Crisis en la nube: lecciones de 2025 para evitar pérdidas en 2026

El 2025 estuvo atravesado por caídas masivas de grandes servidores de alojamiento de datos

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Crisis en la nube: lecciones
Crisis en la nube: lecciones de 2025 para evitar pérdidas en 2026 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Comienza un nuevo año y es un buen momento para realizar un análisis de lo que pasó y de lo que pueda pasar en el futuro. El 2025 estuvo atravesado por caídas masivas de grandes servidores de alojamiento de datos como son los casos de PlayStation Network, Amazon Web Services, Cloudfare, entre otras. Así, durante los últimos 12 meses, se detectaron más de 20 millones de fallos según Downdetector (plataforma online que registra fallos de servicio).

Estas caídas afectaron a X (ex Twitter), Spotify, WhatsApp, YouTube, Instagram; así como también a bancos, sitios de operación bursátil y plataformas de ventas de entradas para espectáculos deportivos y musicales. Tal vez viéndolo de afuera, no logramos dimensionar lo peligroso y perjudicial de esto. Va más allá de que podamos tuitear o subir una foto, las pérdidas en términos económicos son millonarias.

Si bien es muy difícil estimar las pérdidas en un valor total, la empresa Gartner (dedicada a la investigación y consultoría) hizo una estimación de cuánto le cuesta a las empresas las caídas de los servidores. Según la compañía estadounidense en promedio se pierden U$S 5.600 por minuto, mientras que en el caso de grandes corporaciones el número puede ascender a los U$S 23.000 por minuto. Los números son estrafalarios y pueden hacer tambalear a cualquier empresa.

Dicho esto, tenemos que pensar en qué podemos hacer de cara al futuro para mitigar estas cuestiones que afectan tanto nuestra vida cotidiana como la economía mundial. Fallas, tanto humanas como técnicas, siempre va a haber y ciberataques, que son cada vez más frecuentes en todo el globo, ponen en jaque a cualquier empresa.

Lo primero que hay que pensar es en el trabajo en ambientes híbridos y entornos redundantes. Es fundamental “no poner todos los huevos en la misma canasta”, las grandes marcas no tienen que ser la única opción para cualquier servicio. Por el contrario, siempre se debería contratar a una empresa boutique a modo de respaldo en caso falle el servidor principal. Esto funcionaría como una especie de “seguro” tal como sucede con los autos, contratamos un servicio para estar cubiertos frente a cualquier emergencia.

Para el futuro tenemos que partir de la premisa que no hay infraestructura 100% infalible. Por eso hay que pensar cómo vamos a responder frente a una incidencia y, en mi experiencia personal, considero que hay que buscar diversidad de proveedores de servicios y buenos planes de acción ante desastres (DRP - Disaster Recovery Plan).

Esto lo digo porque la continuidad del negocio es algo que se convirtió en una necesidad primordial para todo tipo de organización. Hoy por hoy, nadie se puede dar el lujo de paralizar su actividad y mucho menos registrar pérdidas como las que mencionamos anteriormente. Los sistemas en los que se apoyan las operaciones económicas y de negocios deben estar siempre disponibles, y las nubes son una excelente opción para diseñar un esquema soportado en una infraestructura adaptable a la necesidad de cada momento.

La tecnología es clave para el desarrollo de los negocios. Los que peinamos algunas canas y vivimos el mundo previo a la revolución tecnológica miramos para atrás y nos preguntamos “¿cómo podíamos vivir sin tal o cual aplicación?”. Lo cierto es que antes podíamos, pero el día de hoy ya no se puede. Llegamos a un punto de eficiencia y eficacia que no nos permite trabajar sin las herramientas que nos brindó la innovación digital.

El dinero físico (en países bancarizados y con economías altamente blanqueadas) parece estar en vías de extinción. ¿Qué pasaría si no funciona nuestra billetera virtual? ¿Y si la aplicación de cobro de nuestro proveedor tampoco funciona?. Imaginemos al chofer de una empresa de delivery perder acceso a la aplicación de mapas cuando está en medio de una ruta desconocida o una zona peligrosa. Estos son solo algunos ejemplos de cómo el negocio se podría ver impactado por fallas en la infraestructura.

Por eso, no hay que esperar que suceda para tomar decisiones. Mantener el status quo no siempre es la mejor opción. En momentos de tranquilidad y dónde todo funciona hay que pensar cómo prevenir que algo salga mal y, en caso que así sea, tener un plan de contingencia.

Lo más importante no está hacia atrás, eso sólo nos abre una puerta a lo que podemos hacer hacia adelante. Imagino un 2026 con grandes desafíos, pero también la gran oportunidad de acceder a plataformas tecnológicas que nos faciliten la forma de superar problemas estructurales.