
En plena era digital, la tecnología y la inteligencia artificial IA sin duda han revolucionado casi todos los sectores de la economía e incidido en la vida diaria de las personas, algo que, de acuerdo a los expertos, se modificará cada vez más en los próximos años.
La administración de edificios y countries tuvo una revolución en ese sentido, por la cual se pasó de generar expensas manuales, a través de Excels y con acumulación de errores, a sistemas online de liquidación automática de expensas y sueldos, entre otras facilidades.
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Ese avance, que los consorcios suelen tercerizar en alguna plataforma, permitió resolver no solo los errores habituales que podrían producirse en la carga y cálculo manual, tanto de expensas como de sueldos, sino que, también a los propietarios o inquilinos les posibilitó acceder a esa información desde cualquier dispositivo para pagar o hacer consultas, ofreciendo transparencia y confianza en la gestión.
Hasta ahí, las noticias son todas buenas.
Sin embargo, más allá de la utilidad de la tecnología en la automatización de diferentes tareas y la resolución de errores, el factor humano sigue siendo importante en las interacciones diarias. “El factor humano sigue siendo importante en las interacciones diarias”. Esto, que vemos en la administración de propiedades es muy probable que aplique a muchas otras áreas.
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En la operatoria diaria, para un administrador suelen ocurrir casos especiales a resolver, que escapan a las generalidades. Es ahí donde se espera el acompañamiento de una persona al administrador, que debe entender el contexto y encontrar una solución.
Es decir, hay situaciones específicas en las cuales se requiere de un humano para que las operaciones funcionen mejor. Esto se ve muy claramente en los procesos de cierre de expensas, que ocurren todos los meses, donde el administrador corre contra el tiempo y la presión de los propietarios.
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En ese marco, se debe observar que la sociedad atraviesa un momento donde todas las interacciones entre personas vienen cargadas de mucha tensión, y uno de los rubros que más lo sufre es el de los administradores.
Es por ello que, en nuestro caso, pudimos comprobar cómo, más allá del apoyo tecnológico, de gran valor, los administradores valoran también un acompañamiento humano, para resolver inconvenientes o recibir asesoramiento.
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Ese acompañamiento es continuo y sirve para dar respaldo frente a las presiones que tienen y lo que les piden los propietarios. “Esa empatía, hoy, es un factor clave y su incidencia es cada vez mayor”.
Máquinas, sí; personas, también
En definitiva, la tecnología ayuda a avanzar más rápido, especialmente para las tareas más repetitivas y comunes. Pero hay momentos, o casos especiales, donde se necesita de otro respaldo más personalizado.
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A pesar de las constantes innovaciones, los consumidores siempre valoran esos lugares donde se los atiende de forma cálida, se interesan de forma genuina en ayudarlos y resolverles el problema. Y los administradores de edificios no son la excepción.
Hay un sesgo que lleva a pensar que más factor humano se necesita de manera proporcional al mayor rango etario. O que la juventud está más conectada con la tecnología y por ende no lo necesitaría. Pero no siempre es así.
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Tal vez, la forma de acompañar es diferente. Por ahí la ayuda para algunos tiene que ver más con cómo usar la tecnología, y para otros, con cómo lidiar en la resolución de problemas cotidianos o con los consorcistas.
En cualquier caso, lo que se ve es que, sin desdeñar la tecnología, que vino a resolver una gran cantidad de temas y errores, dejar todo en manos de sistemas automáticos tampoco es la panacea. La voz humana, detrás, todavía tiene valor. O, quizás, cada vez tiene más valor.
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