
El 24 de abril de 1915 marca el comienzo del plan del Comité de Unión y Progreso (CUP) cuyo objetivo era el exterminio de la población armenia del Imperio otomano. Ese día fueron detenidos en Constantinopla y luego asesinados intelectuales, religiosos, docentes y todos aquéllos que pudieran ejercer algún tipo de resistencia. Así entre 1915 y 1916 se completó la eliminación de los armenios del Imperio otomano bajo la supervisión del Ministro del Interior Talaat Pashá quien gracias a su condición de telégrafo pudo enviar las órdenes de deportación a todas las regiones en breve tiempo. De ese modo, durante la primera guerra mundial fueron deportados 1.500.000 de armenios sobre una población de 2.100.000.
El asesinato, la deportación y la asimilación forzada fueron las tres fases de la destrucción de la minoría armenia planificada por los Jóvenes turcos en el poder con el propósito de reducir su número así como confiscar sus bienes y borrar los rastros de su presencia en el lugar. Iglesias, monasterios, instituciones educativas y sociales fueron asignadas a otras funciones o directamente destruidas.
En 1944 el jurista polaco Raphael Lemkin decía que el Genocidio consiste en un plan coordinado de acción con el objetivo de destruir los fundamentos de la vida de un grupo determinado. Dichas acciones están dirigidas hacia individuos que son parte de un grupo nacional, étnico o religioso e incluyen consideraciones políticas, religiosa, sociales étnicas y económicas. Según Lemkin la primera fase es “la destrucción nacional de un grupo oprimido” y la segunda, “la imposición del patrón nacional del opresor”. En el caso del genocidio armenio, la conversión y la asimilación forzada de mujeres y niños y su incorporación en el seno de familias musulmanas fue una de sus modalidades.
El compromiso de Lemkin con los pueblos que sufrieron la violencia de Estado no se limitó a denunciar su destrucción física cuando acuñó el término Genocidio, sino que también llamó la atención sobre la destrucción de naciones. Sostenía que el genocidio alcanzaba diferentes dimensiones atacando sus instituciones, en sus diversas expresiones como el idioma de un grupo, el control de todas las actividades culturales, la destrucción de monumentos nacionales, bibliotecas, archivos, museos y expresiones artísticas. Por ello, el concepto de Lemkin sobre genocidio no se limitó sólo a la destrucción de una nación por matanzas planificadas sino que incluyó también la destrucción sistemática de sus fundamentos de vida, su herencia histórica, cultural artística y religiosa.
El Genocidio armenio no terminó en 1915 sino que fue profundizado por Mustafá Kemal, fundador de la República de Turquía en 1923. Durante su gobierno se promovió la reescritura de la historia mediante la redacción de manuales escolares con la finalidad de borrar los rastros de la presencia armenia en ese lugar.
Asimismo, la empresa genocida se proyecta en la actualidad, sobre todo en el conflicto que mantiene Azerbaiyán con la desaparecida por decreto de la República de Atsaj. En diciembre de 2022 violando el acuerdo firmado tras la guerra de 2020 Azerbaiyán impuso un bloqueo a Artsaj impidiendo la circulación de bienes para la supervivencia de su población. Este tipo de acciones contra un grupo humano constituyen un Genocidio de acuerdo con la definición de 1948 por atentar contra la integridad física y mental de los miembros de un grupo. En este sentido dice el jurista argentino Luis Moreno Ocampo “el hambre es el arma invisible del Genocidio”.
Por su parte el historiador francés Vincent Duclert sostiene que el caso armenio es “un genocidio sin fin”, alertando sobre el silencio del mundo ante tan graves acontecimientos.
Hoy peligra la situación de Armenia. Las declaraciones armenofóbicas del Presidente de Azerbaiyán Ilham Alyev y de su par de República de Turquía, Recep Erdogan, son expresión de la decisión de poner en jaque la existencia misma de los armenios en el Cáucaso.
Últimas Noticias
Entre Ríos frente al Niño
La hora de la hidráulica y la prospectiva
La Copa del Mundo de la transición energética
América Latina enfrenta el segundo Balance Global con la opción de construir una postura regional sobre cero emisiones netas para 2050, resiliencia y el límite de temperatura del Acuerdo de París
El país que le espera a Abelardo De La Espriella
Colombia llega al cambio de gobierno con polarización política, recrudecimiento de la violencia y tensiones fiscales que condicionan al nuevo presidente

La tasa de inversión no coincide con el consumo récord
Una lectura fina de los números oficiales pone en duda el entusiasmo del relato y expone rezagos estadísticos, deterioro del capital y fragilidad en las economías de los hogares

Recuperar la prudencia fiscal
Un “shock de gestión pública” en los primeros cien días debería levantar un riguroso inventario de proyectos estancados, establecer criterios de priorización y exigir rendición de cuentas a los gobiernos subnacionales



