
Desde la llegada de Javier Milei al poder, Luis Caputo al Ministerio de Economía, y Santiago Bausili a la presidencia del Banco Central, quienes apostaron a la tasa y al peso obtuvieron una ganancia del 88% en dólares, lo que representa una tasa acumulativa anual del 37,1% en esa moneda. Este resultado, presentado como un logro, expone cómo la manipulación de la tasa para frenar la suba del dólar está perjudicando el desempeño de la economía real.
La pregunta que omiten quienes celebran esa rentabilidad del 37,1% anual en dólares mediante carry trade es: ¿en qué invierte el banco mis ahorros en pesos para ofrecer tal rentabilidad? Dado que la entidad financiera también debe obtener ganancias por su intermediación, la tasa efectiva para inversiones productivas debería superar el 37,1% anual, situándose alrededor del 45% anual en dólares.
Ninguna actividad económica lícita puede sostener una tasa de interés de esa magnitud y devolver el capital más los intereses; solo sectores ilícitos como el narcotráfico podrían acercarse a esos niveles de rentabilidad. Cuando la tasa de interés resulta inconsistente con la dinámica de la economía real, el impacto negativo es inevitable.
Ninguna actividad económica lícita puede sostener una tasa de interés de esa magnitud y devolver el capital más los intereses; solo sectores ilícitos
En Argentina, resulta un error comparar la tasa de interés únicamente con la inflación, ya que la moneda de referencia es el dólar. Por eso, corresponde contrastar la tasa de interés con la evolución del tipo de cambio. El inversor no busca superar la inflación, sino ganarle al dólar.
Utilizando el ejemplo del seguidor de Milei, un inversor que entra con USD 1 millón y sale con USD 1,37 millones transforma sus dólares en pesos y luego, al realizar la ganancia, vuelve a demandar dólares por el monto invertido más intereses. Este ciclo promueve una fuerte inestabilidad futura, como ocurrió con la tablita cambiaria, el Plan Primavera y la operatoria con Lebac, que desembocó en el salto cambiario de abril de 2018.
Algunos sostienen que ahora la situación es diferente porque el Tesoro exhibe superávit fiscal. Sin embargo, ese superávit no es de tal magnitud y, si lo fuera, implicaría un ajuste excesivo sobre el sector privado.
El nivel actual de tasas de interés está generando dificultades en el sector real, no solo por el estancamiento de la actividad económica, sino también por el aumento de la morosidad de las familias en el pago de deudas.

Según datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la mora de las familias en el pago de créditos sobre el total de la cartera bancaria pasó del 2,8% a comienzos de 2025 al 8,6%, reflejando un grave deterioro en los ingresos que impide afrontar los compromisos de tarjetas y préstamos personales. Los créditos prendarios e hipotecarios muestran índices de mora considerablemente más bajos.
En el caso puntual de las tarjetas de crédito, la morosidad subió del 3,6% a inicios de 2025 al 10,5% en diciembre. Con bancos cobrando tasas efectivas anuales cercanas al 120% para financiar pagos con tarjeta, la insolvencia del sector privado, especialmente en los hogares, se vuelve evidente.

Entre las empresas, la mora sobre el total de la cartera crediticia saltó del 0,77% a principios de año al 2,2% en noviembre. Sostener la calma cambiaria mediante el carry trade deriva en mayor morosidad, pero, más relevante aún, impide financiar tanto el consumo como la inversión, que son motores clave para el crecimiento económico.
Con tasas de interés tan elevadas, la financiación del consumo se vuelve inviable y la inversión, aún más remota. Sin un mercado interno dinámico ni reactivación exportadora -salvo excepciones como petróleo, minería y agricultura-, la toma de crédito productivo resulta inviable.
Para los bancos, prestar a empresas que buscan invertir en el sector real constituye un riesgo de iliquidez, dada la estructura de depósitos a 30 días y la volatilidad inherente al carry trade
Además, para los bancos, prestar a empresas que buscan invertir en el sector real constituye un riesgo de iliquidez, dada la estructura de depósitos a 30 días y la volatilidad inherente al carry trade.
El costo de mantener estable el tipo de cambio desde agosto hasta principios de 2026 es el estancamiento económico.

El Gobierno logró estabilizar el tipo de cambio, pero no consiguió frenar el aumento del Índice de Precios al Consumidor (IPC) desde mediados del año pasado y, al mismo tiempo, la economía sufre una caída en la actividad, pérdida de empleo y cierre de empresas.
La estrategia de tasas y política cambiaria requiere una revisión profunda, dado que no está logrando los objetivos antiinflacionarios y, en materia de actividad, la situación se agrava.
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