
La Argentina es el único país del Mercosur cuyo Canciller no es un diplomático de Carrera. El Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil es el Embajador Mauro Vieira. El de Uruguay el Embajador Francisco Bustillo. El Presidente electo de Paraguay ha anunciado la intención de proponer como futuro Canciller al Embajador Rubén Ramírez. Es el caso también, entre otros ejemplos, de Chile, México y Perú con Cancilleres que son diplomáticos profesionales (Embajador Alberto van Klaveren y las Embajadora Alicia Bárcenas y Ana Gervasi, respectivamente). El acento pone el lente en la configuración institucional, en la cultura de las relaciones exteriores y en el carácter de garante de los intereses permanentes de los Estados. En general a mayor profesionalización, mayor grado de legitimidad diplomática.
Argentina ha mantenido la práctica de nombramientos no diplomáticos al frente de la Cancillería a pesar de contar con Embajadores, del Cuerpo Permanente Activo y Pasivo, con sobradas cualidades técnicas y alto prestigio internacional para asumir las riendas del Palacio San Martin.
En el último medio siglo solo cuatro Cancilleres argentinos fueron diplomáticos de carrera, la mayoría en períodos breves. El Embajador Alberto Vignes (1973 a 1974 en la presidencia interina de Raúl Lastiri y la Presidencia de Juan D. Perón), el Embajador Raúl Quijano (entre enero y marzo de 1976 del gobierno de Isabel Perón), la Embajadora Susana Ruiz Cerruti (de mayo a julio de 1989 al concluir el mandato del Presidente Alfonsín) y el Embajador Jorge Faurie de junio del 2017 a 2019.
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En el mismo período de 50 años, el 95% de los Cancilleres de Brasil fueron diplomáticos de carrera, incluso de Administraciones tan diferentes y opuestas en la orientación de la política exterior como la de los Presidentes Jair Bolsonaro o Lula da Silva. Este ejemplo de versatilidad, pone de relieve que para las elites políticas y empresariales de Brasil es primordial que Itamaraty sea conducido por un diplomático calificado de su servicio exterior. El Barón de Rio Branco (1845-1912), patrono de la diplomacia brasileña, ya lo recomendaba.

La clase dirigente argentina en general no tiene esa misma preferencia aún cuando la ley 20.957 define al Servicio Exterior como el instrumento de ejecución de la política exterior (articulo1). La mayoría de los gobiernos han interpretado esa norma de manera restrictiva, el saber técnico al servicio del poder político. El único Gobierno que le dio un contenido más amplio ha sido el Presidente Mauricio Macri, cuyos Cancilleres tuvieron un claro perfil técnico profesional con Susana Malcorra (con experiencia en Naciones Unidas y FAO) y, a partir del 2017, el Embajador Jorge Faurie.
En las últimas décadas los cargos principales de la Cancillería han ido recayendo paulatinamente en diplomáticos profesionales. Esa estabilidad de gerenciamiento temático, contribuye a necesidades de continuidad en particular en lo que hace a intereses vitales de la Nación. También, entre otros factores, al reconocimiento que los diplomáticos, por su especialidad, son en definitiva actores políticos que interactúan con el poder político. Desde el 2005 hasta el día de hoy, todos los Vicecancilleres han sido diplomáticos de carrera, lo que ya es un avance en el propósito de contar con la mayor fortaleza profesional para enfrentar los retos que plantea un escenario mundial en transición.
Es de esperar que a partir del 2024 el Palacio San Martin cuente con una conducción calificada de diplomáticos de carrera como instrumento de ejecución de la política exterior Nacional. En particular ante los desafíos de la próxima agenda diplomática argentina que debería estar orientada a revertir el serio declive diplomático actual y, a la vez, desarrollar una estrategia de política exterior y comercial que recupere gravitación y contribuya a restaurar credibilidad y confianza internacional.
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