
En los próximos días comienza la veda electoral. El tiempo de discursos y frases vacías concluyó. Llegó el momento de reflexionar para elegir. Estoy convencido que LA LIBERTAD AVANZA (LLA) fue la única fuerza política que planteó propuestas serias y concretas para resolver los principales problemas que atraviesa nuestro país en la peor crisis de su historia. Se podrá coincidir o no con nuestro programa en materia económica, educativa, de defensa, salud, justicia o seguridad, pero no puede negarse que fuimos hasta aquí los únicos que planteamos con claridad las reformas necesarias para terminar con la decadencia y construir una Argentina pujante hacia el futuro.
De las tres fuerzas políticas mayoritarias, según los sondeos de opinión, sólo nosotros hemos planteado con honestidad intelectual, sin tapujos ni medias tintas, nuestras iniciativas de gobierno, mientras que las otras dos dedicaron su tiempo a peleas intestinas, al armado de costosas estructuras electoralistas y a desarrollar una estrategia de difamación con la intención de desprestigiarnos. En la Argentina de hoy, estas estructuras partidarias se han convertido en reaseguros de la casta política, empresarial y sindical para el mantenimiento del poder y de sus privilegios. Poco les importan las ideas, sólo les importa el poder por el poder mismo.
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En los últimos meses, estas dos “estructuras” me han difamado en términos políticos y personales. Me tenían que sacar del medio para que nada cambie, mientras ellos hacen como que se pelean cuando en realidad se están repartiendo el bienestar de los argentinos. Son tan “casta” que han llegado al punto de criticarme por no tener una estructura, de esas que paga el Estado, que me permita pelear de igual a igual. Nuestros rivales políticos pretenden hacer creer que perderemos porque no podremos fiscalizar la elección. Literalmente están confesando que van a usar sus “estructuras” para robarnos votos.
La casta diseñó desde hace muchos años un sofisticado y perverso sistema de subsistencia. Se financian desde el Estado, buscan cobertura mediática con pauta oficial, negocian y otorgan prebendas a sindicatos para obtener apoyo logístico, reciben apoyo económico de empresarios prebendarios. Y finalmente, si llegara a aparecer alguien que quiere romper este sistema, su última herramienta es correrlo con mentiras, difamación y trampas. Pero aquí estamos, resistimos, y somos competitivos, dos años después de haber iniciado este camino junto a miles de argentinos en todo el país para enfrentar a estas estructuras y poner a la Argentina de pie. Este año será el punto de inflexión de la decadencia y el inicio de una reconstrucción definitiva de Argentina.
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San Martín, Belgrano, Alberdi, Sarmiento, por citar sólo algunos de nuestros padres fundadores, no ahorraron en sacrificios ni en voluntad cuando hicieron de Argentina un gran país. Ellos son nuestros héroes, a ellos tenemos que emular en sus esfuerzos y en sus convicciones. Ellos pudieron hacerlo, y yo los convoco a que lo hagamos nuevamente. Esta es nuestra tierra, queremos vivir y morir en ella. No permitamos que los mismos de siempre nos quiten ese sueño.
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Se acaba el ruido de las campañas políticas. Escucharon nuestras propuestas y la falta de propuestas de nuestros adversarios. Los argentinos enfrentamos un momento histórico. Nos toca elegir un camino, el de los mismos de siempre, o el camino de la libertad, de los principios, y el desafío de volver hacer de Argentina la potencia que fue. Esta segunda opción que proponemos desde LLA requiere un esfuerzo épico de todos los argentinos de bien, de todos aquellos que no queremos dejarnos ganar por el desánimo y anhelamos un país como el que supimos ser.
El primer paso de esta lucha será ir a votar este 13 de agosto. La abstención no soluciona nada. Ellos sí votan. Seamos protagonistas, vayamos a votar con la convicción de que es posible reconstruir el país. Te proponemos dejar atrás las frustraciones y sumarte desde este 13 de agosto a una lucha épica para construir nuestra Argentina, la de todos, libre, desarrollada, moderna, justa y digna.
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