
La Cumbre del Clima en Brasil, específicamente en Belém, centra grandes expectativas sobre el futuro de la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, la clave para obtener resultados concretos reside en que China, India y los países del sudeste asiático reduzcan el uso de carbón en su matriz energética y en la generación de electricidad, un tema ausente de las discusiones en las convenciones internacionales.
Durante años se ha insistido en la amenaza y gravedad de las consecuencias del cambio climático, así como en la urgencia de acelerar la transición energética para preservar la vida y el planeta. Sin embargo, poco se analiza por qué, tras 29 años desde la primera Cumbre de la ONU celebrada en 1995, no se logró frenar el calentamiento global ni reducir las emisiones, que siguen aumentando.
La mayoría de los análisis se limita a señalar el incremento de emisiones año tras año y a detallar sus consecuencias. Son pocos los que profundizan en las verdaderas causas y en las políticas de los países responsables del crecimiento de las emisiones.
Ni en las Cumbres ni fuera de ellas se debate si todos los países asumen la misma responsabilidad o si existen naciones que lograron reducirlas, frente a otras que intensificaron su contaminación
Ni en las Cumbres ni fuera de ellas se debate si todos los países asumen la misma responsabilidad o si existen naciones que lograron reducirlas, frente a otras que intensificaron su contaminación. Este enfoque es fundamental, ya que de él depende si el esfuerzo debe ser global o concentrarse en los principales emisores que deben rectificar sus políticas.
Para comprender la responsabilidad de cada actor, es esencial observar la composición de la matriz energética y la generación eléctrica de los cinco mayores emisores -China, Estados Unidos, la Unión Europea, India y Rusia. responsables del 66% del total mundial.

Los datos muestran que en 2006, China superó a Estados Unidos como el mayor emisor global. Actualmente, China es responsable del 33,8% de las emisiones, triplicando la cuota estadounidense (12,3 por ciento).
Mientras tanto, Estados Unidos viene disminuyendo sus emisiones de forma sostenida desde 1995 gracias al crecimiento, reducción de la intensidad energética y diversificación de fuentes.
En la Unión Europea también se registró una baja continua: hoy aporta solo el 6,5% del total, ya superada por India con un 7,7 por ciento.

Las diferencias se explican principalmente por la matriz de generación eléctrica: Estados Unidos y la Unión Europea producen el 50,6% y el 47,5% de su electricidad con gas y energías renovables respectivamente, con el carbón reducido al 14% y 16%. Esto ha permitido reducir en un 17,3% sus emisiones de CO₂.
En contraste, el 61% de la electricidad en China proviene del carbón, además de solo 3% de gas y 15% de energías renovables; en India, el carbón representa el 74%, el gas el 2,5% y las renovables el 12%. Esta estructura energética llevó a los países no OCDE a aumentar un 17,9% sus emisiones, alcanzando el 67% del volumen global.
El 61% de la electricidad en China proviene del carbón
La concentración de carbón en la matriz energética de China e India es excepcionalmente alta, con 76,4% y 74,6% respectivamente, una característica pocas veces difundida, pero determinante para entender el incremento de emisiones y temperaturas globales.
Así, es posible distinguir dos grupos de países: aquellos que aún dependen del carbón y son responsables del aumento de la temperatura global, y aquellos que lo sustituyeron por gas y energías renovables, invirtiendo en tecnología para controlar el cambio climático.
De este análisis surge que la transición energética dependerá de la velocidad con que se sustituya el carbón por fuentes más limpias. Por esa razón, se vuelve irrelevante la asistencia de Estados Unidos a la COP 30, pues los grandes avances no surgen de estas cumbres, sino de políticas energéticas nacionales.
El problema más grave es que los países del sudeste asiático, en particular China e India, mantienen niveles históricos de carbón en sus matrices energéticas, situación no justificada por la clasificación de la ONU de 1995 que los consideraba economías en desarrollo. Bajo esta etiqueta, han sido exceptuados hasta hoy de ajustes significativos, lo que les permitió aumentar sus emisiones sin límites.
En estas condiciones, electrificar el transporte no aporta beneficios relevantes mientras la electricidad siga procediendo mayoritariamente del carbón, ya que solo trasladaría las emisiones de un sector a otro. Los discursos negacionistas —como los de Trump— no alteran la realidad de que nunca se ha debatido a fondo la raíz del problema en las cumbres climáticas, ni siquiera desde el Protocolo de Kioto que eximió de compromisos a China e India.
Electrificar el transporte no aporta beneficios relevantes mientras la electricidad siga procediendo mayoritariamente del carbón
El resultado es el escenario actual: ambos países lideran récords históricos de emisiones, temperaturas extremas, sequías y procesos de desertificación, con efectos directos sobre la migración de poblaciones y la seguridad alimentaria. Sin embargo, la ONU les permite mantener esta conducta, incluso considerando a China como nación emergente, a pesar de su condición de potencia global.
Perspectivas
La Agencia Internacional de Energía anticipa que China dejará de quemar carbón de forma masiva antes de 2030, alcanzando su máximo de emisiones para luego iniciar el descenso, por ser el principal inversor en renovables, electrificación de la economía y vehículos eléctricos. Se espera que India siga esa tendencia poco después.
Todo ello pone en perspectiva la irrelevancia de los debates entre los presidentes Lula y Biden o los negacionistas, puesto que -como se repite desde hace 30 años- de la COP 30 no saldrán respuestas decisivas. Solo se discute la repartición de fondos para adaptación y mitigación, pero nunca se aborda la reducción real de emisiones por sustitución de fuentes energéticas.
En síntesis, los cambios estructurales en los modelos económicos y energéticos -como la descarbonización- se logran fuera de las cumbres, a partir de negociaciones bilaterales y acuerdos como el de París en 2015. Por eso, no es en la COP donde se determina el futuro climático, sino en las decisiones nacionales sobre la matriz energética, tema aún ausente en las agendas globales.
El autor es Director del Comité de As. Energéticos del CARI
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