Milei se fue a los caños

El Presidente apuntó contra el CEO de Techint tras la licitación de suministros para un gasoducto que ganó una empresa india. Tomó a Paolo Rocca como antagonista simbólico, lo ubicó como referente del empresariado prebendario. “Don Chatarrin, de los tubitos caros”, fustigó

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Milei termina enero recargado. Montado en el “tour de la gratitud”, se dedicó a profundizar su perfil de líder disruptivo, transitando escenarios tan vibrantes como extremos.

Entre Amor salvaje y El rock del gato, sumó capas de argentinidad a su multifacético avatar político.

En Jesús María se zambulló en la multitud festivalera. Lo anfitrionó Oscar “Chaqueño” Palavecino, referente excluyente de la Argentina profunda.

Nacido en el remoto paraje de Rancho El Ñato, en la triple frontera —donde Argentina, Bolivia y Paraguay se juntan—, el salteño es, para las mayorías invisibilizadas, mucho más que un cantante popular. Su sola cercanía transfiere identidad y empatía. Puede que Milei y el Chaqueño vuelvan a compartir escenario. La “chaya riojana” ofrece un altar imperdible para contactar con las profundidades del ser nacional.

La cercanía con Fátima Florez desata otro tipo de vibraciones. Hubo rock, hot y complicidades al oído. La movida encendió en muchos las fantasías de un romance icónico, pero también recalentó críticas que se viralizaron. Donde muchos creen ver a un Presidente encendido y sensualmente intenso, otros advierten una recurrente “desconexión con la realidad”. El Gobierno parece haber acusado recibo.

A poco de bajar de las tablas marplatenses, el Ejecutivo declaró por DNU la “emergencia ígnea” para cinco provincias patagónicas. Algo que venían reclamando con desesperación los gobernadores.

Las condiciones climáticas en el sur son extremas. Ya se han quemado más de 45.000 hectáreas de bosques y el avance del fuego amenaza poblados de la Comarca Andina.

La Pampa reporta 168.000 hectáreas afectadas. La sequía, las altas temperaturas y la baja de los lagos tras una temporada sin nieve complican las tareas de combate. El fuego parece imparable.

La catástrofe ambiental que afecta a la Patagonia demanda recursos extraordinarios. No se trata solo de parar el fuego: se necesita asistir a las comunidades y trabajar en la recuperación productiva de las zonas afectadas. Recursos del Estado Nacional, ese que el anarcocapitalismo propone reducir a la mínima expresión.

Enfocado en profundizar la “batalla cultural”, Milei vuelve a sus mandamientos desde el escenario playero de la “Derecha Fest”. Arropado por su propia tribu, bajó línea identitaria.

El presidente sostuvo que el
El presidente sostuvo que el capitalismo es el único sistema capaz de garantizar la libertad

Un festival ideológico: mezcla de política, entretenimiento, estética pop, redes sociales, merchandising y épica libertaria. No se busca solo convencer; se busca generar pertenencia.

La política en la era digital muta hacia nuevos formatos. El pacto partidario tradicional ya no funciona: ahora hace falta un evento que se viva, se filme y se comparta. Una fiesta.

En la Derecha Fest, Milei le habla a sus fieles. Se presenta en tono profético, cuasi religioso. Fideliza a los suyos con un mensaje que reivindica el liberalismo radical de raíz libertaria, llamando a profundizar el proyecto. No lo presenta solo como eficiente, sino como moralmente superior.

Al introducir sin reparos la cuestión moral, su perfil de liderazgo excede el rol político que detenta: se presenta como un cruzado a nivel global.

El Estado redistributivo es, para el anarcocapitalista, injusto por definición. Para Milei, el concepto de “justicia social” es una aberración moral. Justicia no es redistribuir ni corregir desigualdades. Tampoco lo es equilibrar la cancha, como le están pidiendo a viva voz sectores del empresariado.

Entonado por su periplo de gratitud, donde fue celebrado en un ritual casi cuerpo a cuerpo, reaparece el Milei en su versión más cruda.

El anuncio de la empresa Techint de presentar una denuncia por “dumping”, tras haber perdido la licitación para la provisión de caños a manos de una empresa de la India, despertó la ira siempre latente del león libertario.

La licitación de un gasoducto
La licitación de un gasoducto en Vaca Muerta provocó un cortocircuito entre el gobierno de Javier Milei y el Grupo Techint. REUTERS/Martin Cossarini

La historia de la semana le permitió al Presidente no solo poner en acto la batalla cultural por la libre competencia y la política de fronteras abiertas para insumos y productos importados, sino también exponer ante la popu una nueva versión del enemigo: el empresario prebendario.

Don Chatarrin, de los tubitos caros”, le dedicó al mismísimo Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint. No hacía falta tanta vulgaridad.

Bastaban los argumentos expuestos por Sturzenegger para entender por qué el oficialismo celebra que la firma india Welspun Corp se haya quedado con una licitación estratégica para proveer caños para un gasoducto de 500 km que unirá Vaca Muerta con la costa de Río Negro, probablemente una de las operaciones entre privados más importantes de la era Milei.

No conforme con recuperar el hábito de poner sobrenombres y apelativos desdorosos a quienes se propone ejecutar mediáticamente, Milei apuntó al titular de Techint por conspirar contra su gobierno.

Reforzó esa crítica desde sus redes sociales, incluso al replicar un mensaje que lo acusa de “apostar a que su gobierno cayera” tras las elecciones legislativas. Milei retuiteó un posteo en el que, sin pruebas judiciales formales, se señala a Rocca por representar intereses empresariales privilegiados o “negocios turbios” con el Estado. En un paso más jugado aún, Milei le sugirió que si lo que buscan en beneficios prebendarios que vayan pensando en “desaparecer e ir a la quiebra”.

La batalla de los caños marca el regreso de Milei a escena en su modo más irascible, en su agresividad más implacable.

Al fogonear el conflicto, Milei elige a Rocca como antagonista simbólico: lo ubica en el “capitalismo de amigos”. Rocca queda del lado del viejo poder. Milei se coloca como outsider moralizador. La embestida sostiene el relato. La leyenda continúa.

El Presidente despliega su versión más performática. Necesita un villano con nombre propio, una suerte de caricatura del poder económico “de siempre”.

La descalificación personal desde lo más alto del poder político es intimidatoria, y la acusación de conspiración política supone una amenaza concreta.

El dispositivo se completa con otra herramienta de los liderazgos populistas: el ataque a medios y periodistas, a los que presenta como operadores, cómplices o defensores del statu quo. La diatriba anti prensa busca deslegitimar el trabajo periodístico e inducir a la autocensura.

La reacción presidencial despertó escozor entre los empresarios y reactivó un debate caliente: el relacionado con el impacto real de la apertura económica sobre la industria nacional y el empleo.

El conflicto no es entre eficiencia y privilegios, como sugiere el relato oficial, sino entre un modelo que asume el costo social de la apertura como daño colateral y otro que lo considera una variable política central.

Funciona como atajo narrativo para intervenir en una discusión más incómoda: el impacto real de la apertura económica sobre la industria nacional y el empleo.

La ridiculización de los actores del conflicto banaliza los asuntos de fondo y convierte el debate político en un show mediático.

Por el momento, la preocupación empresarial no escala a la conversación pública. Hay mucho malestar puertas adentro, pero se impone la cautela a la hora de confrontar con el Gobierno.

La escalada de posteos y declaraciones aceleró los reclamos que bajan desde la UIA.

Los industriales demandan financiamiento para las PYME, rebajas tributarias y freno al contrabando y subfacturación de importaciones. También impulsan denuncias por casos de dumping para neutralizar la “competencia desleal” de países como China.

Una vez más, Milei volvió a irse a los caños. Esta vez, con la economía real de fondo.