
Si vamos a elegir líderes para que decidan sobre nuestra vida y nuestro futuro, así como para nuestros hijos y nietos, sería muy sabio tener en cuenta algunas reflexiones. La Biblia Hebrea está repleta de historias de reyes y políticos corruptos precisamente para advertirnos sobre lo importante de elegir líderes sabios y honestos.
En primer lugar, no es aconsejable votar a un partido político solo por ser del partido político que uno vota tradicionalmente. Cuando se trata de una elección, elegir un partido, solo por fanatismo, puede ser contraproducente. Los partidos en realidad están compuestos por individuos: quizás el fundador del partido a quien uno conoce o leyó le atrae (por ideología, carisma o cualquier otro motivo), pero el representante actual no sigue esa línea. Entonces, es mejor que votemos personas con quienes concordemos con sus ideales, sea cual fuera el partido en el que estén.
Hay decenas de episodios bíblicos en los que el legítimo heredero del trono real se corrompe: el rey Manasés pertenecía al “partido correcto”, a la dinastía de David, pero fue un rey idólatra, traicionero y que perseguía a sus opositores (Reyes 2:21). No alcanza con conocer la ideología oficial de un partido, sino que también es necesario conocer a la persona que lo dirige.
En segundo lugar, elegir a una persona es bueno, pero no es suficiente. Debemos saber quién es. Votar a quien “conocemos” como se muestra en las redes sociales o medios es lo mismo que votar a un desconocido. Busquemos conocer de verdad a la persona a elegir: indaguemos y consultemos con expertos.
Debemos corroborar que no sean corruptos, soberbios ni falsos; que no fomenten la discordia; que sean organizados, buenos administradores o sepan elegir administradores; que busquen el beneficio de la sociedad, del club o del país; que no les interese el dinero mal habido ni la fama falsa ni la sensación de tener poder; que persigan la justica sin miramientos; que fomenten el trabajo y no la vagancia; que incentiven la inversión, la asistencia a los minusválidos, los ancianos, los enfermos y los que no pueden trabajar; que luchen contra el delito y la transgresión de la ley; que promuevan y aseguren la libertad de las personas de prensa y de ideologías; que fomenten la educación y no la ignorancia; que apoyen la seguridad y la paz; que luchen contra la discriminación y la segregación.
Coré instigó una rebelión contra Moisés, amparándose en un ataque a las virtudes de Moisés (Números 16). Coré aparentaba ser una persona ejemplar y acusaba a Moisés de utilizar el poder para acomodar a su familia —Aarón y Miriam— en puestos de autoridad. En realidad, Coré se había enriquecido ilícitamente durante la salida de Egipto y ansiaba el puesto de Moisés para sus propios fines personales.

Una vez que elegimos pareja, líder, socio o lo que sea que interfiere en nuestra vida, quitarlo es realmente muy traumático y a veces imposible. Hay sociedades que quedaron traumadas para siempre por un líder destructivo, otras que lograron o están consiguiendo con éxito borrar su influencia, pero una vez elegido un vicioso para liderar, la catástrofe se avecina y la solución será traumática. Por ello, más vale prevenir que curar.
El rey Jeroboam fomentó el cisma entre Israel y Judea, con el argumento de que los impuestos eran excesivos (Reyes 1:11). Después construyó un Templo pagano, paralelo al Gran Templo de Jerusalén, en donde realizaba un culto idólatra, con el objetivo de separarse definitivamente de cualquier vínculo con Judea. El rey Jeroboam antepuso sus intereses personales a la búsqueda del bien común. En el largo plazo, conllevó la desaparición de todo el reinado de Israel, que fue engullido por la historia. Jeroboam dejó su impronta, y su influencia no pudo ser erradicada, incluso después de muchos años de prédica de los profetas.
No importa a qué sector o partido pertenece aquel que elegimos como líder. Pongamos en esa elección la misma atención que ponemos para contratar una persona que atienda a nuestros hijos o un enfermero para nuestros padres. Elijamos con sabiduría a los sabios o no elijamos nada. No le demos el timón de barco a alguien sin haber investigado lo suficiente. Recordemos que se trata de nuestra vida y la de nuestros hijos.
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