
Los debates, sean políticos o no, son un culto democrático y comunicacional por excelencia. Tanto los oradores, “ganadores” o “perdedores”, los moderadores, los asesores, como los medios y el público cumplen su función y proveen al debate de repercusiones.
Aunque cada uno cumpla su rol, el foco a la hora de debatir lo tienen los oradores. Ellos son quienes deben demostrar sus capacidades lingüísticas, personalidades y liderazgo en los intercambios con sus pares y, por sobre todo, demostrarle a los espectadores naturalidad, convicción y equilibrio.
Es acá, donde entra el primer obstáculo: la naturalidad. ¿De qué manera se muestra la naturalidad en toda la preparación que requiere debatir ideas y proyectos?
La esencia de un debate, y más aún el debate televisado y viralizado, son las interacciones de los candidatos. Estas mismas obligan a prepararse ante preguntas frecuentes y escenarios difíciles. Si bien hay cruces esperados, no todos los momentos son de fácil predicción y preparación, y menos aún, mostrarlo natural y no “coacheado”.
El segundo es la convicción. En ese factor entra en crisis la trayectoria, mochila y conocimientos de cada candidato. Al mismo tiempo, entra la mano y ayuda principal del equipo de asesores de generar confianza y calma al orador.
¿Decir menos es más?
En términos comunicacionales, importa tanto lo que se dice, como lo que no. La comunicación no verbal, la subida y bajada de tonos, las pausas y las palabras elegidas son el punto fuerte y canal para transmitir la convicción y preparación de cada candidato.
Es acá, cuándo entra el formato. No es lo mismo hablarle a espectadores de tele en vivo, que hablarle a una audiencia que va a conocer el debate por memes de X (ex Twitter). ¿De qué manera se cumple con esta dualidad mediática?
En el ejemplo del primer debate presidencial lo vimos con los best clips: frases netamente pensadas para recortes en redes sociales. Se los podría definir como “ganchos” si hablamos de gráfica, y como “flashes” si vamos al campo audiovisual. Es por eso, que el formato importa y mucho. Esta doble pantalla en la que se ve el debate es un doble round al que se suben los candidatos y los equipos de prensa.
Una vez abarcado los otros dos obstáculos, llega el objetivo comunicacional final: el equilibrio. Acá entra en jaque la elección de temas a tocar, la estrategia de defensa y ataque, la convicción y la naturalidad. Es importante siempre pensar en quién es nuestra audiencia, a quién le hablamos y cómo vamos a llegar a transmitir lo que queremos.

El primer debate presidencial tuvo casi treinta puntos de raiting, cobertura de medios a nivel nacional e internacional y fue trending topic durante toda su transmisión. Eso implica que, dentro de los espectadores, no hay una única audiencia, sino varias y es ahí cuándo el candidato tiene que definir a quiénes quiere hablarle y qué les va a comunicar. Este equilibrio se da cuándo se conocen todos los puntos clave que forman a la estrategia del debate y se definen.
¿Qué pasa con la “memificación” de los candidatos?
Los argentinos tenemos un humor muy particular. Si bien los memes existen en todo el mundo, nuestro país los adopta muy en serio a la hora de demostrar ideas y posturas.
Desde los jingles de Gelatina, hasta el meme de “gatito mimoso”, se demuestra de forma clara la cultura del humor nacional. Los equipos de prensa y los candidatos deben tomarlo como una arista importante del debate, no solo por su rápida viralización sino por la capacidad de transmitir y ridiculizar en una simple foto que perdurará en el recuerdo.
La comunicación fue mutando y adoptando las distintas herramientas de la era tecnológica que vivimos. Es por eso, que los asesores tienen que preparar al candidato para clips de Instagram y tiktok, memes de X y WhatsApp y no perder el eje de las ideas ni de la imagen.
Últimas Noticias
La huelga no es un derecho absoluto
Las libertades no pueden transformarse en un libertinaje y el estado de derecho es lo que deben cuidar los jueces, no fomentar la violencia ni la conflictividad

¿Qué le pasa hoy a la economía de Argentina?
El ajuste fiscal, la apreciación cambiaria y el crédito caro contienen desequilibrios, pero también debilitan el consumo, la inversión y la actividad
Del conocimiento a los resultados: una oportunidad para Argentina
El planteo propone que la formación académica responda a las necesidades del sistema productivo y que la investigación impulse innovaciones, con cooperación sostenida, inversión y una estrategia de largo plazo

El Consejo de Seguridad Nacional
La iniciativa reuniría a la Cancillería, las Fuerzas Armadas y la Secretaría de Inteligencia para coordinar diagnósticos sobre amenazas y diseñar respuestas institucionales, sin incorporar nuevas estructuras burocráticas dentro del Estado nacional

Enseñar el uso crítico de la IA
Las escuelas y universidades enfrentan el reto de incorporar modelos generativos sin caer en la prohibición ni en la adopción irreflexiva, bajo el principio de que la tecnología requiere control humano sobre fines y condiciones





