
Seiscientos cuarenta y nueve argentinos no murieron en Malvinas para que diplomáticos aficionados especulen, tan livianamente, en el tema más delicado de nuestra política exterior y tan hondamente arraigado en el sentimiento del pueblo argentino.
La recuperación de las Islas Malvinas va a llegar, pero requiere prudencia, sensatez, conocimientos y mucha idoneidad, en una de las controversias más atentamente observadas por el resto del planeta y los argentinos.
En esa disputa nuestros mejores derechos prevalecerán, solo se trata de derrotar a la carencia de razón de quienes nos discuten desde afuera. Lo que no debemos permitir es que se los ayude desde adentro, aunque fuere involuntario: el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.
Los argentinos debemos cerrar filas en torno al mandato de nuestra Constitución, que es obligatoria para todos: recuperar la soberanía por medios pacíficos, diplomáticos y respetando los derechos de todos, aún de aquellos que se nos oponen. Por eso somos argentinos.
Junto a Patricia Bullrich pensamos que hay que a hacer un reconocimiento a los que han (combatido) luchado y los que han dado su vida por nuestra patria. Y que la historia nos tiene que permitir sacar conclusiones de cara al futuro, en la reconstrucción de las Fuerzas Armadas Argentinas.
Tener fuerzas armadas es fundamental para defender la soberanía y el interés de nuestra Nación Argentina.
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