral. Mucho más allá del palabrerío, los votos estaban debidamente abrochados. Se sabía, pero nadie quería dejar de decir lo suyo.
La oposición kirchnerista llevó la voz cantante. Había que salvar la piel. La carga de artillería apuntó al peronismo dialoguista que encarnan los gobernadores que se aliaron aportando quórum y votos a la propuesta libertaria.
Salta, Misiones, Neuquén, San Juan y Tucumán hicieron su contribución invalorable, pero lo que terminó de definir el quórum fue el subrepticio ingreso de los tres diputados catamarqueños que responden a Raúl Jalil.
“Traidores”, los llamaron desde el kirchnerismo puro y duro.

El fantasma de la “Ley Banelco”, el caso de las coimas en el Senado de la Nación que marcó el principio del fin del gobierno de Fernando de la Rúa, recargó la diatriba de los K. “Chorros”, les espetó sin recato alguno Vanesa Siley a sus otrora conmilitones partidarios.
“El Congreso se llenó de therians que se autoperciben ratas y votaron la ley”, dijo Rodolfo Aguiar, secretario general de ATE, Asociación de Trabajadores del Estado.
“Nobleza obliga, el presidente Milei tenía razón. El Parlamento es un nido en el que hay bastantes ratas…”, posteó en X, adjuntando una imagen generada por IA que nuestra a los legisladores travestidos como roedores.
La jornada legislativa fue pura ganancia para el oficialismo. Con la calle en llamas y un paro nacional en curso, se logró la media sanción de la ley. La feroz grieta expuesta del peronismo fue un bonus track.
La decisión de borrar de un plumazo el maléfico artículo 44, que reducía drásticamente los montos a recibir por los trabajadores en caso de enfermedad o accidente ajenos a la escena laboral, despejó el trámite.
Federico Sturzenegger parece haber quedado como el chivo expiatorio de un traspié que pudo haber costado el derrape de la emblemática ley. La fogosa convicción con la que el “coloso” defiende las cuestiones más extremas empieza a pasarle factura desde adentro.
Los reels de Instagram que mostraban a los legisladores desencajados de ira contra sus pares, forzando escenas pensadas para sumar likes, perdieron frente a la imagen —no menos desacatada— del mismísimo Milei cantando Burning Love de Elvis Presley, abrazado al líder nacionalista húngaro Viktor Orbán.
La escena, de corte netamente surrealista, se produjo en el encuentro del Consejo de la Paz en Washington. “Si seguimos así, nos van a separar”, sumó Orbán en las redes. Mucho para un solo día.
La escena internacional suele exacerbar la excitación del león libertario. Muy especialmente esta vez, tras recibir nuevos elogios de Trump. En el mismo acto, Milei puso a disposición el envío de los Cascos Blancos a la Franja de Gaza.
El Presidente afirmó que su gobierno cree “en una diplomacia que asume riesgos para alcanzar la paz”. Amigos son los amigos.

Otra imagen de la semana fue la de los trabajadores de FATE que alcanzaron la terraza de la planta en un intento desesperado de resistir el cierre de la fábrica que dejó a 900 familias en la calle.
La decisión de Javier Madanes Quintanilla, el dueño de FATE, de cerrar las puertas de su emblemática empresa en vísperas del debate de la ley laboral y del paro cegetista desató la ira de Milei.
“¿Conspiranoico yo? Fin.”, escribió en las redes. El oficialismo reinterpretó rápidamente el cierre de FATE y, en orden a hacer control de daños, inscribió el episodio dentro de la “batalla cultural”.
Lejos de analizar la decisión empresarial como una consecuencia del contexto económico y de las dificultades que enfrentan las empresas en las actuales condiciones del mercado, el gobierno apuntó directamente a Madanes Quintanilla.
El cierre de FATE queda narrado como una decisión política del empresario orientada a presionar al Gobierno: una jugada sucia de un típico empresario acostumbrado a tratos prebendarios, y en ningún caso como un efecto colateral del modelo económico.
Según fuentes cercanas al Presidente, Milei consideró que la empresa eligió el momento del anuncio para forzar la agenda del Gobierno, específicamente el acuerdo comercial con Estados Unidos (que implicaría bajar aranceles al aluminio, donde Madanes también tiene intereses).
Milei no respondió al cierre de FATE como economista, sino como narrador político: no discutió costos ni mercado; discutió lealtades y traiciones.

El efecto es doble: no solo desvincula al Gobierno de las consecuencias de fuerte impacto social, sino que activa el ingreso de una nueva categoría de enemigos a la batalla cultural: la casta empresarial, los prebendarios, los “empresaurios”. Una nómina a la que ya se subió sin piedad alguna a Paolo Rocca, CEO de Techint, a quien el jefe de Estado le clavó el mote de “Don Chatarrín”.
Al replicar toda la andanada de posteos críticos de los militantes libertarios contra Madanes Quintanilla, dueño de FATE y Aluar —en los que se lo emparentó con los gobiernos kirchneristas, el inefable Guillermo Moreno y los beneficios del “cepo cambiario”—, Milei saca del debate la problemática de la apertura de la economía y el impacto del ingreso de importados en el panorama industrial.
A horas de conocerse el intempestivo cierre de FATE, la UIA emitió un durísimo comunicado que no coincide precisamente con los argumentos oficiales.
Luego de expresar su profunda preocupación por el cierre de FATE, la UIA advierte acerca de la pérdida de 65.000 puestos de trabajo en los últimos dos años, lo que representa un 5,4% del total. El comunicado enmarca estos datos en un contexto de situaciones de competencia internacional fuertemente distorsionadas.
Los industriales reclaman “que se nivele la cancha”: igualdad de condiciones para competir, un esquema impositivo razonable, financiamiento accesible, infraestructura eficiente y un marco laboral moderno.
Aun los empresarios que más coinciden con los lineamientos de política económica que impulsa Milei y que son optimistas en cuanto a la marcha de la macro miran con preocupación el desfasaje de los tiempos de la transición, que genera apertura sin convergencia competitiva y que impacta fuerte en la destrucción de empleos e industrias.
Un alto empresario consultado sobre estas cuestiones asegura no ver sectores con capacidad de reactivar la economía, a excepción de la construcción, siempre y cuando se incentive la obra pública y se habiliten créditos hipotecarios en dólares para activar el sector.
Milei cierra la semana con mucho para festejar. Los tiempos se cumplieron y, en la mañana de este viernes, el texto aprobado por Diputados obtuvo dictamen en un plenario de comisión. Está todo dado para que el Senado la trate ya el próximo viernes y para que Milei pueda cumplir el objetivo de presentar esta ley en la apertura de las Sesiones Ordinarias.
Queda pendiente el más caliente de los debates: cómo equilibrar los tiempos de la transición que propone el modelo económico mileísta. La apertura importadora permite sostener la inflación a la baja, pero con costos sociales cada vez más altos.
Según un estudio de la consultora PxQ, las importaciones medidas en valor aumentaron un 25% en 2025. La apertura estuvo a la par de una contracción de la producción local, que retrocedió un 4% desde agosto de 2024.
La consultora Equilibra tituló su último informe “El mercado interno en disputa: producción nacional versus importada”. Los sectores críticos bajo presión importadora son textiles y calzado, sustancias y productos químicos, metales comunes, vidrio y cerámica, estos últimos ligados a la construcción.
La apertura importadora funcionó como ancla de precios, pero los costos en términos de empleo fueron elevados. El Gobierno privilegia la desinflación por sobre el empleo y la producción. Una decisión que implica asumir riesgos políticos. La paciencia social no es infinita y está directamente ligada a una condición básica: el acceso a una vida digna, que para la mayoría sigue dependiendo del trabajo.
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