En un contexto donde la sociedad dejó de confiar en la clase política, gobernadores populistas aprovechan para acentuar comportamientos autoritarios que promueven privilegios y sostienen la impunidad de corruptos. Todo esto, financiándose con fondos públicos. En definitiva, deterioran la democracia.
Muchas provincias enfrentan la paradoja de gobiernos que, con narrativas caudillistas, presumen defender a la población más necesitada. Mientras, multiplican la pobreza y se alimentan de la dependencia generada por estados ineficientes. Jorge Capitanich es claro ejemplo de un feudo sostenido por la estafa de la coparticipación y la plata de los contribuyentes. Actualmente gobierna por tercera vez una provincia con más empleados públicos que privados (136 por cada 100). Mientras, se vanaglorian en medios y defienden su gestión en multitudinarios actos. Movilizados a puro aparato, por supuesto. Pero la realidad es otra: el 54% de los habitantes de Resistencia (su ciudad capital) son pobres; y el 15 % se encuentra en situación de indigencia. Este es el caso de un gobernador destinado a explotar al prójimo.
Esta realidad la vi cuando visité Chaco recientemente. Me impresionó, entre muchas cosas al límite de la tolerancia, la barbarie y la miseria que rodea a esta gestión estatista. Ha convertido a la capital de su provincia en la ciudad más postergada socialmente de todo el país. Es el segundo conglomerado de Argentina con mayor degradación social (le sigue al conurbano bonaerense). La mitad de la población no tiene ingresos para comprar la canasta básica y subsiste gracias a programas sociales.
En esa oportunidad, vi un grupo de chicos menores de edad cazando animales con gomeras para poder comer. Basurales a cielo abierto, que son síntomas de la disminución de la dignidad de una sociedad. También, la explotación indiscriminada de los bosques de quebracho, ha convertido a la zona en una de las eco-regiones más amenazadas del planeta.
Es necesario también mencionar que el sistema democrático está constantemente en riesgo. Se han restringido en múltiples ocasiones derechos de los más elementales y hasta se ha intentado silenciar a la disidencia. El vínculo entre el Gobernador y el clan piquetero de Emerenciano Sena y Marcela Acuña, detenidos por el presunto femicidio de Cecilia Strzyzowski, terminó siendo la gota que rebalsó el vaso. Uno plagado de corrupción, violencia e impunidad llevada a cabo por uno de los peores gobiernos de la historia del Chaco.
Las últimas elecciones PASO ponen de manifiesto el agotamiento de un modelo plagado de abusos políticos e ineficiencia. Es un reclamo por el fin de la impunidad. También es reflejo del cansancio de la población frente a las malas prácticas de gestión y el atropello de un gobernador kirchnerista, incapaz de aceptar las reglas de la democracia. Un gobernador que ejerce al margen de las instituciones y que ha demolido la iniciativa privada. Ha sido casi una elección entre Caudillismo o libertad. Entre civilización o barbarie.
No tengo dudas de que la libertad va a volver a primar el 17 de septiembre en el Chaco. Merecemos una Argentina mucho mejor, y Juntos la vamos a construir.
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