Nos encontramos en un momento bisagra: el impacto del calentamiento global se hace cada vez más evidente y está ya próximo al punto de quiebre donde el daño al planeta puede llegar a ser permanente.
El caso de Bahía Blanca en nuestra Provincia de Buenos Aires fue una muestra descarnada de lo que el cambio climático puede llegar a causar.
Lamentablemente, observamos que los países llamados centrales, que nos llevaron a esta crisis ambiental y son los que poseen mayores recursos para abordarla, en los últimos años relegaron la cuestión climática o intentan usarla como herramienta para objetivos paraarancelarios y mercantiles.
El ascenso de gobiernos de ultraderecha que han hecho de su negación a la agenda ambiental y a la base científica que la respalda una bandera identitaria, agrava todavía más la situación. Son expresiones que nada tienen que ver con el nacionalismo bien entendido, ese del amor y el cuidado por el suelo propio, la fraternidad entre compatriotas o el orgullo por la historia de uno, sino con la idea de la amenaza externa y la competencia desenfrenada.
No es de extrañar, entonces, que estos gobiernos nos empujen a un mundo con más injusticia, más pobreza, más guerras y, sí, más deterioro ambiental.
Incluso entre aquellos países que enarbolan el multilateralismo y reconocen, al menos en el plano discursivo, la urgencia de una acción colectiva para frenar el colapso climático, hay una alarmante falta de compromiso real. Las palabras no se traducen en acciones para abordar la crisis de una manera que se ajuste al principio de responsabilidades diferenciadas y compartidas.
Frente a este panorama, los países del Sur Global, que somos los que menos aportamos a la crisis climática actual y padecemos la peor parte de sus consecuencias, tenemos hoy la carga adicional de ser la voz que lidere la conciencia ambiental.
El protagonismo de nuestros pueblos, que siempre fue un elemento central para lograr una transición justa, ahora también es indispensable para motorizar los esfuerzos que permitan abordar la amenaza del cambio climático.
La próxima COP en Brasil
El liderazgo de Brasil y de su presidente, Lula da Silva, viene siendo clave a la hora de asumir y articular este desafío. Lula está llevando adelante una ambiciosa política ambiental, que busca reparar el retroceso vivido durante el mandato de Jair Bolsonaro.
En poco más de un año, su gobierno logró reducir la deforestación en la Amazonía en más de un 50%, fortaleciendo la fiscalización ambiental y la adopción de proyectos de preservación y desarrollo sostenible.
Además, volvió a poner a Brasil en el centro de la diplomacia climática global, con una postura firme en defensa de los bienes comunes naturales, el rechazo a la utilización de la agenda ambiental para restringir el comercio de los productos de nuestra región, y una apuesta clara por el multilateralismo como herramienta para enfrentar la crisis climática.
En ese marco, Lula propuso a la ciudad de Belém como sede de la COP30, que se celebrará en noviembre de este año. La Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es el principal foro internacional para negociar y coordinar acciones frente a la crisis climática.
Que Brasil sea anfitrión de su 30ª edición en 2025 simboliza este giro geopolítico: por primera vez desde el Acuerdo de París, la conferencia se realizará en Latinoamérica, en plena Amazonía, epicentro tanto de los desafíos como de las soluciones climáticas del presente. Se espera la participación de más de 40.000 personas, entre ellas más de 7.000 delegados de gobiernos de todo el mundo, lo que convierte a Belém en un escenario clave para la definición del rumbo climático global.
Los principales desafíos que enfrentará la COP30 incluyen reactivar la centralidad de la agenda ambiental, reconstruir la confianza entre los países tras años de promesas incumplidas, movilizar financiamiento genuino para la transición energética y avanzar en políticas de adaptación climática, especialmente en las regiones más vulnerables.
Nuestro aporte desde la provincia de Buenos Aires
Desde que el gobernador Axel Kicillof tuvo la decisión política de crear el primer Ministerio de Ambiente de la provincia de Buenos Aires, venimos construyendo una agenda que articula la defensa del ambiente con la justicia social, la distribución de la riqueza y la soberanía sobre nuestros bienes comunes.
En línea con esa visión, realizaremos un encuentro ambiental, la Pre-COP Buenos Aires Agenda Ambiental Latinoamericana. Camino a la COP 30 los días 31 de julio y 1 de agosto en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.
La Pre-COP es una instancia protagónica en el camino hacia la Conferencia de las Partes. En estos encuentros se abordan los principales ejes de las negociaciones climáticas con el objetivo de construir acuerdos y posicionamientos comunes. Hacerla en Buenos Aires no solo nos permite visibilizar los desafíos ambientales concretos que atraviesan nuestras comunidades, sino también abrir un espacio de diálogo que fortalezca capacidades locales, potencie políticas públicas y articule una respuesta colectiva desde la región.
Frente a los discursos negacionistas y la avanzada de modelos que promueven la depredación y la extranjerización de nuestros bienes comunes, creemos que es fundamental consolidar una perspectiva latinoamericana que defienda el ambiente como un derecho básico de nuestros pueblos. La Pre-COP Buenos Aires es una oportunidad para pensar ese horizonte de forma conjunta.

El encuentro se estructurará en torno a tres ejes centrales: el rol de los gobiernos subnacionales en la acción climática, el financiamiento internacional necesario para garantizar una transición justa y la necesidad de profundizar la integración latinoamericana como respuesta colectiva frente a la crisis ecológica.
Participarán referentes nacionales e internacionales, y se pondrá en común la situación crítica que atraviesa nuestro país, hoy afectado por el desmantelamiento sistemático de sus políticas ambientales, la implementación de un modelo de entrega de recursos estratégicos y la persecución a quienes se oponen a ese rumbo.
En este sentido, será también una oportunidad para denunciar la proscripción y el injusto encarcelamiento de Cristina Kirchner, que sólo puede leerse como un intento por desarticular toda posibilidad de resistencia popular y soberana frente al avance de estos intereses.
Debatir y organizarnos para ser protagonistas
La COP29 de 2024 en Bakú volvió a poner en evidencia la profunda fractura entre el Norte y el Sur Global. Mientras los países que históricamente más han contribuido al calentamiento global continúan sin asumir compromisos proporcionales, el financiamiento climático sigue siendo escaso, condicionado y basado en deuda.

En paralelo, figuras como Donald Trump reavivan el negacionismo y socavan el multilateralismo, debilitando aún más el Acuerdo de París. En este escenario, los países en vías de desarrollo debemos asumir un rol protagónico que revitalice la agenda ambiental, poniendo en el centro de la discusión que la única transición ecológica posible es aquella que venga acompañada de mayor justicia y redistribución de recursos.
Argentina supo tener una voz activa y respetada en este debate. Pero esa tradición fue interrumpida por el gobierno de Javier Milei, que ordenó el retiro de la delegación argentina en Bakú al segundo día de la cumbre. Ese gesto no fue una provocación más de las que nos tiene acostumbrados este Gobierno: fue un acto de rendición frente a los intereses que promueven la depredación, la extranjerización de nuestros bienes comunes y la marginación de los pueblos del Sur en las decisiones globales.

Nosotros seguimos creyendo que la respuesta debe ser regional, colectiva y soberana. No estamos solos, gobiernos como los de Brasil, pero también Gustavo Petro en Colombia o Claudia Sheinbaum en México, están impulsando agendas ambientales que articulan justicia social, defensa de los territorios y acción climática.
América Latina tiene hoy una oportunidad histórica de construir un Frente Ambiental común que eleve su voz en los foros internacionales, unifique demandas, aumente su capacidad de negociación y proyecte un modelo de desarrollo justo, inclusivo y sustentable.
Con esta Pre-COP, desde la provincia de Buenos Aires queremos contribuir a ese camino, consolidar una visión ambiental soberana y proyectar una voz latinoamericana fuerte hacia Belém y más allá.
*Daniela Vilar es la ministra de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires
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