¿Qué nos dicen los resultados de las Pruebas Aprender?

La dispar interpretación de esta evaluación alimenta una narrativa errónea, subestimando los logros y alarmando innecesariamente sobre el status educativo

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Las diferencias entre las provincias
Las diferencias entre las provincias

En los últimos días se conocieron los resultados de las Pruebas Aprender 2024. La muestra se tomó de terceros grados en todo el país y evaluó los aprendizajes de los estudiantes y las condiciones en que esos aprendizajes se produjeron. Aprender se desarrolla desde 2016 en diferentes grados de la primaria o años del secundario, y entre sus antecedentes están, desde 1993, los Operativos Nacionales de Evaluación.

Es evidente que en nuestro país se ha llegado a un fuerte consenso sobre las evaluaciones como un insumo significativo para conocer el estado de situación del aprendizaje en Argentina y, sobre todo, para la toma de decisiones.

La evaluación en el aula, para que cada docente pueda reconocer el alcance de los aprendizajes y orientar la enseñanza futura de lo no aprendido; la evaluación estandarizada nacional, para definir políticas educativas.

Apoyándose en la lectura de datos e informes previos, en particular del informe de Argentinos por la Educación elaborado en base de resultados de Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE, 2019), el gobierno nacional actual ha lanzado el Plan Nacional de Alfabetización suscripto por la totalidad de las jurisdicciones provinciales. En la Resolución del Consejo Federal 471/2024, que aprueba el Plan Nacional de Alfabetización, se adopta la visión de UNESCO (2023) que convoca a trascender la visión de la alfabetización como acto aislado para ser entendida como proceso continuo de inclusión en el mundo letrado lo que supone una serie de habilidades desde la identificación hasta la interpretación y creación de textos. En este sentido, se identifican cuatro momentos de este proceso: la alfabetización temprana; la alfabetización inicial; la alfabetización avanzada y la alfabetización académica.

Sin embargo, más allá de estas definiciones, no hay un delineamiento claro con respecto a qué momento del proceso educativo es aceptable o esperable para cada año de la escolaridad y especialmente qué es “ser una persona alfabetizada” para el tercer grado del nivel primario. Este es un primer problema de los informes recientemente publicados: si no tenemos definición, tampoco podemos establecer si una persona está alfabetizada y, menos, establecer “categorías” o “gradaciones” para considerarla básica, satisfactoria o avanzadamente alfabetizada. Es decir, los límites por encima y por debajo de los cuales quedan definidos grupos según sus desempeños.

Sin embargo, los resultados de Aprender se presentan agrupados por “niveles”, que afectan gravemente su condición de “insumo para tomar decisiones”.

Aparte de estas cuestiones técnicas, la interpretación de los datos presentada en los informes incorpora lecturas de política educativa que también merecen una atención detenida.

Según el resumen del Gobierno, el promedio de quienes “entienden lo que leen” (Niveles IV y V) se circunscribe al 45% de los que hicieron las pruebas. Cuando leemos la categoría siguiente (presentada por separado en el informe), que abarca un 24,5% adicional, encontramos un dato más que curioso: está caracterizada por niños y niñas que “comprenden textos de forma literal y se están iniciando en la comprensión inferencial y reflexiva”. Y hay más cuestiones para plantearse. La modalidad de toma de las pruebas contraría algunos de los principios que orientan la enseñanza escolar. Según los Núcleos de Aprendizaje Priorizados, se espera que la inferencia y la reflexividad lleguen de la mano de cada docente; sin embargo, las pruebas son tomadas sin ningún apoyo.

Entonces, y volviendo a la interpretación de los resultados, ¿por qué no destacar el porcentaje de niños y niñas que comprenden literalmente lo que leen? ¿Por qué en algunos medios directamente dejan afuera de los aprendizajes satisfactorios al 24,5% de la muestra?

Pasaríamos a que 3 de cada 10 niños y niñas de 3º grado no entienden lo que leen. ¿Es un problema? Sí, un problema gravísimo. ¿Es necesario alarmar a las familias, impugnar el trabajo de las escuelas, desvalorizar a la infancia de ese modo tan severo al sostener que 2 de cada 3 no entienden?

No. Si bien aún no se han publicado los informes técnicos, se ha adelantado en la serie de informes provisorios y presentación de resultados que hay un cambio en la metodología para el análisis de datos y el establecimiento de estándares. Estos cambios impiden que se comparen los resultados entre operativos y por lo tanto, la posibilidad de reponer la historia de las políticas y sus efectos.

En este sentido, cabe aclarar una cuestión técnica pero clave: la prueba Aprender 2024 cambió la forma en que define los niveles de desempeño. En lugar del método Bookmark —que usaban hasta 2023 y que incluía la mirada de docentes de todo el país— ahora sigue un modelo estadístico con criterio pedagógico, alineado con la prueba internacional PISA. Es esto lo que dificulta la comparación de los resultados obtenidos y un análisis sostenido en el tiempo.

Esto plantea una pregunta importante: ¿tiene sentido usar parámetros internacionales para evaluar nuestras propias realidades educativas?

Una última dimensión para tener en cuenta es el desarrollo de las políticas para abordar la problemática de la alfabetización. Desde el comienzo de la actual gestión el presupuesto educativo nacional para la educación obligatoria se redujo 64% en términos reales comparado con el año 2023. En este año se reorganizaron algunas políticas existentes dentro del plan de alfabetización nacional. De las líneas del plan, al momento, se ejecutó sólo un 2% del presupuesto destinado a la promoción de la lectura y 0% a la entrega de libros escolares para trabajar en las escuelas.

En síntesis, la alfabetización de los chicos y chicas es un tema central desde hace tiempo y las pruebas estandarizadas permiten hacer un seguimiento de la efectividad de las políticas públicas que se llevan adelante. Sin duda alguna.

Pero si las herramientas que nos permiten abordar esos problemas son defectuosas, en la evaluación siguiente seguiremos con el problema, o será peor. Y, con toda certeza, no es desconfiando de la escuela y sus docentes que mejoraremos los resultados.

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