El valor geopolítico de la educación superior

Las universidades deben ponerse de acuerdo y constituirse conjuntamente en actores y factores de cambio, en conciencia crítica de la realidad y promotoras de escenarios prospectivos a los que orientar nuestras sociedades, influyendo en la toma de decisiones y el diseño de las políticas públicas, tanto a escala local, nacional y multilateral

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Rectores, decanos, académicos y estudiantes
Rectores, decanos, académicos y estudiantes universitarios de América Latina, el Caribe y la Unión Europea se reúnen esta semana en Heredia, Costa Rica

Un centenar de rectores, decanos, académicos y estudiantes universitarios de América Latina, el Caribe y la Unión Europea se reúnen esta semana en Heredia, Costa Rica, convocados por el Foro Académico Permanente de América Latina y el Caribe y la Unión Europea (FAP ALC-UE) y la Universidad Nacional de Costa Rica, para analizar y formular propuestas sobre la contribución que la comunidad académica de ambas regiones puede hacer para enfrentar los desafíos globales de la humanidad. Tal preocupación de los actores fundamentales de la educación superior se justifica plenamente, ante un escenario que se caracteriza por la incertidumbre, la complejidad, las amenazas estratégicas y existenciales, y también grandes oportunidades brindadas por la revolución tecnológica para avanzar hacia un desarrollo social, económico, político y culturalmente sostenible.

Los desafíos son comunes y los escenarios futuros que nos muestran una prospectiva del siglo XXI son muy preocupantes, a menos que seamos capaces de corregir el rumbo, el modelo de desarrollo y de recuperar la solidaridad y la cooperación como centro del multilateralismo. Es lo que insistentemente vienen señalando las organizaciones humanitarias, ONGs, centros de estudios y las universidades de todos los continentes. La ONU ha recogido estas voces de alerta, sobre todo a partir del Informe de su secretario general, Antonio Guterres, “Nuestra Agenda Común”; y del reciente “Pacto para el Futuro”, acordado en septiembre de 2023. El medioambiente, la democracia, los derechos humanos, la paz y la seguridad se encuentran en riesgo vital. Su deterioro afecta la estabilidad internacional y la supervivencia misma de la humanidad.

La acción de los gobiernos no es suficiente. Los compromisos asumidos en acuerdos internacionales son cumplidos solo parcialmente. Un ejemplo es que los ODS de la Agenda 2030 muestran solamente un 17% de avance y será imposible cumplir con los 17 objetivos y las 169 metas previstas. La sociedad civil tiene que jugar un papel más activo, debe ser reconocida y tener un espacio gravitante en la tarea común, y las universidades como parte de ella.

Las universidades pueden ser una fuerza global de valor geopolítico si en el cumplimiento de sus funciones clásicas de docencia, investigación y extensión -hoy ampliada como vinculación con el medio- se internacionalizan y proyectan globalmente mediante una concertación entre sí, logran un entendimiento sinérgico y un compromiso como “comunidad académica” para sustentar como masa crítica intelectual los esfuerzos por la construcción de un futuro sostenible.

Esto significa que las universidades deben ponerse de acuerdo y constituirse conjuntamente en actores y factores de cambio, en conciencia crítica de la realidad y promotoras de escenarios prospectivos a los que orientar nuestras sociedades, influyendo en la toma de decisiones y el diseño de las políticas públicas, tanto a escala local, nacional y multilateral. La fuerza transformadora potencial de la educación superior, como promotora de la paz, la cooperación y el desarrollo, si tanto los estados como las propias universidades toman conciencia de ello, es muy significativa y no está suficientemente aprovechada.

Los datos son contundentes: en el mundo hay 26.000 universidades, con 254 millones de estudiantes y 18 millones de profesores. En el caso de la comunidad académica de América Latina, el Caribe y la Unión Europea, en el marco de la Asociación Estratégica birregional pactada en la Cumbre de Río de 1999, contamos en conjunto con 8.700 universidades (5.700 en la UE y 3000 en ALC), 51 millones de estudiantes (20 millones en la UE y 31 millones en ALC) y 4 millones de profesores (1,5 millones en la UE y 2,5 millones en ALC).

Por eso, la reunión de la comunidad académica eurolatinoamericana en Costa Rica -que cuenta además con la participación de la Universidad para la Paz de la ONU, la OIT, la Fundación EU-LAC, la Erasmus Student Network, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación (OEI), la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER) y el Proyecto Milenio- prepara la VI Cumbre Académica ALC-UE y las propuestas dirigidas a los jefes de Estado y de Gobierno que se reunirán próximamente en la IV Cumbre CELAC-UE en Colombia, para la creación de un Espacio Común Eurolatinoamericano de Educación Superior, ciencia, tecnología e innovación, mediante un Acuerdo de Integración Académica birregional, contribuyendo así al papel estratégico que nuestros países tenemos que cumplir como actores globales en la construcción del futuro.

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