El próximo miércoles, la Reserva Federal anunciará su decisión de política monetaria y el mercado anticipa que marcará el inicio del esperado ciclo de bajas. Tras casi un año de pausa, los futuros de tasas adelantan prácticamente como un hecho un recorte de veinticinco puntos básicos.
Se trata de una novedad relevante, que llega después de meses de un enfoque de “wait and see”, abandonado a raíz de los recientes datos de empleo e inflación. Wall Street ya proyecta que la tasa de referencia podría ubicarse en el rango de 4%–4,25% anual hacia fin de año, con al menos dos recortes adicionales tras el primero.
La principal alerta provino del mercado laboral. En agosto, las nóminas no agrícolas sumaron solo 22.000 empleos, muy por debajo de los 75.000 esperados, con revisiones netas a la baja y un aumento del desempleo del 4,2% al 4,3% de la oferta laboral. El subempleo, además, escaló hasta 8,1%. Este indicador, clave para anticipar el comportamiento del empleo, refleja que las compañías primero restringen horas extra o contratan empleados a tiempo parcial antes de iniciar recortes de plantilla.
Las solicitudes semanales de subsidios por desempleo reflejaron un repunte, lo que confirma que la dinámica de contratación está perdiendo impulso
De forma simultánea, las solicitudes semanales de subsidios por desempleo reflejaron un repunte, lo que confirma que la dinámica de contratación está perdiendo impulso. La inflación sorprendió con una suba mensual de 0,4 puntos porcentuales, a 2,9% anjual, ligeramente por encima del 0,3% esperado, aunque los rendimientos de los Treasuries retrocedieron.
Este movimiento indica que los inversores prevén que la Fed priorizará el frente laboral de su mandato dual ante signos de deterioro en el empleo.

La actividad económica también ofrece señales mixtas. Aunque en julio se registraron indicios favorables, persiste una tendencia de enfriamiento. Durante el segundo trimestre, el PBI tuvo una expansión anualizada de 3,3% (ajustada desde 3%), revirtiendo la caída de 0,5% del trimestre anterior y superando el 2,6% esperado por el consenso.
Sin embargo, este impulso provino casi exclusivamente del sector externo: la balanza comercial pasó de restar 4,6% en el primer trimestre a sumar 5% en el segundo, explicado principalmente por la caída de importaciones tras adelantos previos por temor a nuevos aranceles. El consumo exhibió cierta recuperación, con 1,1% comparado al 0,3% previo, pero sigue muy por debajo del 2,7% registrado un año atrás y se orienta hacia niveles contractivos.
El consumo exhibió cierta recuperación, con 1,1% comparado al 0,3% previo, pero sigue muy por debajo del 2,7% registrado un año atrás y se orienta hacia niveles contractivos
La pregunta central gira en torno a la intensidad del recorte. El mercado descarta prácticamente un movimiento de cincuenta puntos básicos en esta reunión.
La última vez que la Fed actuó con tanta agresividad, el gesto fue interpretado como señal de preocupación y terminó adelantando el cierre prematuro de un ciclo que, en esencia, no había comenzado. Desde entonces, en todo 2025, la Fed mantuvo las tasas sin cambios.
Por este motivo, la expectativa predominante es que Jerome Powell opte por una reducción de veinticinco puntos básicos, privilegiando la cautela. La respuesta de los mercados también se leerá en clave política, especialmente considerando que el año pasado el inicio de los recortes se vio frustrado por la implementación de nuevos aranceles durante la administración de Donald Trump, lo que obligó a la Fed a postergar cualquier flexibilización.
Ya se observan movimientos en los mercados financieros. Desde el jueves anterior al informe laboral más reciente, la tasa a 10 años bajó cinco puntos básicos y se ubicó en 4,06%, mientras que la de 2 años retrocedió solo dos puntos básicos, hasta 3,55% anual.
El debate fundamental pasa ahora por el tono que utilizará Powell en la comunicación oficial: si logra enfatizar un sendero gradual y previsible, la Fed podría recuperar el control sobre las expectativas tras meses de incertidumbre. Lo cierto es que el mercado parece convencido de que, tras largas dudas, la política monetaria finalmente girará a la baja.
El debate fundamental pasa ahora por el tono que utilizará Powell en la comunicación oficial: si logra enfatizar un sendero gradual y previsible, la Fed podría recuperar el control sobre las expectativas
Desde la óptica del inversor, un ciclo de bajas bien gestionado suele ser un respaldo para las acciones. La lógica es directa: la reducción de tasas disminuye el costo de descontar flujos futuros de ganancias, lo que eleva el valor presente de las compañías, siempre que no se vislumbre una recesión capaz de deteriorar los resultados.
Con la primera baja prácticamente asegurada para septiembre y nuevos recortes en el horizonte, los principales índices bursátiles se sostienen cerca de sus máximos históricos. Sin embargo, aunque todavía queda espacio para nuevas subidas, los riesgos de corto plazo persisten en un contexto donde las valuaciones ya reflejan un escenario casi ideal.
En definitiva, los desafíos para la Fed no se limitan a definir el ritmo adecuado de recortes. Deberá también gestionar la comunicación y evitar errores de timing que puedan desestabilizar las expectativas. Si demora demasiado en convalidar lo que el mercado descuenta, o lo hace con una señal más débil que la esperada, podría desatarse cierta turbulencia. El giro de la política monetaria es inminente, pero su ejecución marcará la diferencia entre consolidar un ciclo de recuperación o abrir interrogantes sobre la solidez del proceso.
El futuro inmediato depende tanto del calendario de recortes como de la capacidad de la Reserva Federal para orquestar un aterrizaje gradual y creíble, sin perder de vista ninguno de los vértices de su mandato dual ni ignorar las tensiones en un año electoral decisivo.
El autor es Team Leader de Estrategia de PPI (Portfolio Personal Inversiones)
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