Milei, los cambios y el desafío de administrar la victoria

Después del éxito en las urnas, el Presidente busca eliminar las internas en el poder y avanzar hacia una nueva etapa. Karina Milei puso un Jefe de Gabinete propio para tener control de la gestión. Hasta ahora, ella se limitaba al armado político. Santiago Caputo formaliza su posición, pero con condiciones. Continúa el pase de facturas

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Javier Milei
Javier Milei

Allá por 1972, cuando le preguntaron al primer ministro chino Zhou Enlai qué pensaba de la Revolución Francesa, después de dudar un instante, respondió: “Todavía es demasiado pronto para poder decir algo al respecto”. La anécdota se extendió como mito —aunque algunos sostienen que fue un malentendido— por su eficacia para reflejar la noción del tiempo y el impacto de los hechos en la evolución de la historia.

La velocidad de la coyuntura, potenciada como nunca por el uso de la tecnología, genera burbujas de muerte y eternidad, de cambio y continuidad, de crisis y paz, en lapsos muy cortos. La sobreinterpretación de los sucesos, el ímpetu de predecir qué va a pasar en base a lo ocurrido, es un ejercicio que rápidamente se vuelve una mala caricatura. Eso pasa, por ejemplo, con los resultados electorales y el alcance de su significado. ¿Qué implica este apoyo nacional a Javier Milei? ¿Cuánto hay de rechazo a la vuelta al pasado y cuánto hay de expectativa con el proyecto libertario? ¿Cuánto dura ese crédito social?

El primer desafío del Presidente será administrar el triunfo. La estela del vencedor puede dilapidarse pronto o extenderse, según cómo se maneje. Después de arrasar en las legislativas, Milei cerró la semana envuelto en un halo extraño y contradictorio: por un lado, la satisfacción de haber pintado el país de violeta y, por otro, la amarga sensación de las peleas por el reparto de cuotas de poder interno.

El viernes, pasadas las 9 de la noche, renunció Guillermo Francos, agobiado por los trascendidos que lo daban por echado. Nadie fue capaz de avisarle sobre su destino y llegó al ridículo de compararse con la letra de La Cigarra —“tantas veces me mataron, tantas veces me morí”— con un desenlace, para él, letal. El funcionario forzó una conversación con el Presidente, que hubiera preferido terminar de delinear las modificaciones antes de anunciar su partida. Tras hacer público su mensaje, bajó la agenda en medios prevista para hoy.

Karina Milei junto al ex
Karina Milei junto al ex canciller Gerardo Whertein y al ex jefe de Gabinete Guillermo Francos

Francos deslizó la novedad a unos pocos antes de que se oficializara, entre ellos, a Mauricio Macri. Es la segunda figura que se va exponiendo el hartazgo por operaciones internas. El primero había sido el ex canciller Gerardo Whertein, hace diez días, cuando responsabilizó directamente a Santiago Caputo.

Karina Milei pasó de no tener ningún ministro propio a colocar al Jefe de Gabinete, un propósito que se traía entre manos hacía meses pero que parecía relegado al ritmo de los escándalos que la salpicaron. Manuel Adorni, quien se popularizó por su rol como vocero y fue consagrado en la elección porteña, será los “ojos” de la hermana del Presidente en la gestión, desde el cargo de mayor jerarquía en la administración central. El vocero, que no asumirá su banca en la Legislatura, había sido víctima de cuestionamientos de Las Fuerzas del Cielo.

En la previa del 26 de octubre se daba por sentado que ocurriría un reseteo del staff oficial por fallas en el funcionamiento y la exacerbación de las rencillas en un todos contra todos sin filtro. La mayor grieta es entre el ala de Karina, representada por Lule y Martín Menem, y el sector de Santiago Caputo, hasta ahora sin cargo formal pero a cargo de áreas sensibles.

El asesor ya en el búnker del festejo libertario sabía que iba a estar debajo de Adorni en el organigrama (algo que lo disgustó inicialmente), pero dilató aceptar la propuesta de incorporarse hasta terminar de conversar una serie de condiciones. En su paso a la formalidad, se quedaría con las cajas (Obras, Transporte, entre otras), es decir, con las herramientas para negociar con el sistema político. El punto es hacer los deals —como denomina a los acuerdos— y cumplir lo prometido sin pasar por nadie más.

Desde hace días, la discusión pasa por el mecanismo de toma decisiones y no por cómo queda la estructura del Ministerio, que podría llevar cualquier denominación. Eso es lo que demora y pone un manto de duda sobre su destino. En su entorno, consideran que la posición es continuar manejando los mismos resortes que hasta ahora, con o si los “ravioles” en el marco legal.

Se verá cómo se lleva este desembarco con el papel de los Menem, quiénes continúan con su tarea partidaria y en la negociación parlamentaria. Las diferencias en la interlocución —por las formas, la selección de aliados, el timing— fue lo que desató la guerra campal entre esos dos grupos, y no pareciera ser que el empoderamiento de ambos sectores fuera a disipar esa anomalía.

Santiago Caputo (Maximiliano Luna)
Santiago Caputo (Maximiliano Luna)

El desempeño blue del consultor, un estilo que comparte con su tropa que no tiene puestos asignados, trajo enormes controversias con otros funcionarios. Más de uno se quejó de que Francisco Caputo, su hermano, imparte órdenes en empresas públicas como si estuvieran bajo su órbita. Se verá si eso también se modifica o persiste el modelo informal.

“Es un gobierno adolescente”, describe un dirigente del PRO, cercano a Macri, imbuido del disgusto que generó que 7 diputados amarillos que responden a Patricia Bullrich anunciaran su pase a las filas libertarias en la previa de la cena del ex presidente en Olivos.

Milei disfruta del margen que le otorgaron las urnas. Contra la mayoría de los pronósticos, obtuvo más del 40% de los votos a nivel nacional. El dato más sorprendente fue el triunfo por poquito en la provincia de Buenos Aires, mismo territorio en el que apenas un mes y medio antes había perdido por 13 puntos. Ni en la caída estaba decretado su final, ni en la victoria está garantizado su éxito hacia 2027.

Si se observa la película completa desde el inicio de año, el desempeño en las provincias que celebraron comicios adelantados fue moldeando escenarios con una proyección ilusoria. LLA ganó en sólo 2 de 10 distritos: en Chaco (donde el partido fue aliado al gobernador radical Leandro Zdero) y la ciudad de Buenos Aires (sin socios).

El batacazo de Adorni, que relegó al PRO en tercer puesto en su cuna, disparó un exceso de triunfalismo que se tradujo en soberbia e intransigencia en la práctica política del oficialismo. Ese 18 de mayo en vez de cimentar un camino mayoritario en el Congreso fomentó el alineamiento opositor blando con los K y la izquierda. Esa lógica —que el Presidente llamaba intento de “desestabilización”— llenó de ruido el sistema y afectó el frente económico, más allá de la discusión del plano monetario y cambiario en un contexto de demanda de dólares.

Milei junto a gobernadores en
Milei junto a gobernadores en Casa Rosada

La secuencia electoral en el interior se complementa con reveses distritales en Jujuy, Salta, Misiones, Santa Fe, Formosa, Buenos Aires, San Luis (no hubo siquiera listas) y Corrientes. En esta última, LLA quedó en cuarto lugar. La extrapolación de un resultado provincial a una dimensión nacional mostró, otra vez, ser un predictor fallido. Los libertarios dieron vuelta el 26 de octubre 6 de 8 derrotas acumuladas entre abril y septiembre. Impresionante. Y terminó imponiéndose en 15 de 24.

¿Qué implica el triunfo libertario en la primera elección legislativa nacional post presidencial? ¿Hay un nuevo contrato del electorado con el Presidente? ¿El peronismo es una fuerza en irreversible retroceso? Demasiado pronto para poder decir algo al respecto, parafraseando el primer ministro chino.

Sí hay parámetros para enumerar tres conclusiones:

  1. El Presidente se encamina reforzado a la segunda mitad de su mandato. Superó ampliamente la táctica defensiva de contar con un tercio para sostener los vetos y evitar el juicio político, y ahora parte de una base de 87 diputados y de 18 senadores, a los que habría que sumar eventuales aliados. Eso le abre la puerta a avanzar con las reformas comprometidas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y Estados Unidos.
  2. La pelea electoral tuvo un carácter plebiscitario y la ganó. Se puso al hombro la campaña. Es un panorama similar al de Macri en 2017, pero con un liderazgo completamente distinto. Mientras no se aparte del contrato con su electorado, mantiene el apoyo; si se distancia, lo pierde.
  3. El antiperonismo organizó mejor el voto que el peronismo, disperso en distintas opciones, sin una figura nacional ni discurso unificado y nítido.

La victoria avaló la estrategia de Karina, trazada junto a los Menem. La conformación del sello en cada jurisdicción llevó prácticamente todo el 2024, una misión transcurrida bajo el radar que no generó mayores disputas y que nadie le dio demasiada relevancia.

Cuando a principios de este año, Santiago Caputo hizo saber que para una mayor eficiencia él debía concentrar el armado, las listas y la campaña empezaron las broncas. Ella decidió en su favor: sólo le delegó al consultor la narrativa, el marketing y los sondeos. Karina propició competir en las provinciales, enfrentar a los gobernadores y poner candidatos propios.

“Haber participado de las elecciones en las provincias nos sirvió para movilizar a la militancia, aceitar la fiscalización, poner en marcha una estructura nueva”, explican desde ese sector.

La gran diferencia es que el karinismo ve que Caputo quiere ir hacia un formato parecido a Juntos por el Cambio, con socios de otros partidos, y que eso es un ensayo destinado al fracaso. “En el Congreso necesitamos votos propios, no prestados”, fue la frase que más usaron los Menem, en su momento. Por eso, se pusieron casco y chaleco, para lidiar durante tres o cuatro meses con un combate crítico en ambas cámaras.

Karina Milei y Martín Menem
Karina Milei y Martín Menem

Con las cuentas de hoy, LLA obtuvo 64 diputados, 54 de ellos “puros” y el resto son radicales y del Pro de las alianzas en Capital, Mendoza, Chaco y Entre Ríos. De haber cerrado más acuerdos, la cifra de propios se habría reducido a unos 30, con una mayor dependencia de los gobernadores. Podía salirles mal —sobre todo porque en el medio Karina y los Menem fueron sacudidos por el caso de la Agencia Nacional de Discapacidad— pero les salió bien.

Aunque la hermana del Presidente no da la impresión de estar desatando una “caza de brujas” quedó sobre la mesa el errático trabajo de medición del plantel de la consultora Move —y sus tercerizaciones— con el cual el ala de Caputo se basaba para inclinar definiciones, como bajar la lista en Santa Fe (no ocurrió), o pedir que Milei no vaya a la Patagonia porque eran derrotas seguras. El último sondeo entregado a la mesa política daba, por ejemplo, que LLA en Neuquén estaba más de 20 puntos debajo de los candidatos del gobernador Rolando Figueroa. Finalmente, los libertarios se impusieron por 6 puntos en la categoría senadores. Inexplicable deficiencia. No sólo el Presidente no pisó ese distrito, sino que tampoco se permitió enviar a ministros a la meca de Vaca Muerta.

Córdoba fue otro bastión de batalla. Los números auguraban un segundo lugar cómodo y había un consejo de no atacar a Juan Schiaretti. Se definió no hacer allí el cierre de campaña porque era una bala perdida. Otra vez, a diferencia de lo estimado, ganó el desconocido Gonzalo Roca, y lo que lamentan los “territoriales” es que de haberse impuesto como postulante al jefe de bloque Gabriel Bornoroni, alguien con mayor conocimiento, hoy tendrían un potencial candidato a gobernador en cancha.

Gonzalo Roca
Gonzalo Roca

Estos análisis, que no son compartidos por el ala de Caputo, no son chismes de peluquería. El dramatismo que se vivía puertas adentro se transmitió a los agentes del poder que leían un futuro electoral negro, lo que adelantó el costo. Sólo la aparición de Donald Trump y la intervención directa de Scott Bessent calmó a los mercados, que no votan pero condicionan el clima.

La euforia del triunfo libertario hizo que cayera 45% el riesgo país y las acciones subieran hasta 150% en dólares en octubre. El “riesgo kuka” pareció ceder con el fiasco de Fuerza Patria. El peronismo atraviesa un período de ausencia de liderazgo y falta de conexión con la época, no expresa la melodía de esta era, más a tono con Milei.

Eso no quiere decir que no tiene posibilidades de reinvención. De hecho, no sacó malos números en relación a la mala imagen que dejó en su último paso por la presidencia, con Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa, como accionistas del Frente de Todos.

El dilema de Axel Kicillof se abre en opciones de “mal menor”. O rompe, echa a La Cámpora del gabinete, y entra en una fase abierta de confrontación, para avanzar en su propósito. O apuesta a una unidad —como hasta ahora— en la que la ex presidenta sólo buscará coartarlo en la gestión y en la política. En la gobernación creen ver detrás de los pasos de Cristina, aunque suene descabellado, un pacto tácito con Milei, los dos lo atacan y lo aíslan, por razones distintas, mientras en el camino se entreteje un hilo de propósito común: nombrar jueces de la Corte Suprema, un trámite que se avecina.