
La plaza nos contiene en la euforia de los logros o en el dolor de las crisis. Cómo olvidar aquella foto del 17 de octubre con los humildes y sus pies en la fuente.
La vida nos regala sobrado talento en el fútbol, ese que brilla por su ausencia en la política. Contamos con un director técnico sabio y humilde, no tenemos un solo dirigente político del cual podamos decir algo parecido. La codicia intenta privatizar todo para destruirlo como los gobiernos liberales hicieron con los ferrocarriles y tantos otros servicios de nuestra vida, llevándose ganancias inauditas, sin dejar por el solo hecho de privatizar alguna mejora. Una amiga que se ocupa de los carenciados en el Impenetrable me envió la pregunta de una niña de la zona: “¿Es cierto que en la capital lavan los coches con el agua que toman?”. La inocencia desnuda los peores rincones de la sociedad. Brasil fue grande en el fútbol y hoy sufre la ausencia de talento pero tiene suerte, la vida le regala enormes cuotas de un noble patriotismo que le aseguran la solidez de su futuro.
Entre nosotros vuelve a reinar el liberalismo improductivo de los herederos, de los rentistas, como aquella tablita de Martínez de Hoz que generó deuda a la par que destruía industria, como aquel “deme dos” de Cavallo que estalla con los ahorristas golpeando las puertas de los bancos para que les devuelvan sus depósitos. Los que pueden viajan afuera y compran producción extranjera, los asalariados y autopropistas, reciben el relato de que son más ricos en dólares, una forma de echarles en cara la pobreza del consumo del que quedaron prisioneros.
Distintos momentos de la historia donde los herederos, los financistas, los grandes terratenientes, deciden que sus vidas no tienen por qué hacerse cargo del resto de la sociedad. Incitar a comprar y veranear afuera es una manera de despreciar lo propio y terminar de destruir la industria y el trabajo que quedan.
Gobernar es dar trabajo y cada vez que nos toca este parasitismo “liberal” sufrimos el mismo dolor, nos degradamos como sociedad, nos empobrecemos, se incrementa la desmesura de la distancia entre los que pueden y los que no. Milei recibió el voto de clases medias y populares hartas de los desmanes de La Cámpora y del Kirchnerismo, son ellos los que lentamente deben ir asumiendo en carne propia que estaban acertados en huir de la decepción, pero que esto no implicaba ingresar en un espacio que les devolviera la esperanza.
El liberalismo es una forma de gobernar que permite el disfrute de las clases acomodadas a partir del imprescindible endeudamiento colectivo. Cuando se abandona la producción y el trabajo surge la deuda y la dependencia.
Brasil se quedó sin fútbol, nosotros sin políticos, le ponemos al deporte la pasión que hace tiempo abandonamos en el lugar del sueño colectivo. Brasil sufre un mal rato, nosotros una horrible vida.
Para cerrar, un homenaje a Osvaldo Bayer, el periodista e historiador del anarquismo en la Argentina, desde Severino di Giovanni hasta los vengadores de la Patagonia trágica, un intelectual con quien yo no coincidía ideológicamente, pero cuya riqueza para nuestra historiografía es indiscutible. ¿Era necesario destruir su estatua en un gesto de analfabeta soberbia? ¿Qué es esto? Es la destrucción de la historia, de nuestro pasado, la ignorancia sobre el valor de nuestra intelectualidad, lo peor de la persecución ideológica, que se está volviendo frecuente en la Argentina de los Milei, las Bullrich, reprimiendo a los jubilados cada miércoles porque no tienen otros logros y se muestran fuertes con los débiles, los Laje, los Márquez…y todos sus cómplices.
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