“Paz en el hogar, paz en el mundo”: el diálogo de León XIV con la Turquía de hoy

El Santo Padre eligió dos países de mayoría musulmana con antiguas comunidades cristianas para su primer viaje

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El Papa León XIV escucha
El Papa León XIV escucha el discurso del presidente turco Tayyip Erdogan, durante un encuentro con autoridades, sociedad civil y cuerpo diplomático en la Biblioteca Nacional del Palacio Presidencial, durante su primer viaje apostólico, en Ankara, Turquía

Su visita a Turquía y Líbano, explicó León XIV, tiene como eje la unidad y la paz, y la búsqueda de “las maneras en que todos los hombres y mujeres puedan ser verdaderamente hermanos y hermanas a pesar de las diferencias, de las distintas religiones y de las diversas creencias”.

El Papa eligió para este viaje dos países de mayoría musulmana que, al mismo tiempo, albergan antiguas comunidades cristianas. Apenas aterrizó en Ankara, atravesó una capital fuertemente custodiada hasta el mausoleo de Mustafa Kemal Atatürk (1881-1938), fundador de la Turquía moderna y símbolo de la República laica.

Atatürk fue educado en escuelas seculares y se formó desde muy joven en el ámbito militar. Inició su actividad política cuando aún estaba en la Escuela Superior de Guerra, reuniéndose clandestinamente con otros oficiales para denunciar los abusos del sultán y la corrupción del Estado otomano.

Durante la Primera Guerra Mundial, el Imperio otomano luchó del lado de la Triple Alianza y Atatürk defendió la península de Galípoli frente a los Ingleses. Su victoria le valió el ascenso a coronel y el título de “salvador de Estambul”. Sin embargo, el Armisticio de Mudros de 1918 puso fin a la participación del Imperio en la guerra y abrió paso a su desmembramiento en territorios administrados por las potencias vencedoras. La ocupación aliada de parte de Anatolia dejó en Atatürk una profunda sensación de humillación y de traición por parte del sultán Mehmed VI, por lo que renunció a su cargo.

Ya como civil, inició un movimiento nacionalista para recuperar el ánimo y el orgullo de los turcos. Movilizó al pueblo para emprender la guerra de independencia contra griegos, italianos, franceses e ingleses. Tras la victoria, abolió el sultanato en 1922, proclamó la República de Turquía en 1923 y derogó el califato en 1924.

Atatürk defendía el secularismo y la separación entre política y religión, convencido de que el progreso vendría de la mano de la ciencia y la razón. Fundó el Partido Republicano del Pueblo (CHP) y promovió una revolución social para forjar una nueva identidad nacional. Sustituyó el alfabeto árabe por el latino, impulsó la educación gratuita y consiguió que Turquía alcanzara la tasa de alfabetización más alta de Oriente Próximo. Abolió la sharía y el islam dejó de ser la religión oficial del Estado, instaurando un sistema legal inspirado en los modelos liberales europeos. También promovió el voto femenino y la emancipación de la mujer, facilitando su participación política y social.

Ese proyecto modernizador, sin embargo, tuvo un costo alto para los musulmanes practicantes. Atatürk cerró escuelas religiosas, persiguió a imanes, prohibió el uso del velo islámico en instituciones públicas y del fez para los hombres, fomentó la vestimenta occidental y dispuso que la llamada a la oración pasara del árabe al turco.

En política exterior, resumió su visión con un lema que se volvió célebre: “Paz en el hogar, paz en el mundo”. A través de la neutralidad y de buenas relaciones con sus vecinos, buscó garantizar la paz, la estabilidad y la seguridad nacional en los años de tensión previos a la Segunda Guerra Mundial, hasta su muerte en 1938.

En las últimas décadas, el carácter laico del Estado turco se ha visto cuestionado por el auge del nacionalismo religioso y la politización de símbolos como la basílica de Santa Sofía en Estambul, reconvertida en mezquita en 2020. En las tensiones propias entre los que forman la Turquía actual, hay que enmarcar el discurso del Papa.

Desde la Biblioteca Nacional de Ankara, el Pontífice subrayó ante las autoridades el papel de Turquía como nexo entre Oriente y Occidente y ofreció la colaboración de la Santa Sede para promover la paz y la justicia en el mundo. Insistió en “valorar a la familia y la participación de las mujeres como pilares del desarrollo social”, un punto sensible tanto en la historia reciente de Turquía como en el magisterio de la Iglesia.

El Papa estadounidense expresó además su satisfacción por iniciar sus viajes apostólicos en este país y retomó la imagen del puente sobre el estrecho de los Dardanelos, elegida como emblema del viaje: antes que unir Asia y Europa, explicó, ese puente “une a Türkiye consigo misma, compone sus partes y la convierte, desde dentro, en una encrucijada de sensibilidades”.

En esa línea, recordó que una sociedad está viva si es plural: “Son los puentes entre sus diferentes almas los que la convierten en una auténtica sociedad civil”. Y añadió que, en una nación donde la religión tiene un papel visible, es fundamental honrar la dignidad y la libertad de todos los hijos de Dios:

“Todos somos hijos de Dios y esto tiene consecuencias personales, sociales y políticas. Quien tiene un corazón dócil a la voluntad de Dios siempre promoverá el bien común y el respeto por todos. En la actualidad, esto supone un gran desafío, que debe inspirar tanto las políticas locales como las relaciones internacionales”.

En el tramo final de su discurso, León XIV advirtió sobre los conflictos globales —aquello que el Papa Francisco definió como “la tercera guerra mundial a pedazos”—, que distraen a la humanidad de sus tareas fundamentales: construir la paz, erradicar la pobreza, garantizar la salud, la educación y el cuidado de la casa común. Recordó a las autoridades turcas que la Santa Sede pone a disposición su fuerza espiritual y moral para colaborar con todas las naciones que buscan el desarrollo integral de cada persona:

“La Santa Sede, con su única fuerza, que es la espiritual y moral, desea cooperar con todas las naciones que se preocupan por el desarrollo integral de cada hombre y de todos los hombres y las mujeres. Caminemos juntos, pues, en la verdad y en la amistad, confiando humildemente en la ayuda de Dios”.

Tras su intervención en la Biblioteca Nacional, donde se reunió con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, el Papa León XIV se dirigió en coche a la Presidencia para los Asuntos Religiosos (Diyanet). Allí mantuvo un diálogo con su titular, Safi Arpaguş, antiguo muftí de Estambul entre 2021 y 2025, de cuya jurisdicción dependen los asuntos religiosos en el país.