
Luego del triunfo contundente obtenido en las elecciones del pasado 26 de octubre, el gobierno de Javier Milei inició la segunda parte de su mandato atravesado por lo que podría definirse como una suerte de segunda luna de miel. Al respaldo de las urnas se añade una oposición en estado de shock, sumamente debilitada y fragmentada, sumado al apoyo de la Casa Blanca, más allá de los interrogantes respecto a la continuidad del mismo.
Los vientos favorables para el oficialismo nacional se reflejan a su vez en el incremento de su base de apoyo en Diputados, superando todas las previsiones y que le ha permitido a LLA constituirse en la primera minoría en la Cámara Baja. Un panorama que contrasta con la marcada debilidad de LLA en el Congreso apenas asumió la presidencia Javier Milei, y que se evidencia en la aprobación de las primeras iniciativas, más allá del rechazo al capítulo XI en el Presupuesto 2026 que proponía derogar las leyes de emergencia en discapacidad y financiamiento universitario.
Este nuevo escenario implica asimismo en una presión adicional en términos de expectativas desde la perspectiva de la opinión pública, tal como se revela en las encuestas.
Atendiendo a los múltiples desafíos que ha decidido encarar el gobierno libertario en el futuro próximo, que se han planteado en el marco de las denominadas reformas de segunda generación (laboral, tributaria, etc.), a partir de una encuesta realizada por la consultora Equipo Mide a principios de mes, se indagó entre la población general cuáles considera que serán los principales logros de la gestión de Javier Milei durante la segunda mitad de su mandato. El objetivo se basa en analizar desde la perspectiva de la opinión pública cuáles se supone habrán de ser los tópicos de la agenda propuesta sobre los que el gobierno se espera que pueda avanzar en esta etapa.
En consonancia con lo esperado, el clima de polarización surge como una variable central al momento de dar cuenta del antagonismo radical entre las dos visiones mayoritarias que definen el mapa político. Así, uno de cada dos encuestados que manifiestan haber votado por Sergio Massa en el balotaje de 2023, no reconocen el potencial de alcanzar ninguno de los objetivos propuestos por el primer mandatario. En todo caso, solo un 4% de ese segmento le reconoce la baja de la inflación como mérito, en base a lo cual proyecta un avance en esa dirección.
Por lo demás, las expectativas en esa población revelan un cuadro de deterioro a futuro en el área social y en el resguardo de la soberanía y el patrimonio del país: prácticamente uno de cada diez entrevistados avizora un incremento de la pobreza y asume que la agenda futura estará orientada con foco en las privatizaciones y la “entrega del país a Estados Unidos e Israel”, con un enfoque programático que se considera orientado pura y exclusivamente para la población de ingresos más altos: “buscar cambios impositivos que favorezcan a quienes más tienen y quieren seguir acumulando sin dar explicaciones” sugiere un entrevistado.
Como contrapartida, quienes aducen haber optado por Javier Milei en la misma elección de 2023, aguardan un escenario de crecimiento y reactivación económica para el futuro, más allá del sostenimiento de la reducción de la inflación y del superávit fiscal que parecerían constituirse en un activo adquirido por la actual administración. Este clima de opinión se expresa bajo esta visión desde la lógica de “elijo creer”: “va a bajar mucho más la pobreza y la inflación, van a haber nuevas reformas para beneficio de la gente y no de la casta”.
Desde esta perspectiva, se reconoce a su vez en este segmento a un sector que expresa una mayor tolerancia en términos temporales para obtener resultados favorables: “cumplir con la mayoría de sus anuncios, el paso a paso: no se puede pedir todo en cuatro años, es un proceso largo; hasta ahora se va cumpliendo, pese a la casta y la justicia”.
Es para destacar en este contexto la presión que dicha expectativa podría ejercer sobre el gobierno ante una eventual imposibilidad para dar respuesta a esa demanda: “que comience el crecimiento”. En consonancia con los registros obtenidos por esta misma encuesta ante la consulta por las principales preocupaciones de los argentinos en la actualidad, es en torno a la pobreza y la desocupación donde se evidencian las mayores inquietudes de la población del país.
Es interesante notar la racionalización que se verifica entre algunos entrevistados en este sector que describen la dinámica del círculo virtuoso que se supone podría desencadenar el esperado “derrame”: “con nuevas leyes laborales los empresarios contratarán más empleados, lo cual habrá más aporte para los jubilados y habrá más consumo”.
Merece subrayarse que solo un 13% hace referencia, al menos de manera espontánea, a algunas de las principales reformas propuestas desde el gobierno nacional para esta segunda fase: 7% con relación a la reforma laboral y 6% con respecto a la reforma impositiva.
Resulta revelador el hecho de que un 7% de quienes se definen como votantes del economista libertario en la última elección presidencial incluyen como una de las expectativas para este segundo tiempo el combate a la corrupción que, a juzgar por las respuestas proporcionadas, parece identificar casi exclusivamente en las filas del kirchnerismo. En un año en el cual se han planteado distintas acusaciones en torno a la actual administración vinculadas con hechos de corrupción (audios de Spagnuolo, $Libra) es significativo que un porcentaje no desdeñable de su electorado considere que dicho flagelo solo “estaría afuera” y no implicaría a ningún referente del gobierno. En palabras de los encuestados, las menciones al respecto apelan a “el fin de la corrupción kuka”; “ojalá termine de enjuiciar y encarcelar a toda la dirigencia política sindical corrupta que se creó en los últimos 30 años”; “limpiaron toda la corrupción de estos años”.
Enormes desafíos por venir y, una vez más, la moneda está en el aire.
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