
Elie Wiesel, sobreviviente del Holocausto y Premio Nobel de la Paz, dijo que no es suficiente recordar, sino que debemos hacer recordar. Este argumento es una exhortación a quienes aprendieron de la historia y sienten que pueden contribuir a la creación de una conciencia social que nos permita aprender para no repetir.
Siempre me he preguntado cómo ejercitar la memoria y qué significa realmente recordar. Hoy, 17 de marzo, me invaden recuerdos de ese día de 1992, cuando minutos antes de las tres de la tarde, un coche bomba explotó frente a la entrada de la Embajada de Israel en Buenos Aires, en la esquina de Arroyo y Suipacha, con la intención de matar a la mayor cantidad de personas posible.
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No solo fue destruido el edificio de la Embajada. También la iglesia fue destruida y su párroco asesinado. El geriátrico que funcionaba enfrente resultó dañado, y decenas de sus residentes fueron heridos. Hoy rendimos un homenaje solemne a los 29 fallecidos y a los sobrevivientes que, 33 años después del ataque, como dice Víctor, uno de ellos, aún llevan “heridas en sus cuerpos y en sus almas”. Ellos, los sobrevivientes, fueron testigos del odio asesino que desencadenó esta tragedia.
Jorge, quien trabajaba en la Embajada, recuerda que “el edificio voló por los aires con todos nosotros adentro”. Alberto, quien trabajaba junto a Víctor, explica que “el terrorismo es la conjunción de muchísimas cosas, que son fanatismos políticos, intereses y maldad”. Por eso, tal vez, como comparte Mirta, “esperamos que algún día se sepa quién fue la conexión local”, aunque ese parece un anhelo cada vez más lejano.
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Sus testimonios no son solo sus recuerdos, sino también un motor que nos hace recordar, y esto nos permite educar y generar conciencia. Por ello, el Congreso Judío Latinoamericano, junto con AMIA, registramos en video sus historias y las reunimos en un sitio web, para preservar los testimonios de quienes estuvieron allí y lograron sobrevivir. Los relatos en primera persona nos permiten dimensionar el horror de ese día, la herida que sigue abierta por la impunidad y el vacío que dejaron esas historias inconclusas.
Sin dudas, ver estos testimonios despertará sensaciones y pensamientos, que servirán como andamiaje para afirmar la memoria y para comprender el profundo daño que causa el terrorismo.
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Repasando sus historias de ese día, tal vez comprendamos que cuando el objetivo es matar a la mayor cantidad de personas posible, todos somos blancos. Y nosotros, solamente porque ese día caminábamos por otra calle, porque esperamos al amigo en otra esquina, porque el taxi en el que viajábamos tomó otro camino, no fuimos alcanzados por la bomba.
Recordar no es solo un acto de memoria, sino un compromiso con la verdad y la justicia.
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