
En tiempos donde la mayoría de las empresas miden su éxito en cifras, algunas también eligen medirlo en huellas. Las compañías, al ser parte del entramado social, tienen la posibilidad -y la responsabilidad- de colaborar en la mejora de la sociedad. En ese sentido, Gerdau, una de las mayores productoras de acero de América, una década atrás, decidió invertir en un bien que no cotiza en bolsa, pero que da sentido a todo lo demás: la educación.
Esta empresa entendió que una comunidad crece cuando sus niños descubren su voz, cuando pueden escribir sus historias y cuando las maestras son acompañadas y valoradas en su tarea de enseñar como una forma de fortalecer a la ciudad donde lleva a cabo su actividad industrial. Es por eso que en el año 2013 inició un programa de capacitación docente en lectoescritura que hoy florece en un libro de cuentos gratuito lleno de voces de niños y niñas.
Durante esos 10 años que se desarrolló el proyecto “Leer más. Compromiso compartido”, se capacitaron más de 120 docentes de las escuelas de la zona donde opera la empresa en un proceso continuo de formación en lectoescritura, acompañadas por dos especialistas que guiaron a maestros/as y profesores en nuevas estrategias para despertar el gusto por leer y escribir en los niños y niñas. Por un lado, la Lic en Letras, Rocío Bressia, a lo largo de esos años, ayudó a que las aulas se poblaran de cuentos, relatos, diarios y muchos materiales escritos especialmente para la ocasión que dieron forma a una producción colectiva inmensa. Por otro, trabajamos con las docentes en mejorar y reflexionar sobre sus prácticas, fortaleciendo su rol de mediadores culturales.
Sumado a esto, la empresa compró libros para la biblioteca escolar y, a su vez, llevó a cabo la Maratón de lectura, donde colaboradores voluntarios de Gerdau compartían espacios de lectura con los niños en las aulas, fomentando el vínculo entre escuela, empresa y comunidad.
El producto de todos esos años es una antología de 60 cuentos infantiles, titulado “Leímos y escribimos más”, aunque fueron muchos más los niños que escribieron historias nacidas del asombro, la imaginación y la sensibilidad y que descubrieron que tenían algo para decir. Y, por sobre todo, detrás de cada texto hubo una maestra que creyó en su grupo, un aula que se volvió taller y una empresa que supo que apostar por la palabra era apostar por el futuro porque leer y escribir es mucho más que aprender a decodificar o codificar un texto, es construir identidad, empatía, memoria y esperanza.
En cada aula donde una docente acompañó a sus alumnos a inventar un cuento, en cada niño que se animó a narrar lo que sentía, hubo una transformación silenciosa pero profunda. Y esa sensación la expresaron los chicos, días atrás, cuando presentaron la obra en la Feria del Libro de Rosario, donde explicaron que se sintieron protagonistas de su propia historia y valorados no sólo por la escuela y por la empresa, sino por toda la sociedad.
Cuando el sector privado y el educativo se encuentran desde la sensibilidad y la responsabilidad, los resultados trascienden cualquier balance económico porque, en este caso, la antología celebra el éxito que tuvo un proyecto sostenido en el tiempo que unió a Gerdau con las escuelas y la comunidad en torno al poder de leer y escribir juntos.
Hoy “Leímos y escribimos más” no es sólo un libro de cuentos. Es la memoria viva de una década de compromiso, un testimonio de lo que puede lograrse cuando la lectura se convierte en un puente y la escritura, un camino de libertad. Quizás, en un mundo que a veces parece desmoronarse, este proyecto nos recuerde algo esencial: que educar también es construir. Y que, en este caso, entre el acero y la comunidad, hay historias capaces de sostenernos.
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