El ciberamor después del amor

Más de un tercio de los casos reportados de estafas románticas indica que el engaño comenzó con mensajes en Instagram o Facebook y luego migró a plataformas como WhatsApp o Telegram

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Los mayores de 40 años
Los mayores de 40 años -especialmente entre 50 y 65- son los más proclives a caer en las estafas románticas (Imagen ilustrativa Infobae)

Casanova -aventurero, libertino, seductor y escandaloso- tenía, sin duda, un gran carisma personal, vasta cultura y una vida colmada de anécdotas que sabía narrar con brillo. Utilizaba su fama para despertar curiosidad y se movía con habilidad en la vida social, buscando invitaciones que ampliaran su red de contactos. El patrón no ha cambiado demasiado: hoy, la soledad y el desarrollo de nuevas tecnologías han contribuido al crecimiento sostenido de las estafas románticas.

El número de adultos que recurren a internet para conseguir citas se ha duplicado en los últimos tres años. Si bien estos fraudes pueden afectar a personas de cualquier edad, los mayores de 40 -especialmente entre 50 y 65- son los más proclives a caer en este tipo de engaño. No obstante, esta modalidad también apunta a menores de edad, que pueden ser extorsionados no solo por dinero, sino también mediante la obtención de contenido íntimo autogenerado.

El arte de conocer gente cara a cara parece haber cambiado para siempre, en parte por pruritos, temores y advertencias bien intencionadas que a veces se interpretan como potencial acoso. “Vivo en otra provincia”, “estoy en otro país”, “soy militar y trabajo en una base secreta”, “estoy en una explotación petrolera”, “soy marino”, “estoy preso”, “tuve un accidente”, “estoy enfermo”, “no puedo caminar”, “tengo problemas con mi pasaporte”, “puedo ayudarte a ganar mucho dinero con criptomonedas”. Las excusas se repiten. Se estima que alrededor del 15% de los perfiles en redes y apps de citas son falsos, y que el nivel de denuncias de las víctimas es muy bajo, cercano al 20%.

Las estafas románticas adoptan múltiples formas. Más de un tercio de los casos reportados indica que el engaño comenzó con mensajes en Instagram o Facebook y luego migró a plataformas como WhatsApp o Telegram. Los delincuentes pueden sostener conversaciones durante meses para generar confianza. Inventan historias sobre familiares enfermos, crisis financieras o situaciones dramáticas inexistentes para lograr transferencias de dinero.

Cada vez es más frecuente el uso del método de love bombing: una técnica de manipulación emocional basada en una avalancha de atenciones, halagos y supuestos obsequios desde el inicio del vínculo.

Buscan robar el corazón y el dinero. La adoración extrema inicial, seguida por etapas de distanciamiento, funciona como táctica para bajar defensas. El estafador comienza a extraer información para detectar vulnerabilidades y luego interrumpe el flujo de afecto para pasar a la siguiente fase, lo que en psicología se denomina “devaluación”. Puede desaparecer sin aviso y reaparecer después con nuevas demostraciones de cariño, aumentando así el control sobre la víctima, cuyos niveles de ansiedad y dependencia ya se han intensificado.

En estas maniobras, el delincuente utiliza una identidad falsa en línea para ganarse el afecto y la confianza de su objetivo. Es la técnica conocida como catfishing: apropiarse de la identidad de otra persona en redes sociales o plataformas de citas.

Aprovechando el auge de estos servicios, los ciberdelincuentes operan en Tinder, Bumble, Happn, Badoo, Second Love, Grindr, entre otros. Suelen usar imágenes de personas reales -a veces víctimas de abusos- para dar verosimilitud al perfil. Todo suele comenzar con un match, luego un like o follow, que deriva en conversación y posterior vínculo emocional. Construyen un personaje atractivo en lo físico e intelectual y, a medida que avanza el diálogo, dicen haber sufrido abusos o maltratos para despertar empatía. Incluso pueden compartir imágenes perturbadoras para sostener el relato. Así fabrican la ilusión de una relación cercana con el fin de manipular y robar cuando las defensas están bajas.

El estafador intenta consolidar la relación con rapidez, congraciarse y ganar confianza.

Puede hablar de matrimonio o de un encuentro personal que nunca sucederá. Sin excepción, llegará el pedido de dinero. Quienes cometen estas estafas son expertos en su oficio y resultan convincentes, afectuosos y verosímiles. Operan en la mayoría de las plataformas de citas y redes sociales.

Considerá y compartí:

  1. Cuidado con lo que publicás en redes sociales. Los estafadores utilizan esa información para perfilar y manipular.
  2. Investigá la foto y el perfil mediante búsquedas en línea para verificar si la imagen, el nombre o los datos aparecen en otros contextos.
  3. Desconfiá de perfiles demasiado perfectos o de quien pide rápidamente abandonar la plataforma para comunicarse por otro medio.
  4. Prestá atención si intenta aislarte de familiares y amigos o solicita fotos o datos financieros que podrían usarse para extorsión.
  5. Sospechá si promete encuentros presenciales que siempre se frustran por excusas reiteradas. Si tras meses no hay encuentro real, es una señal de alerta.
  6. Nunca envíes dinero a alguien con quien solo hayas tenido contacto en línea o telefónico.