
En su exposición en la Bolsa de Comercio, el ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que el Banco Central tendrá una cantidad de reservas en dólares superior a la base monetaria. La afirmación buscó transmitir tranquilidad al mercado y sostener que el riesgo de una corrida cambiaria está bajo control. En otras palabras, que no existe atraso cambiario.
Sin embargo, esta afirmación de Caputo no considera un principio básico del sistema financiero: las corridas cambiarias no se explican por la relación entre reservas y base monetaria, sino por el multiplicador del sistema financiero.
En un sistema bancario con encaje fraccionario, los bancos no guardan el 100% de los depósitos en sus bóvedas. Por el contrario, prestan una parte significativa de esos fondos, lo que genera un efecto multiplicador sobre la cantidad de dinero en la economía.
Si el Banco Central tuviera reservas equivalentes a la base monetaria, esto no significaría que pueda responder a una corrida masiva de depósitos o una fuga de capitales, porque el dinero que podría salir del sistema financiero es mucho mayor que el circulante en sí.
En un sistema bancario con encaje fraccionario, los bancos no guardan el 100% de los depósitos en sus bóvedas. Por el contrario, prestan una parte significativa
Por ejemplo, al 25 de marzo la base monetaria rondaba los $30 billones y los depósitos en pesos del sector privado llegaban los 80 billones. Una corrida del 30% de retiro de pesos de los bancos para comprar dólares equivaldría a unos USD 18.500 millones. Esto sin incluir los bonos en pesos que tienen los particulares y que podrían vender para comprar dólares.
Para entenderlo mejor, imaginemos un escenario hipotético en el que el Banco Central cuenta con USD 30.000 millones en reservas y la base monetaria en pesos es equivalente a ese monto. Sin embargo, el total de depósitos en el sistema financiero podría ser tres, cuatro o hasta cinco veces mayor que esa base. En un contexto de desconfianza, los ahorristas no solo buscarán retirar su dinero en efectivo, sino también dolarizar sus tenencias, lo que generará una presión mucho mayor sobre las reservas disponibles.

Tomemos un ejemplo numérico: supongamos que el coeficiente de encaje es del 20%. Esto significa que por cada peso que un banco recibe en depósitos, guarda 20 centavos y presta los otros 80 centavos. Esos préstamos serán a su vez depositados en otra entidad financiera, que a su vez retendrá 16 centavos y prestará los 64 centavos restantes. Este proceso continúa, y al final, la cantidad total de dinero creada en el sistema bancario será de aproximadamente $5, es decir, cinco veces el depósito inicial.
Si los ahorristas empiezan a retirar sus depósitos de manera masiva, el monto de dinero en juego es mucho mayor que la base monetaria, y la presión sobre el Banco Central será insostenible.
El problema fundamental no es solo el nivel de reservas, sino la confianza en el sistema financiero, en la política económica y en la política cambiaria. Si la población cree que el gobierno no podrá sostener su estrategia cambiaria o que se avecinan riesgos devaluatorios, la demanda de dinero caerá y la dolarización se intensificará.
El problema fundamental no es solo el nivel de reservas, sino la confianza en el sistema financiero, en la política económica y en la política cambiaria
Es un error pensar que un mayor nivel de reservas, por sí solo, puede blindar la economía.
Basta con recordar el blindaje de 2000, cuando el gobierno de Fernando de la Rúa consiguió el apoyo del FMI que fue un acuerdo financiero entre Argentina y organismos internacionales - fundamentalmente el Fondo-, por el cual el país recibió un paquete de asistencia de aproximadamente USD 40.000 millones. El doble del acuerdo con el FMI que, 25 años después, está solicitando el Gobierno al organismo de crédito multilateral y, sin embargo, el mercado sufre cimbronazos.
La clave para evitar corridas está en garantizar la previsibilidad económica, eliminar distorsiones que afectan la confianza y avanzar en reformas estructurales que reduzcan la incertidumbre. Sin estos elementos, el problema de fondo persistirá, con o sin reservas en divisas abundantes en el Banco Central.
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