
Con un templado mensaje de esperanza y compromiso, a pesar del fuerte tono crítico, el Papa León XIV ha irrumpido en el escenario global con una voz clara, profética y profundamente humana. En su primera exhortación apostólica, titulada Dilexit Te —“Te amó”—, el Pontífice, heredero del legado de León XIII y de Francisco, alza un grito vibrante en defensa de los pobres, denunciando con firmeza “la dictadura de una economía que mata”.
Este documento, de una densidad teológica y una agudeza social incomparables, no solo reafirma la opción preferencial, hoy, de la Iglesia, por los más vulnerados, sino que interpela a la conciencia colectiva con una urgencia que no admite demoras.
En Dilexit Te, León XIV articula una crítica contundente a los sistemas políticos y económicos que, en su afán de perpetuar el poder de las élites, ignoran el clamor de los desposeídos. “Dios opta por los pobres”, proclama, recordando que la propiedad tiene una función social ineludible y que la indiferencia ante el sufrimiento ajeno es un pecado contra la dignidad humana. Con una prosa erudita pero accesible, el Papa desmonta las teorías que justifican la desigualdad como un mal inevitable: “Aunque algunos insisten en que las fuerzas invisibles del mercado resolverán todo, la dignidad de cada persona debe ser respetada ahora, no mañana”. Esta sentencia, cargada de un sentido ético universal, resuena como un mandato para quienes se han acostumbrado a mirar hacia otro lado. El texto, que bebe de la sensibilidad social de Francisco y de los últimos escritos que este preparaba antes de su partida, no se limita a un diagnóstico. Va más allá, al afirmar que “en los pobres y sufrientes se revela el mismo corazón de Cristo”. Esta certeza teológica, que trasciende lo doctrinal para anclarse en lo humano, se complementa con una denuncia implacable: en un mundo donde la pobreza se multiplica, las élites se refugian en “burbujas de lujo” que las aíslan de la realidad de las mayorías.
León XIV no titubea al calificar estos sistemas de “injustos” y al señalar que la pobreza no es un capricho del destino ni una elección personal, sino el resultado de estructuras que perpetúan la exclusión. “Hay quienes, con ceguera y crueldad, aún se atreven a negarlo”, sentencia, apuntando a los “prejuicios ideológicos” que normalizan el abandono social. La exhortación, enviada personalmente a más de cinco mil obispos, sacerdotes y Hermanos en Cristo, no es solo un documento; es un manifiesto que une teología, política, sociología, sentido de justicia social, evangelio, catequesis y filosofía en una síntesis virtuosa. Su claridad y sensibilidad social despiertan una inmensa satisfacción, especialmente en quienes ven en estas palabras un eco del Evangelio y un llamado a la acción. Y, desde ya, para quien esta nota escribe, es un auspicioso debut doctrinario y teologal del Papa.
Para la clase política, en Argentina y más allá, para todos los políticos que gestionan, en el mundo, Dilexit Te es un desafío ineludible: un recordatorio de que gobernar es servir, especialmente a los más necesitados.
En un mundo fracturado por la desigualdad, la voz de León XIV se alza como un faro, exigiendo justicia, humanidad y, sobre todo, un compromiso inquebrantable con la dignidad de las personas.
Últimas Noticias
Consciencia, fantasmas y algoritmos: el alma oculta de la IA
La discusión ética respecto a la conciencia en inteligencia artificial se centra en las relaciones humanas establecidas con las máquinas, no en su naturaleza técnica

Candidato, candidata: el Perú ya no vota por el odio
Las grandes mayorías no están dispuestas a apoyar candidaturas basadas en el odio o la discriminación. Los ataques y las faltas de respeto no tienen cabida en el proceso electoral

Baja de la edad de imputabilidad: un debate para la grieta que no resuelve el problema
La Argentina necesita un nuevo Régimen de Responsabilidad Penal Juvenil, pero modificar la edad no resuelve nada por sí mismo

Basta de la edad como excusa: las hacen, las pagan
Con la Ley actual, los menores de 16 años tienen carta de impunidad, pero con la nueva Ley Penal Juvenil que enviamos al Congreso, toda esta situación absurda se va a terminar

Hay que bajar la edad de imputabilidad
Según los datos de Unicef, sólo Argentina y Cuba establecen el límite de 16 años. Países de corte populista como Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Ecuador, tan admirados por nuestra izquierda fundamentalista, la fijan en 14 años



