“¿Somos las mujeres el animal más discutido del universo?”: la reflexión de Virginia Woolf y el recuerdo de su ensayo feminista

Hace 84 años, el 28 de marzo de 1941, se suicidó Virginia Woolf, la icónica escritora feminista inglesa que en “El cuarto propio” definió que las mujeres debían tener dinero y un espacio personal para poder escribir. Su crítica a la misoginia, su definición de las mujeres como enemigos para sostener la autoestima masculina y cómo su antifascismo la vuelve icónica

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Un retrato de 1927 de
Un retrato de 1927 de Virginia Woolf la muestran interesante, lúcida y enigmática

“¿Son conscientes que las mujeres somos el animal más discutido del universo?”, preguntó Virginia Woolf en el libro mítico “El cuarto propio”. La discusión continúa. La pregunta sigue sin contestar. En cambio, los debates sobre si las mujeres tienen que trabajar, hacer deporte, jubilarse, tener hijos o disponer de su libertad son de furiosa actualidad. La escritora fue un animal de la literatura y una pionera que valoró el espacio sin interrupciones para poder escribir y la autonomía económica para no depender de halagos masculinos, soportar humillaciones para sobrevivir y tener que empequeñecer los propios valores para ostentar su pluma en bibliotecas exclusivamente masculinas.

Ella comenzó el libro, que está inspirado en una charla sobre mujeres y escritura, con algunas preguntas: “¿Por qué los hombres beben vino y las mujeres agua? ¿Por qué un sexo es tan próspero y el otro tan pobre? ¿Qué condiciones son necesarias para la creación de obras de arte?”. Virginia Woolf reivindicó la autonomía económica por encima del voto. Ella recibió la herencia de una tía (Mary Beton), que murió por un accidente ecuestre, casi al mismo tiempo que el sufragio femenino (logrado para las mujeres de todas las edades, en julio de 1928, en Inglaterra) y, sin ostentación, pero sí con la agudeza de dimensionar la libertad de la independencia valoró “el cambio de ánimo que trae consigo la recepción de una renta fija” y se regocijó “comida, casa y vestido son míos para siempre”.

A la vez, rescató: “No solo el esfuerzo y el trabajo cesaron para mí, sino también el odio y la amargura”. ¿Por qué? “No puedo odiar a ningún hombre; no puede hacerme daño. No necesito halagar a ningún hombre; no tiene nada que ofrecerme”. La escritora se pregunta en el libro cómo tiene que hacer una mujer para escribir y, claramente, se distancia de los trabajos explotados, poco rentables y humillantes en donde ella tenía que “mendigar por una colaboración” y que la marchitaban de “miedo y amargura”. Ella reivindica la autonomía económica pero no la acumulación de dinero.

 “No puedo odiar a
“No puedo odiar a ningún hombre; no puede hacerme daño. No necesito halagar a ningún hombre; no tiene nada que ofrecerme”, escribió Virginia Woolf

“La gente rica suele estar siempre enojada porque sospecha que los pobres quieren arrebatarle su dinero”. Ella reivindica el dinero (el penique era la moneda de ese tiempo) propio, no solo el cuarto, la cuenta bancaria también. Y pone de relieve que las mujeres de la generación anterior no podían ganar dinero, ni administrarlo. Ni entrar a una biblioteca sin un profesor o una carta de administración. Ni ahorros, ni sabiduría. “Una mujer necesita dinero y una habitación propia para dedicarse a la literatura”, sentenció en una frase que se convirtió en un mito, revisitado, contrastado y relativizado (para las precarias, las madres, las migrantes, las racializadas, que están lejos del cuarto o del dinero, pero igual cerca de la escritura) y que, de todas las formas, es un piso irrebatible desde donde seguir escribiendo y debatiendo.

El clásico latiguillo incluso fue reinventado en poesía en donde el cuarto se vuelve un cuartito. El poema “Amigas”, de María Bastarós, ironiza: “A veces sueño / con la amiga feminista definitiva / la conoceré en una rave / se me acercará sigilosa / con oscilantes pasos de Doctor Martens y un trozo de pastilla en la mano / y me dirá: Toma tía / un cuartito pa ti sola / como la Virginia Woolf”. Casi un siglo atrás Virginia no se habría imaginado que sus letras se convertirían en un guiño intergeneracional.

El libro icónico comenzó a gestarse el sábado 20 de octubre de 1928 cuando preparaba una charla para las alumnas del Newnham College (uno de los primeros colegios femeninos de Cambridge), por invitación de Arts Society. Virginia fue impuntual pero quedo puntuada en la historia como un hito feminista. A la cena fue acompañada de su marido (Leonard), su hermana (Vanessa Bell) y su sobrina (Angelica). El libro fue publicado, en 1929, simultáneamente en Reino Unido y Estados Unidos. Y desnudó la invisibilización femenina en una frase contundente: “Me atrevería decir que Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer”.

“Me atrevería decir que Anónimo,
“Me atrevería decir que Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer”, escribió en "El cuarto propio"

Las mujeres con firma la siguen citando y usando sus letras de trampolín para la reflexión. El libro “Un millón de cuartos propios, ensayo para un tiempo ajeno”, de Tamara Tenenbaum ganó el Premio Paidós, el 22 de enero del 2025, en Barcelona. “A mediados del 2022 me encargaron una traducción de Un cuarto propio, el ensayo feminista y emblemático de Viginia Woolf. Virginia escribe así: toma una pregunta y va viendo dónde la lleva, una suerte de pensar en voz alta, ir contando lo que estás haciendo”, describe Tenembaum y delinea que no hay “pepitas de verdad” como describe Woolf a las certezas absolutas. Tamara señala que esa falta de aseveraciones la había alejado de la lectura en la adolescencia, en busca de definiciones que compartir de forma tajante y, sin embargo, la acercó en este momento de necesidad de interrogantes.

“Lo que noté es que Virginia me estaba señalando un método, un camino incluso”, valoriza Tamara. La actualidad del libro se reivindica como si se hubiera escrito hoy frente al neo fascismo y el surgimiento de locos con poder que tienen en común el odio a las mujeres. Woolf dejó registrado: “Napoleón y Mussolini han insistido tanto en la inferioridad de las mujeres; porque si no fueran inferiores, ellos dejarían de agrandarse. Esto explica en parte la necesidad que tienen los hombres de las mujeres”. El machismo y los discursos de odio se unifican. Son un fenómeno vigente, pero no novedoso.

"Un millón de cuartos propios"
"Un millón de cuartos propios" es un libro de Tamara Tenenbaum inspirado en la traducción que hizo del clásico de Virginia Woolf y ganó el Premio Paidós 2025

Así describió la escritora una composición que hoy podría entrarle a influencers misóginos e integrantes de la machosfera: “La vida es ardua, difícil, una lucha perpetua. Exige un coraje y una fuerza de gigante. Más que nada, quizá, siendo como somos, hijos de la ilusión, exige confianza en uno mismo. Sin esa confianza somos como recién nacidos en la cuna. ¿Cómo podemos desarrollar, lo más de prisa posible, esa cualidad imponderable y sin embargo tan valiosa? Pensando que otros son inferiores a nosotros. Sintiendo que uno tiene una superioridad innata sobre los demás”.

El cuarto, el dinero y otro factor determinante en el mundo Woolf: la comida. “Una buena cena es de suma importancia para una buena conversación. No se puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no se ha cenado bien”, definió. “¿Aún le temen a Virginia Woolf?”, preguntó la psicoanalista chilena Pilar Errázuriz, en un artículo de 2008, en donde definió: “Un cuarto propio marca un hito para la historia de las mujeres en la literatura y se constituye en un análisis socio-político de la época desde una perspectiva de género. Condensa en forma magistral sus reflexiones acerca de la situación de las mujeres en la Inglaterra de la época y describe la relación entre hombres y mujeres, el estatus que tiene la mujer en la sociedad patriarcal, así como las consecuencias de la subordinación femenina al mundo masculino tanto en lo político como en lo económico y social”.

Virginia Woolf nació, en Londres, en enero de 1882. Escribió más de veinte libros y formó parte del grupo literario de Bloomsbury. Se suicidó al mediodía del 28 de marzo de 1941, en Lewes, en el condado de Sussex, en Inglaterra, durante la segunda Guerra Mundial, cuando tenía 59 años. Era declaradamente antifascista y tenía terror de que los nazis llegaran a Inglaterra y pudieran secuestrarla. Se ahogó en el río Ouse (un acto planificado después de llenar de piedras su abrigo). Sufrió severas crisis de salud mental. Le dejó una carta a su esposo Leonard. También escribió “Las olas” y “Orlando”, entre otras obras. El dolor de ser mujer sigue marcando a las mujeres. Contención, cuidado, salud mental también son deudas pendientes, además de dinero y cuarto propio.