
Las elecciones de Venezuela terminaron siendo una derrota para la esencia de la democracia y la libertad. Nuestro Presidente sale a cuestionar al socialismo sin querer advertir que el tema central es el autoritarismo. El socialismo tiene tanto derecho a gobernar si gana las elecciones como el anarco capitalismo extraviado que él expresa, eso que Milei y quienes lo siguen gustan apodar “lo libertario”. Pensemos que el peronismo se separa del kirchnerismo en el momento en que surge el personaje de Hugo Chávez, cuando Venezuela inicia esa gesta insensata, tardía, de un antiimperialismo fuera de época y de lugar. Y recordemos que Perón nunca simpatizó con el régimen cubano y menos aún, con el Che Guevara. La conjunción entre Venezuela y Cuba es la reivindicación de un autoritarismo que termina utilizando como excusa el bloqueo y el socialismo, pero, en verdad, eternizarse en el poder es lo que define al régimen de Maduro, el resto son excusas.
En nuestro país los golpes de Estado no los dio el peronismo. Nosotros siempre respetamos las urnas, aun en las elecciones posteriores al 55, momento en que la denominada Revolución Libertadora derroca y expulsa al General Perón, teniendo él absoluta plenitud de un poder otorgado legítimamente por la ciudadanía con su voto.
Por su parte, el kirchnerismo se enamora de Cuba y Venezuela y es ahí donde pierde el rumbo que el peronismo había trazado. Esa tercera posición que nos lleva a coincidir tanto con los equilibrados pasos que da hoy el presidente de Brasil Lula da Silva como a distanciarnos de la penosa situación que vive Venezuela.
La tercera posición era una concepción demasiado clara y bien definida como para que algunos tomasen el rumbo minoritario del conflicto con las democracias. El peronismo tuvo siempre mayoría electoral mientras gobernó y también supo asumir la derrota y entregar el poder a la hora de hacerlo. Me remito a Ítalo Luder en el 83 ante el triunfo de Alfonsín e incluso a Cristina Kirchner en 2015 frente a Macri. Somos una fuerza democrática a la que el kirchnerismo degradó e intentó convertir en una estructura de izquierda que nada tiene que ver con nuestros orígenes aunque, como acabo de señalar, jamás alteró tampoco el orden constitucional y, en cambio, aceptó sus derrotas, incluida la de 2023. Desde ya, Cámpora expresaba un desvío dentro de la pobreza de sus convicciones, y elegirlo como la expresión de un sector de la juventud fue asumir una distancia respecto del peronismo, que acabó por definirlos.
Si la tercera posición era “ni yanquis ni marxistas”, adherir a Rusia para demostrar antiimperialismo en tiempos en que EEUU dejó de ser el poder central, carece de racionalidad. Además, Venezuela negocia con EEUU, no hay bloqueo alguno que la dañe, el único bloqueo es el de las urnas, el del pueblo, con 8 millones de exiliados a los cuales se inhibe del poder del voto que, sin duda, sería mayoritariamente opositor. Con ese porcentaje de expulsados, no hay democracia que se pueda sentir fuerte ni convocante. Venezuela es un fracaso como lo es Cuba.
En un canal de televisión esta semana recordaban en un gráfico que en los años 60 la Argentina generaba más del 50% de la riqueza del continente, habiéndose hoy reducido a menos del 20%. Hasta los 60 fuimos patria, incluso hasta los 70 seguimos siéndolo. La miseria es el liberalismo que nos gobernó durante la dictadura con Videla y Martínez de Hoz, luego con Menem y Cavallo y nos gobierna hoy con Milei, Caputo y Sturzenegger -no me cansaré de repetirlo-, ese liberalismo que en política exterior intenta utilizar la crisis para expandir su supuesta ideología liberal. Por el contrario, encontramos madurez, conducta y ecuanimidad en Lula y en Petro, quienes hacen política exterior respetando el interés colectivo y pensando en el futuro del continente. Lo demás es sólo infantilismo coyuntural.
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